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'Los hoteleros y empresarios del sector han de empezar a elegir el perfil de cliente'
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(Foto: Javier Fernández. Grupo La Siesta)

"Los hoteleros y empresarios del sector han de empezar a elegir el perfil de cliente"

domingo 21 de marzo de 2021, 06:00h

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Francisco Albertí es socio responsable de la oficina de KPMG en Baleares, tras formalizar, en junio de 2019, su incorporación a esta red global de firmas de servicios profesionales, con presencia en un total de 156 países, que abarca vertientes tan plurales como la realización de auditorías, el asesoramiento fiscal y el consejo legal. Licenciado en Derecho por la UIB y con un Máster en Auditoría de Cuentas por la Universidad Pontificia de Salamanca, Albertí forma parte del equipo de Turismo y Ocio de KPMG a nivel nacional. Su trayectoria anterior está ligada a firmas turísticas tan importantes como RIU Hotels, Meliá e Iberostar, grupos en los que ejerció la función de director de Expansión.

El pasado jueves 18 de marzo, pronunció usted, en el Palau de Congressos de Palma, la conferencia central del acto de presentación del libro ‘El turismo que viene’, editado por mallorcadiario.com. ¿Cómo será el turismo en un futuro más o menos próximo, en Baleares?

Ya antes de que irrumpiera en las vidas de todos nosotros la pandemia de la Covid 19, la actividad vacacional en las islas estaba emitiendo determinadas señales de alarma que planteaban la necesidad de asumir nuevos retos de manera urgente. Esto seguirá siendo así una vez que hayamos dejado atrás la crisis sanitaria. Básicamente, estos desafíos tienen en común el objetivo de implantar y consolidar un nuevo modelo turístico en Baleares. Estas reglas de juego destinadas a salvaguardar la productividad y la rentabilidad del principal motor económico del archipiélago se basan en cuatro grandes ejes: propiciar una rentabilidad sostenible en el tiempo del sector y del conjunto de oferta que constituye su cadena de valor; fomentar el desarrollo y la cohesión desde el punto de vista social; apostar por la preservación del entorno ambiental como patrimonio insustituible del productor turístico balear; y, finalmente, estimular la colaboración público privada para vertebrar e impulsar la transformación de la oferta vacacional en nuestra comunidad.

Vayamos, pues, por partes. En primer lugar, ¿qué acciones han de hacer posible un modelo turístico cuya rentabilidad no sea flor de un día sino un seguro de vida durante mucho tiempo?

Este objetivo va ligado a una prioridad que ha de figurar en el libro de cabecera de la industria turística: los hoteleros y empresarios del sector han de empezar a elegir el perfil de cliente que desean para sus negocios. El desarrollo de las nuevas tecnologías permite actualmente esta opción, que es clave para diseñar el modelo de futuro que perseguimos. Hay que dejar atrás la dinámica de negociación de las plazas de alojamiento que ha caracterizado las últimas décadas, según la cual los hoteleros se ponen en manos de los operadores y reciben a los clientes que éstos les envían. Con este esquema, resulta imposible decidir a qué modelo de funcionamiento de la oferta turística queremos tender, porque la decisión depende de otros. En cambio, el planteamiento que he tenido ocasión de desarrollar durante la conferencia en el Palau de Congressos parte de una premisa diametralmente distinta: que sea el propio sector el que desde aquí, desde Baleares, determine qué tipo de clientes le interesa y cuáles no, y que se ponga en contacto con ellos aprovechando las múltiples oportunidades que, en este sentido, facilita la digitalización de los sistemas de contratación y, muy especialmente, la vocación, cada vez más digital, de las nuevas generaciones de turistas. Hay que sacar partido de estos recursos, y ganar en independencia y autonomía respecto a la demanda que nos interesa asumir como destino vacacional para, en efecto, asegurar la rentabilidad del negocio a largo plazo.

"Ya antes de que irrumpiera en nuestras vidas la pandemia de la Covid 19, la actividad vacacional en las islas estaba emitiendo determinadas señales de alarma"

En este modelo que usted plantea, ¿no tendría cabida el turismo de excesos?

Por supuesto que no. Y por una razón muy sencilla: porque a Baleares, que aspira a seguir ejerciendo el liderazgo indiscutible entre los destinos turísticos del Mediterráneo, no le conviene. No nos interesa. Este tipo de turismo aporta básicamente mala imagen y dilapida el prestigio de las islas en los mercados emisores. Los visitantes que deben venir a Baleares son aquellos que llegan a las islas con unas expectativas muy diferentes. Y es que, de hecho, el perfil del comprador de viajes ha cambiado sustancialmente durante los últimos quince años. Estamos ante el surgimiento de una demanda que, por supuesto, sigue sintiéndose atraída por las ventajas de Baleares como destino de sol y playa, pero que, además, tiene otras muchas inquietudes. Son clientes que se enmarcan perfectamente en el denominado turismo de experiencias, es decir, aquel que decide visitar un determinado lugar para conocerlo a fondo, para profundizar en sus contextos culturales y sociales, para disfrutar del producto local y de la gastronomía autóctona, y que, además, se halla especialmente sensibilizado con los temas relacionados con la sostenibilidad y la preservación del medio ambiente.

¿Un turismo más ecológico, en definitiva?

Digamos que un turismo al que le preocupa que los niveles de reutilización sean los correctos, que el consumo de territorio no atente contra la supervivencia del patrimonio natural, que la presión que se ejerce sobre el grupo humano receptor no genere problemas de convivencia. Ese es el turismo que nos interesa, y el que debemos elegir, porque de esta elección dependerá en gran medida la posibilidad de dotar al principal motor económico de Baleares de un modelo sostenible y rentable, y, como decía, perdurable en el tiempo.

"Hay que sacar partido a los nuevos recursos, y ganar en independencia y autonomía respecto a la demanda que nos interesa asumir como destino vacacional"

Dentro de esta exposición, ¿qué papel juegan dos conceptos ampliamente citados cada vez que se habla del futuro turístico en Baleares pero que, por unas razones o por otras, no acaban de consolidarse: la diversificación y la desestacionalización?

Su aportación es crucial. En efecto, hay que diversificar y también hay que desestacionalizar, para impedir que la rentabilidad del negocio turístico se ciña a unos meses del año en concreto. Y esta meta va ligada a una palabra muy concreta: inversión. Me explicaré: si conseguimos que las islas refuercen una oferta vacacional basada en los valores que antes explicaba y en su capacidad de lograr autonomía en la captación de los clientes que mejor se ajustan al modelo que representa, cobrará forma un elemento crucial a la hora de tender hacia nuevas perspectivas socioeconómicas. Estoy refiriéndome a las inversiones. Baleares ha de asentar un modelo de negocio turístico que atraiga la atención de los inversores para, precisamente, diversificar su tejido productivo. Y, de nuevo, vuelvo a apelar a las nuevas tecnologías como aliadas indispensables para la consecución de este objetivo. Hoy en día, con el sistema de teletrabajo cada vez más presente en las relaciones laborales, la movilidad es un valor que gana enteros a marchas forzadas. Ya no es imprescindible residir en la ciudad o el país donde se trabaja. Las personas podrán vivir en el sitio que se ajuste más a sus preferencias y llevar a cabo su tarea profesional desde casa, conectados con empresas de Alemania, Japón, Reino Unido o del lugar que sea.

Y qué mejor sitio para fijar la residencia que Baleares…

Así es, porque compartimos un territorio con un clima envidiable, un invierno no excesivamente duro, unas playas magníficas, un entorno medioambiental inigualable, y una calidad de vida de estándar plenamente europeo. Esa es una opción muy clara desde el punto de vista de la diversificación, y también de la desestacionalización, como lo es el turismo de congresos, o el sanitario o de recuperación, o cualquier otra actividad que haga posible restar presión poblacional a los meses de verano y repartir la demanda en el transcurso de todo el año, aunque la época estival siga siendo la más recurrente en cuanto a la concentración de visitantes. El resultado de todo este proceso es que la oferta de plazas de trabajo sería más sostenida en el tiempo, los comercios y tiendas ganarían en rentabilidad, y, además, y este punto resulta especialmente importante, muchos ciudadanos que hoy en día tienen una visión negativa del turismo cambiarían su opinión sobre la actividad vacacional. Nuestros visitantes ya no serían personas que entre junio y septiembre convierten las calles de Palma o de otros municipios de las islas en un hormiguero, y empezarían a ser percibidos como una presencia positiva, no como una especie de invasores del espacio que consideramos propio.

"La ansiada desestacionalización va ligada a una palabra muy concreta: inversión"

Está usted haciendo referencia, en definitiva, a la turismofobia. ¿Cree que esta actitud está destinada a atenuarse después de que hayamos podido comprobar hasta qué punto la actividad turística es esencial para la supervivencia de las empresas y los puestos de trabajo en Baleares’

Sí, creo que asistiremos a un cambio de actitud respecto al turismo, al menos en buena parte de la población autóctona. Pero para asentar esta nueva manera de ver las cosas es imprescindible que también el sector aporte su parte y decida caminar con firmeza hacia el modelo de desestacionalización, sostenibilidad y diversificación que le comentaba. Y para conseguirlo hay otro factor que resulta igualmente crucial: la conectividad. En el caso de Baleares, hay que introducir considerables mejoras en este aspecto, y no solo desde la perspectiva de la conectividad aérea, sino también en el ámbito del transporte interior.

¿En qué sentido?

Esa nueva generación de turistas a la que antes he hecho alusión no pretende, como tal vez ocurría antes, viajar a un sitio y quedarse en el mismo lugar durante todas sus vacaciones. Tal vez haya contratado su alojamiento en Platja de Palma, por poner un ejemplo, pero, durante los días en que permanezca en la isla, desea también hacer excursiones a la Serra de Tramuntana o visitar los pueblos de interior. Y para eso es necesario que cuente con medios modernos y eficientes de desplazamientos. En cualquier caso, el gran caballo de batalla es la conectividad de Baleares con los destinos emisores. ¿Cuál es el problema? De nuevo, la estacionalidad. En verano, llegan miles y miles de aviones a las islas cargados de turistas. Estoy hablando, lógicamente, de la época anterior a la pandemia, porque ahora el panorama es exactamente el contrario. Pero, al margen de la pandemia, las conexiones aéreas se concentran abrumadoramente en los meses estivales. Luego llega la temporada baja, ¿y qué ocurre? Pues que las compañías charter y low cost reducen drásticamente su oferta de vuelos a Baleares y las aerolíneas regulares disponen de una oferta claramente insuficiente que dilapida las posibilidades de las islas para atraer visitantes en otoño e invierno.

"En el caso de Baleares, hay que introducir considerables mejoras en materia de conectividad"

Estamos hablando de futuro, pero para muchos trabajadores y empresarios de las islas la cuestión crucial es qué ocurrirá en los próximos meses y hasta qué punto se podrá recuperar el pulso normal de la actividad turística. Personalmente, ¿se siente optimista al respecto?

Sí, me siento optimista. Se lo digo así de claro. ¿Por qué? Pues por dos razones muy concretas. La primera es que la gente tiene muchas ganas de viajar. Llevamos un año en una situación de impasse y la ansiedad por salir de casa, por conocer nuevas tierras, nuevos ambientes, es casi irresistible. En las sociedades modernas, el turismo ya no es una actividad solo para economías muy pudientes, como lo era antes. Todos, cada uno según nuestras posibilidades, ansiamos comprar un billete de avión o de barco y emprender rumbo a otras latitudes. Por tanto, la demanda vacacional no ha desaparecido, ni va a desaparecer. Forma parte del ADN de nuestra era. Y una segunda razón: dado que los ciudadanos, como hemos dicho, quieren viajar, ¿qué mejor sitio para ir que Mallorca o el resto del archipiélago? Este prestigio, esta imagen, esta vitola que Baleares se ha ganado en el mundo como destino capaz de atraer a millones de visitantes cada año, permanece inalterable y volverá a ponerse de manifiesto una vez que la situación sanitaria se subsane. Estoy convencido de ello.

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