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Estudiar, ¿para qué?

miércoles 16 de abril de 2014, 09:00h
Faltan dos meses para que termine el curso. Miles de universitarios se están planteando dejar sus estudios. Unos porque sus padres ya no pueden pagarlos. Otros porque no le han pagado las becas y no tienen ni para el cafetito de media tarde. La mayoría quiere salir de las aulas e intentar encontrar un trabajo, por precario que sea, que les permita ganar unos pocos euros, para ir tirando. Mis alumnos me preguntan en clase: para qué tanto esfuerzo, si no hay trabajo. Lo dejo y cuando pueda volveré a estudiar, afirman desengañados y apáticos. Esa es la sensación que tienen la mayoría de nuestros estudiantes. Se les ha terminado la ilusión al no encontrar salidas profesionales en el actual mercado laboral. Tampoco es solución irse al extranjero para encontrar un “mini job”, que no les basta para cubrir los gatos más esenciales. En macroeconomía se asegura que, con el aumento del consumo, es decir de la demanda, se aumenta la producción, es decir la oferta agregada y provoca un aumento de la contratación laboral y los salarios. Si desde Keynes, todos los teóricos coinciden en la misma afirmación, por qué los políticos se empeñan en no aplicar la más sencilla de las soluciones: crear empleo estable y de calidad. Claro que para ello hay que cambiar la política monetaria, la fiscal y la laboral. Y si bajan los ingresos en el Estado, no se podrá pagar el entramado político. Para empezar sus sueldos y prebendas. No me extraña que, ahora, nos enteremos que algunos políticos, de derechas y de izquierdas, se han metido en sus bolsillos lo que no está contabilizado. Ellos a chupar y los demás, a joderse tocan. Bárcenas o Griñán, tanto montan, roban tanto. Mucho presupuesto para pagar a ladrones, y poco dinero para ayudar a los que más lo necesitan.

Y en medio de esta tragedia, llega la primavera. Mientras aumentan en toda Europa los seguidores de la extrema derecha, con el peligro que eso supone, los demócratas no podemos más que unir nuestras voces para exigir una política urgente que tenga como principal destinatario a los más desfavorecidos. Sobre todo, la juventud. En caso contario, solo nos quedará cantar la canción romántica, esa que anuncia la llegada de la revolución de primavera.
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