Yo no se ustedes, pero un servidor tiene la mala costumbre de relacionar los rostros de las personas conocidas popularmente –sean políticos, cantantes, actores, etc- con lo que creo entender que deberían ser sus auténticas profesiones u oficios.
Así, de este modo, cada vez que le veo la faz a Rubalcaba, pienso que, en realidad trabaja como aparejador o bien como jefe de mantenimiento en un complejo hotelero.
Rafel Nadal sería el perfecto y simpático repartidor de una tienda de ultramarinos, así ligón y tal. Cuando sueño, siempre, veo a Aznar ejerciendo de domador de focas en un circo. Y a Serrat, como lo que fue su verdadera profesión: “sexador” de pollos.
Al piloto de Fórmula I, Fernando Alonso, me lo imagino de vendedor ambulante en un puesto de ropa íntima para damas y caballeros. A María Dolores de Cospedal le sentaría la mar de bien la presentación televisiva de cualquier zapatilla cómoda en la teletienda madrugadora.
No puedo dejar de pensar en el presidente Bauzá convertido en recepcionista del Meliá Sol. Tampoco me resultaría nada extraño chocarme con Imanol Arias en Son Banya.
Soraya Sáenz de Santamaría debería trabajar como dependienta en una zapatería de lujo. Una maestra de primaria que ni pintada podría ser la Reina Sofía. El astuto Antoni Pastor haría a la perfección el rol de representante para las Islas Baleares de Pinturas Bruguer. Rajoy, notario, sin lugar a dudas.
El futbolista Iniesta estaría capacitado para ser el dueño de una frutería en las Islas Canarias. A la alcaldesa de Valencia no la veo de otra manera que con un carro de la compra en el mercado municipal de Benimámet. Raphael, el cantante original, ejercería de pasante en un despacho de abogados. Y el sagaz Zapatero –descubridor de la fiesta sorpresa que representó la crisis económica y financiera- no podría hacer otra cosa mejor en la vida, que convertirse (mediante braguetazo) en Emir de Arabia Saudita.
En fin, no acabaríamos nunca. No se tomen este ejercicio mental a broma, por favor; se lo suplico. Es tan cierto como que Obama tiene la piel levemente oscurecida, que siempre que veo a estos personajes en las ondas mediáticas, no dejo de pensar en sus respectivos “trabajos”, abandonados injustamente para dedicarse a otras labores más rentables.
Obama: camarero en un motel de San Antonio (Texas).





