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Fina Santiago y la cementera de Lloseta

miércoles 29 de enero de 2020, 14:53h

Atónitos tras ver y escuchar a la consellera de Asuntos Sociales, Fina Santiago, debemos concluir que la cementera de Lloseta jamás logró producir hormigón armado de la calidad y dureza del que ella exhibió el martes en el Parlament. Ahora se comprende que Cemex echara el cierre a su fábrica mallorquina, porque no podía competir con la veteranísima política de Més. Su capacidad de supervivencia política es algo que debería estudiarse en las universidades pues pocas personas consiguen tal longevidad en la cosa pública. Estamos ante una superviviente nata, que logra salir indemne de auténticas explosiones nucleares. Donde cualquiera perecería, ella surge de entre los escombros sonriente, sacudiéndose el polvo y sin un rasguño. Solo le falta hacer la peineta con el corazón. El dedo, quiero decir.

Pero seamos razonables. Santiago ha hecho lo que suelen hacer la mayoría de profesionales del tercer sector: derivar los casos a otros servicios y departamentos. La responsabilidad del escándalo de explotación sexual a menores tutelados que azota nuestra comunidad autónoma, es de todo el mundo menos de ella: la Fiscalía, las Fuerzas de Seguridad, el Estado e incluso los medios de comunicación. No habrá dimisiones ni asunción de responsabilidad por parte de nadie, ya lo advirtió la consellera portavoz Pilar Costa. La consigna es capear el temporal y esperar a que amaine la tormenta. La estrategia no es mala porque con el vergonzoso asunto de los pluses a los altos cargos venidos de fuera, ha dado muy buen resultado. No solo nadie ha renunciado a un solo céntimo ni se han establecido controles adicionales a los gastos que deben soportar los pobrecitos políticos colocados 'ad hoc', sino que ya nadie se acuerda de la lamentable y depauperada vida que se ven obligados a llevar para gestionar los asuntos que ningún ciudadano de aquí podría asumir.

El Govern balear y también el del Consell de Mallorca, que integran en ambos casos PSOE, Podem y Més, acreditan una capacidad de resistencia claramente metafísica. Pero no es nada comparado con la que deben tener los ciudadanos. Resistencia y paciencia.


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