Es mediodía y en la cafetería del Club Náutico de s’Arenal la luz se cuela por los grandes ventanales. En una esquina, sentado en una butaca, se encuentra Gabriel Dolç, presidente de Fanmed. La claridad golpea su rostro y sus gafas oscuras se aclaran cuando se inclina para dar la bienvenida a mallorcadiario.com.
Navegante habitual, conoce el mar de cerca y lo defiende desde esta plataforma que da voz a las asociaciones más representativas de la economía azul en materia medioambiental. Defensor de la protección de la posidonia, pero también de la navegación recreativa. “El marino es el primero que se preocupa por el estado del mar. Se ha demonizado a un sector buscando un blanco fácil en el problema de las praderas. Hay factores mucho más peligrosos”, explica sin ambages.
Tras un nuevo aniversario de Fanmed y con la publicación —el pasado 11 de marzo— del Real Decreto que establece un marco estatal para la protección de la Posidonia oceanica y la Cymodocea nodosa en el Mediterráneo, el sector de la náutica privada ha vuelto a agitarse. A su juicio, el archipiélago necesita un enfoque propio. “Alejado de normas pensadas para otros territorios”, señala Dolç.
"El daño del fondeo es ínfimo si lo comparamos con los vertidos de aguas no depuradas"
Fanmed ha estudiado y presentado diferentes informes sobre los elementos que afectan a las praderas de posidonia. Su objetivo es desmontar mitos y defender el papel de una náutica local que se siente cada vez más señalada. “No se debe fondear nunca sobre posidonia, pero el daño del fondeo es ínfimo si lo comparamos con los vertidos de aguas no depuradas”, señala. Ahora, Dolç se sienta a reflexionar sobre el presente y el futuro de la náutica y la posidonia.

Se ha aprobado una nueva normativa estatal sobre posidonia. ¿Tiene impacto real en Baleares?
En Baleares prácticamente no ha cambiado nada. Aquí ya tenemos una normativa autonómica desde hace años que regula el fondeo y la protección de la posidonia de forma bastante más concreta. La ley estatal ha servido más como marco general para otras comunidades.
Entonces, ¿era necesaria esa ley?
Puede tener sentido como referencia para territorios que no tenían regulación, pero aquí ya hemos trabajado ese camino. De hecho, parte de esa normativa se ha inspirado en la experiencia balear.
"Si los vertidos de aguas no depuradas se vieran como una chimenea en tierra, hace tiempo que se habrían solucionado"
El sector náutico ha criticado en ocasiones el enfoque sobre la posidonia. ¿Por qué?
Porque se ha trasladado la idea de que el problema era casi exclusivamente de los barcos. Y no es así. El fondeo puede hacer daño si se hace mal, eso es evidente, pero hay otros factores muy relevantes, como los emisarios o la calidad del agua.

¿Se habla poco de los vertidos?
Sí. Es un problema menos visible y durante muchos años se ha dejado de lado. Si esos vertidos se vieran como una chimenea en tierra, hace tiempo que se habrían solucionado. Ahora se ha empezado a avanzar, pero queda mucho trabajo.
¿El daño del fondeo es significativo?
Es más visible que cuantitativo. Se produce en zonas muy concretas, cerca de la costa, donde todo se percibe más. Pero en términos globales el impacto es reducido si lo comparamos con otros factores.
"El aumento de las temperaturas daña al desarrollo de las praderas de posidonia"
¿Qué papel ha tenido FANMED en este debate?
Desde el inicio hemos trabajado en dos líneas. Por un lado, hemos impulsado iniciativas como la declaración 0 vertidos. Y por otro, hemos hecho autocrítica dentro del sector, con campañas de buenas prácticas para mejorar la navegación y la convivencia en la costa.

Se habla de limitar el fondeo. ¿Es el camino?
El fondeo sobre arena tiene que ser libre. A partir de ahí, limitar en zonas de posidonia tiene sentido si se acompaña de alternativas, como campos de boyas bien gestionados. El problema muchas veces no es la medida, sino cómo se aplica.
¿Cómo afecta el cambio climático a la posidonia?
Es uno de los factores más preocupantes. El aumento de la temperatura del mar la afecta directamente y es algo muy difícil de revertir. Ahí el margen de actuación es limitado.
Hay quien ve la posidonia como un problema en las playas. ¿Qué se les diría?
Que es todo lo contrario. Es clave para mantener la calidad del agua, proteger la costa y absorber dióxido de carbono. Sin posidonia, el litoral cambiaría completamente y no para bien.
"El alquiler de embarcaciones añade más presión a una costa ya saturada"
¿Le preocupa la normativa estatal en materia náutica?
Sí, porque muchas normas se hacen pensando en la mayoría del litoral español, que no tiene nada que ver con Baleares. Aquí la presión es mucho mayor y algunas decisiones, lejos de ayudar, pueden agravar el problema.
¿El alquiler de embarcaciones es uno de esos casos?
Es un ejemplo claro. Puede funcionar en otros sitios, pero aquí añade más presión sobre una costa que ya está muy saturada. Hay que tener en cuenta el contexto.
¿Existe riesgo de que Baleares pierda el control de su modelo náutico?
Ese riesgo está ahí. Por eso hemos defendido la necesidad de un plan estratégico. Hay que decidir qué modelo queremos y hasta dónde queremos llegar antes de que sea demasiado tarde.






