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Ganas de que muera Franco

Por Álvaro Delgado
lunes 27 de junio de 2022, 04:00h

Francisco Franco Bahamonde nació en Ferrol el 4 de diciembre de 1892. A finales de 2022 cumpliría 130 años. Y muchos pensábamos que falleció en Madrid el 20 de noviembre de 1975, siendo Jefe del Estado español, cuando se acercaba a cumplir 83. Incluso todos recordarán un simulacro de traslado en helicóptero de sus restos mortales desde el Valle de los Caídos al cementerio de El Pardo, organizado por Pedro Sánchez y Félix Bolaños -y retransmitido por todos los medios de comunicación- el 24 de octubre de 2019.

Pero ahora nos estamos dando cuenta de que todo eso era fake. Porque Franco no ha muerto. Superando todos los récords mundiales de la mayor longevidad humana, Franco sigue entre nosotros. Ello resulta evidente viendo la tabarra que nos siguen dando con referencias a su figura, como si fuera un actor más de la vida política española, un montón de políticos actuales.

En estas últimas semanas, el dictador ha aparecido de forma estelar al menos dos veces. La primera, en plena campaña electoral para los comicios autonómicos de Andalucía, cuando la indescriptible Yolanda Díaz, a falta de mejores argumentos, acabó pidiendo el voto para su candidatura a “todos los represaliados franquistas”. Con independencia de que su sintaxis sea tan voluble como los bucles de su pelo, ya que si los represaliados son franquistas difícilmente la votarían (seguramente quería decir “antifranquistas”), hay que ver la pereza que da una mujer que pide el voto en 2022 remontándose a un régimen político que acabó hace 47 años. Pocas propuestas atractivas debía poder ofrecer, a la vez que pocos votantes andaluces actuales vivieron con plena consciencia aquella época, por lo que a la inmensa mayoría de los ciudadanos su petición les importó un pito, con el batacazo electoral ya conocido. Aunque la supervivencia política de comunistas como Díaz necesita imperiosamente que un “coco” como el Caudillo siga vivo. Igual que los nacionalistas identitarios, precisan jugar siempre a la contra de un visible enemigo oficial.

Otra correligionaria de Yolanda, la ex Vicepresidenta valenciana Mónica Oltra, que ha sido imputada por tratar de ocultar los abusos sexuales de su marido a una menor de 14 años que era tutelada por su propia Conselleria, ha atribuido su imputación a una “conspiración de la extrema derecha”, añadiendo que no pensaba dimitir porque “tiene que defender la democracia frente al fascismo”. Conspiración que seguro estaba siendo coordinada por su líder natural, el inmortal personaje mítico Francisco Franco Bahamonde, omnipresente -a sus 130 años- en todos los frentes políticos. Al final, Franco y “los poderosos” consiguieron su dimisión.

Había que añadir a este asunto dos agravantes cualificadas: Oltra llegó a la política exigiendo dimisiones a todos los rivales imputados (Camps, Barberá); y el testimonio judicial de la menor abusada resultó aterrador. Luis Ramírez Icardi, entonces marido de Oltra y educador del centro donde estaba acogida, la visitaba de noche en su cama para pedirle masajes y masturbarse con la mano de la chica. Ella, apercibiéndose de que su visitante habitual era alguien importante, tuvo miedo de denunciarlo. Lo contó a una trabajadora del centro, pero el asunto fue ocultado por la Conselleria. Cuando -tiempo después- la Fiscalía de Menores abrió diligencias, la llevaron esposada ante la Juez, y ella y su novio fueron expulsados de sus trabajos. Un resumen ejemplar de cómo actúan las lideresas del feminismo militante cuando el abusador es alguien de los suyos. Afortunadamente, todo era culpa de Franco. Aunque a ver si consigue convencer de ello al Tribunal.

Muchos estamos hartos de gente que nos toma por idiotas, como se ha demostrado en Andalucía. De tener que soportar a diario a políticos tan faltos de capacidad que en una campaña electoral o en una investigación judicial del verano de 2022 tienen que agarrarse por los pelos a las culpas de un señor calvo fallecido en 1975. Con la que nos está cayendo encima con la inflación disparada, la subida de nuestras hipotecas, la guerra en el Este de Europa y los recurrentes coletazos del Covid.

Los españoles de bien, esos que nos levantamos cada mañana para irnos a currar sin conocer qué nueva gilipollez nos van a dedicar los inútiles que hemos puesto en el poder, necesitamos con urgencia que muera Franco. Porque ese fantasma inmortal, ese personaje a la vez mítico, ubicuo y aterrador, sigue tan presente en nuestra vida pública que nos impide que se desarrolle con normalidad democrática.

Señores políticos: ocúpense por favor de resolver nuestros problemas, si es que saben hacer algo con ellos, y dejen de una vez a Franco en paz. No nos causen más vergüenza, ni tensiones innecesarias, ni inútiles enfrentamientos. Dejen de utilizar la momia de un muerto para polarizar a la gente, como eximente de sus delitos o como excusa de su incompetencia.

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