Hay películas que desde la primera vez que las ves intuyes que muy posiblemente te acompañarán luego durante mucho, mucho tiempo, a veces incluso durante el resto de tu vida.
En ocasiones pueden ser obras maestras y en otras no, pero lo verdaderamente importante es la huella imborrable que consiguen dejar dentro de ti.
Haciendo ahora un breve recorrido personal desde, por ejemplo, los años sesenta hasta hoy, ahí estarían en mi caso películas como Plácido, 2001: una odisea del espacio, El Padrino, Tess, La mujer de al lado, El Sur, Enamorarse, Platoon, Uno de los nuestros, Tierras de penumbra, Lo que queda del día, Atrapado por su pasado, Deseando amar u Once.
Uno de los dos protagonistas de esta última cinta era el gran cantautor irlandés Glen Hansard, quien falleció el pasado miércoles de manera inesperada a causa de un accidente de moto en las cercanías de Dublín. Tenía sólo 56 años de edad.
Cuando leí esa tristísima noticia, me puse a llorar, sin poder dejar de hacerlo durante bastante tiempo. Era como si hubiera muerto un familiar cercano o un amigo muy querido.
La película que le había dado a conocer de manera exitosa en todo el mundo había sido justamente Once, filmada en 2006 y estrenada un año después, bajo la dirección de John Carney. Era una obra a medio camino entre la ficción y la no ficción, que mostraba de manera guionizada el encuentro en Dublín entre el popular músico callejero Glen Hansard y la compositora checa Markéta Irglová, una joven inmigrante que en el filme tenía una hija y que se ganaba la vida vendiendo flores en la calle —en concreto rosas rojas—, y que nunca cantaba sus creaciones en público.
En dicho filme se contaba también de manera dramatizada que entre ambos empezó a surgir en apenas unas semanas una bella y sólida amistad, que en un determinado momento acabó derivando en una preciosa historia de amor, nacida en parte de su mutua pasión por la música y en parte de su compartida sensación de soledad y desamparo.
La ficción y la no ficción confluyeron definitivamente cuando Glen y Markéta se enamoraron de verdad durante el rodaje y empezaron a ser formalmente pareja desde entonces.
Si Once fascinó a millones de personas desde el instante mismo de su estreno no fue sólo por la tierna historia que narraba o por sus dos protagonistas, sino también por una secuencia realmente mágica y especial, aquella en la que ambos entraban en una tienda de música y empezaban a interpretar de manera improvisada la bellísima canción Falling slowly, él ayudado de su vieja guitarra y ella sentada al piano.
El título de Falling slowly podría ser traducido al castellano como Cayendo lentamente o como Enamorándose poco a poco, dos traducciones que en cierto modo serían complementarias, porque el enamoramiento suele ser casi siempre una caída más o menos lenta e irremediable, normalmente hacia un estadio nuevo, hecho a veces de días grises y nublados, y otros de días luminosos y llenos de sol.
La absoluta grandeza de esa balada romántica y profundamente melancólica sería reconocida por la Academia de Hollywood, que en la ceremonia de 2008 le concedió a Falling slowly el Oscar a la mejor canción original, un galardón que Glen y Markéta pudieron recoger además personalmente.
Los caminos personales de ambos se separarían en 2009, tras tres años de relación, si bien continuaron manteniendo una gran amistad a lo largo de los años y actuando juntos cada cierto tiempo a través de su proyecto musical conjunto, el dúo de folk rock The Swell Season, que habían creado poco después de conocerse y que seguía en activo.
Sus respectivas carreras musicales por separado estuvieron también plagadas de reconocimientos y de éxitos, que en el caso de Glen se evidenciaron cantando en diversas ocasiones con artistas de la talla de Bono o de Bruce Springsteen. Aun así, Glen siguió siempre con sus actuaciones callejeras o en pequeños pubs, y, paralelamente, apoyando todo tipo de iniciativas sociales en favor de los más desfavorecidos.
Desde que el pasado miércoles trascendió la noticia de su muerte, los medios irlandeses y también los de otros países como el nuestro se volcaron en informar sobre ese suceso, además de recordar, con sumo cariño, cómo había sido Glen como músico y como persona a lo largo de su vida. Esas informaciones fueron complementadas por miles de mensajes de afecto y de dolor aparecidos en las redes sociales.
Personalmente, yo siempre le recordaré sobre todo en aquella tienda de música de Dublín cantando Falling slowly con Markéta Irglová y perdiéndose luego ambos por las calles de la capital irlandesa al atardecer.
Todos los amantes de Once nos sentimos hoy un poco más solos, al igual que los valedores de las personas buenas, porque desde el pasado miércoles hay entre nosotros un ángel menos sobre la Tierra.




