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"Cuando viajaba por el mundo con Juan Carlos y Sofía me sentía orgulloso, tenían un cuerpo a cuerpo imbatible"

Por Cristina Suárez
domingo 24 de julio de 2022, 06:00h
Lo suyo con Mallorca fue amor a primera vista hace ya algunas décadas, cuando prestaba servicio en la seguridad de la Casa Real, y ya entonces decidió que aquello no sería un amor de verano y que acabaría su carrera aquí. Y así ha sido. El comisario principal Gonzalo Espino ha estado al frente de la Policía Nacional en las islas durante los tres últimos años y medio y ahora, ya jubilado, hace balance de esta intensa etapa marcada por la pandemia, la explosión del fenómeno de las pateras o el escándalo de las menores tuteladas. "He sido un tipo muy feliz", cuenta en una entrevista con mallorcadiario.com.

Pero empecemos por el principio: ¿Por qué se hizo policía?

Estaba terminando cuarto de Derecho y quería preparar oposiciones para registrador de la propiedad o notario, pero mi padre era comisario y me sugirió que me presentase al Cuerpo Superior de Policía, que entonces se denominabla "Policía secreta" y era un cuerpo civil. No teníamos uniforme y llevábamos investigacion. Me presente a aquellas oposiciones, aprobé y me destinaron a Barcelona. Y la verdad es que fue un enamoramiento total, es de las mejores decisiones de mi vida.

¿Jamás se ha arrepentido?

Nunca. Al revés, siempre he pensado qué suerte la mía de haber sido un pobre policía en vez de un registrador de la propiedad (ríe).

Pobre policía pero ha ido escalando hasta lo más alto…

Sí, y me lo he pasado muy bien. Ha habido luces y sobras, como todo en la vida -la etapa del País Vasco fue dura, mataron a compañeros y amigos-, pero al final, cuando hago balance del tiempo pasado, llego a la conclusión de que he sido un tío muy feliz. Lamento un poco haberle quitado tiempo a mis hijas, pero creo que me lo han sabido perdonar.

Está enamorado de Mallorca.

Absolutamente, un flechazo a primera vista. Era el año 82 y estaba en los grupos de información antiterrorista que reforzaban la seguridad del Rey durante un mes en verano. A mí me tocó el puerto, en donde tenía que controlar dos barcos al día -uno por la mañana a horas intempestivas y otro por la noche- así que disponía del resto del día para recorrerme la isla. Me encantó y me dije que aquí tenía que terminar mis días.

Y terminó (y seguirá). Pero ha cambiado mucho aquella Mallorca de la actual…

No tiene absolutamente nada que ver, pero bueno, también he cambiado yo. Nos hemos ido adaptando mutuamente, Mallorca a mi edad y yo a ella.

Es usted un relaciones públicas como pocos, ha hecho amigos en todos los estamentos, instituciones y grupos. Solo hay que ver su despedida oficial hace algunas semanas...

Tampoco quiero identificar amigos porque si no nombro a alguno igual se enfada (ríe). Pero sí, he tenido mucha suerte. Elicio (Ámez, ex Jefe Superior) y Ramon Morey (de Delegación de Gobierno) me ayudaron mucho en el aterrizaje e introducción a la sociedad mallorquina. Espero seguir manteniendo contacto con todos, a pesar de estar jubilado.

Hábleme de la Policía Nacional, de la parte operativa. ¿Qué imagen tenía del destino y qué se encontró al llegar?

Cuando venía con la Casa Real mi función era realizar muchos informes vecinales, investigaciones de ese ámbito, pero no conocía la delincuencia como tal. Sí recuerdo, al principio, una Palma degradada en ciertos sitios que hoy en día son de primer nivel, como la calle Sant Magí o la Calatrava. También era una Palma en la que, en el centro de noche, no había vida, y en cambio ahora siempre hay marcha. Ha mejorado la restauración, la ciudad está más limpia... En fin, que es una ciudad totalmente distinta pero he de decir que la delincuencia no es especialmente alta. Ni en Palma ni en el resto del archipiélago. La estadística dice que estamos entre las ciudades con mayores tasas de delincuencia pero no es verdad, está hecha con un censo desfasado y no tiene en cuenta la población flotante, así que mi análisis es que es una comunidad relativamente tranquila en la que no abundan los delitos especialmente violentos.

Baleares es segura.

Es súper segura. He vivido en Roma, Madrid, Barcelona o Bilbao y puedo afirmar que Palma es de las más seguras. Es verdad que en verano todo sube, hay mas turistas y eso atrae a la delincuencia pero no hablamos de delitos graves. Violencia y agresiones suben, sí, pero un poquito, no es nada peligroso. Aquí se vive muy bien.

Y coexisten la delicuencia de ricos (por ejemplo, en Ibiza) con la delincuencia de pobres, en barrios degradados de Palma.

Depende de con qué lo compares. Es cierto que existen barrios que podrían considerarse marginales y para algunos peligrosos, pero yo me he paseado por ahí y no he tenido problemas. No nos han atracado, no nos han intimidado. En Son Gotleu verás otro tipo de población pero no creo que sea un sitio especialmente peligroso.

Como Jefe Superior, ¿qué delitos le preocupaban más?

La violencia de género. Las cifras son muy altas y siguen aumentando. Hasta hace poco eran 900 las mujeres que teníamos protegidas solo en Palma. Hay que recordar que cuando yo llegué aquí me encontré el asesinato de Sacramento Roca, un hecho horrible que nos obligó a reformar toda la UFAM, meter más gente y cambiar procedimientos.

Y luego llegaron la pandemia y las oleadas de pateras.

Sí, y tuvimos que reinventarnos como Policía porque tuvimos que hacer cosas desconocidas hasta entonces como retener a la gente en sus casas para que no se contagiasen o gestionar la llegada de pateras en tiempos de pandemia, algo muy difícil por las cuarentenas que debíamos procurar a los migrantes. Eso sin infraestructuras era complicadísimo, y lo hicimos. Igual que controlar los botellones, algo que siempre había sido competencia municipal, pero que teníamos que asumir por la pandemia. En fin, hemos ido cambiando de preocupaciones según nos venían dadas.

El turismo de masas -en su caso, en Playa de Palma- es otro gran reto.

Sí, porque los hoteleros y los vecinos protestan por los desfases y la delincuencia pero es difícil de corregir, se lleva ofertando desde hace mucho tiempo. Hay que cambiar el modelo pero no se puede atajar sólo desde el flanco policial.

¿Faltan policías en Baleares?

Faltan policías y falta personal de la administración general del Estado. No hará falta que repita los motivos: la carestía de la vida, el hecho insular que penaliza, mover a toda la familia aquí... Cuando vienen los agentes en prácticas están encantados pero, a la hora de pedir destino, es muy complicado. Es difícil sobrevivir con el sueldo de un policía en Baleares. Los alquileres son prohibitivos.

¿Y Madrid entiende esto? Porque parece que no (o lo que es peor, lo entiende pero no hace nada).

Yo creo que lo entiende perfectamente porque los tres delegados que he tenido –Rosario Sánchez, Ramon Morey y especialmente Aina Calvo- no han parado de repetírselo. Al ministro del Interior le insisten e intentamos encontrar soluciones, pero todo lo que supone dinero es difícil. En cualquier caso, mas pronto que tarde tendrán que encontrar un suplemento de insularidad o una solución como la de la construcción de viviendas en Ibiza.

Una de las unidades policiales que más atención ha acaparado en estos años ha sido la UFAM, por todo lo de las menores tuteladas.

Lo digo aquí y lo he dicho siempre: no había una red de prostitución con un proxeneta controlando todo, eran casos aislados. Las menores buscaban clientes y nosotros, como Policía, hemos trabajado para reintegrarlas en sus centros y perseguir a los clientes.

Además, me gustaría resaltar que la relación con el IMAS es excelente. La mayor parte de los casos han surgido tras una denunciad suya. En cualquier caso, es un tema complicado porque hablamos de menores que no están en régimen cerrado y lo que no puedes hacer es poner un monitor o un policía detrás de cada chica. Todo esto saltó por un artículo de prensa aunque ya se venían haciendo cosas de antes, y lo más importante es que todos los casos se han ido resolviendo.

¿Cómo han sido las relaciones con Guardia Civil o la Policía Local?

Mi suerte con la Guardia Civil es que conocía al Coronel antes de venir aquí, así que la relación ha sido totalmente familiar –con nuestras broncas y nuestros arreglos- pero llevándonos bien y colaborando mucho. Y luego, la relación con la Policía Local de Palma ha sido una maravilla. Ellos venían de pasarlo muy mal por el conocido como Caso Cursach, estaban muy desanimados, y nuestros equipos de colaboración en estupefacientes y turismo seguro nos han beneficiado a ambas partes. Sumando nuestros 800-900 agentes a sus 800-900 policías, hemos multiplicado resultados.

¿Y con Fiscalía y la judicatura?

Cuando aterricé estaba el Caso Cursach en marcha -con todo lo que ello supuso, incluida una intervención de los teléfonos a dos periodistas- y las relaciones con los jueces estaban ahí... Como, "a ver qué pasa". Pero ahora son muy buenas, hemos canalizado todas las diferencias y la decana, Sonia Vidal, ha sido una gran ayuda. Y después, con Fiscalía todo fantástico. Con el fiscal superior tomamos café cada semana.

Hablaba del Caso Cursach. Fueron años duros para mucha gente...

Mucho. Se polarizó a la sociedad, sobre todo a través de los medios de comunicación. Había una teoría de la conspiración que, como con las menores tuteladas, yo no compro. Pero la gente llego a creérselo y nos ha costado mucho superarlo. Nosotros tenemos la conciencia muy tranquila e hicimos lo que tuvimos que hacer, que es suspender de empleo y sueldo a cuatro policías del Grupo de Blanqueo que habían estado llevando a cabo, presuntamente, detenciones ilegales. Siguen suspendidos.

Casa Real. Ha prestado servicio en seguridad muchos años, trabajando de cerca con los anteriores Reyes. ¿Qué recuerdo guarda?

Estuve en dos periodos. Primero, durante nueve años en los 90, luego ascendí y estuve en la Secretaría de Estado, y después me volvieron a llamar para Casa Real. ¿Balance? Han sido años muy bonitos, intensos, de mucho trabajo y de mucha tensión y presión en la etapa final, pero guardo muy buen recuerdo. La Familia Real nos ha representado extraordinariamente bien a los españoles en todo el mundo. No entraré a comentar los últimos acontecimientos pero de lo que yo viví, tengo la imagen de gente muy profesional. Cuando hacía viajes internacionales con ellos me sentía muy orgulloso. Hablaban idiomas, la gente les quería, tenían un cuerpo a cuerpo imbatible y nos representaban muy bien.

¿Cómo son?

Son Reyes, pero en lo personal, como cualquier mortal. Visto desde la perspectiva de alguien que trabaja para ellos, pues imagino que la misma que un empleado doméstico en una familia: ves cosas pero a la vez estás fuera. Pero aún así, gente normal -con sus problemas y sus alegrías- y muy educados. Lo siento pero yo no puedo hablar mal de esa familia. Se han portado muy bien conmigo y con la Policía.

Estuvo también destinado en Roma, en la Embajada de España en Italia.

Fueron cuatro años y medio magníficos, muy divertidos. Yo llegaba en un momento convulso para España -ya había explotado el caso Urdangarín, el Rey había abdicado en su hijo- y para mí supuso un cambio de vida muy interesante. Pude tomar perspectiva y allí mantuve muy buenas relaciones tanto con el Embajador como con las Policías italianas (Carabinieri, Polizia dello Stato, Guarda di Finanza). Roma es una ciudad preciosa para vivir pero he de reconocer que cuando regresé a España, no besé el suelo, pero casi (ríe).

El precioso caos italiano…

España funciona muy bien y tienes que salir del país para darte cuenta de todo lo que tenemos. Aquí todo va bastante mejor de lo que pensamos: el transporte, la administración, las gestiones mundanas con los bancos. Aquí hay orden. Tenemos un gran país.

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