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Hay luz al final del túnel

miércoles 30 de diciembre de 2020, 11:10h

A punto de concluir este año 2020, aciago, triste y luctuoso, donde a los únicos negocios que parece haberles ido un poco bien ha sido a las funerarias —dicho sea con ironía, que también ellos han trabajado mucho más de la cuenta y de lo que seguramente desearían—, es un buen momento de hacer balance de lo sucedido y padecido en los últimos 12 meses.

La pandemia del Covid-19 lo ha monopolizado todo, no solo la política y la economía, sino que ha arrasado incluso con nuestra vida familiar y social, con nuestra intimidad y nuestros derechos fundamentales, con las convenciones sociales y la forma de relacionarnos los unos con los otros. Ya se ha cobrado la vida de más de 460 personas y casi 35.000 ciudadanos de Balears han resultado infectados.

Todas las esperanzas están puestas en la efectividad de las vacunas que ya se han comenzado a administrar en las residencias de mayores, para tratar de frenar los contagios en las instalaciones sociosanitarias donde más daño ha causado el coronavirus, no solo en Balears sino también en el conjunto del país. Esto obliga a revisar el modelo de residencias de la tercera edad que hasta ahora ha funcionado y que ha demostrado ser manifiestamente mejorable.

A pesar de los esfuerzos del personal sociosanitario, la mitad de los fallecidos eran usuarios de las residencias y eso merece averiguar en qué se puede mejorar para evitar que algo así pueda volver a suceder. Nuestros mayores lo merecen.

Por otra parte, la lucha contra el letal virus (que muchos consideramos inicialmente una simple gripe), nos ha demostrado que disponemos de unos servicios sanitarios y de emergencia de gran nivel profesional. Sobre ellos ha recaído y recae todavía hoy el enorme peso y la gran responsabilidad de garantizar en la medida de lo posible la salud y la seguridad del conjunto de la población. Nunca podremos agradecer lo suficiente a médicos, personal de enfermería, técnicos y a todos los trabajadores de la sanidad, pública y privada, su sacrificio y su entrega. No en balde, muchos de ellos cayeron enfermos mientras procuraban los cuidados necesarios a quienes ya lo estaban.

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, las Fuerzas Armadas, bomberos, Protección Civil, etc. han estado a la altura de lo que se esperaba de ellos, al igual que otros muchos colectivos profesionales que han trabajado duro para tratar de impedir la propagación del virus y garantizar los servicios públicos esenciales, como la provisión de alimentos, energía, agua, medicinas, medios de comunicación, transportes y recogida de residuos, por citar sólo a algunos.

Este año ha sido muy duro, sobre todo para los profesionales citados y para aquellos a quienes el Covid-19 ha tocado de cerca. Pero aunque en Mallorca ahora estamos mal y que la pandemia parece fuera de control, tenemos la esperanza de que las medidas de restricción de la movilidad y del contacto social darán resultados y en breve la situación mejorará. Además, confiamos en que la vacuna permitirá que el año próximo se vaya recobrando la normalidad poco a poco. Pero hasta que eso suceda, no quedará más remedio que perseverar en el aislamiento y la distancia social. No hay otro modo de combatir la propagación de la enfermedad y evitar que haya más enfermos en los hospitales y en las UCI, saturando el sistema público de Salud e impidiendo que otros pacientes aquejados de otras patologías distintas del Covid-19, puedan ser atendidos debidamente.

Otro día hablaremos de nuestra clase política, de nuestros gobernantes y de su gestión de esta crisis, la más grave que muchos hemos tenido que sufrir en nuestra vida. Hoy no es plan el de aguar este artículo plagado de positividad y optimismo.

Cuidense y cuidémonos unos a otros.

Mucho ánimo, salud y ¡feliz año 2021!

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