El lema nace en los años 60 en los Estados Unidos para protestar contra la guerra del Vietnam. Se diseñó una imagen, el símbolo de la paz, que aún se mantiene entre los pacifistas. Yo tenía el colgante en plata que lucía cuando tenía 16 años. Hoy me lo volvería a poner, pero mi entorno no lo entendería. Por eso digo “No a la Guerra”. Lo mismo que dicen la gran mayoría de ciudadanos del mundo. Nadie quiere una guerra. Solo la desean los poderosos para tener más poder. Dicho esto, me sumo a los filósofos y pensadores que desde hace 3.000 años se oponen a cualquier guerra. Muchos coinciden en afirmar que para acabar con la guerra habrá que acabar con la humanidad. Y ese es el verdadero problema. La humanidad es por naturaleza agresiva. Lucha por tener lo que no tiene o lo que desea. Mata, asesina, ejecuta, destruye a personas, sociedades, ciudades, naciones, culturas y religiones. Y escribe la historia el que vence. Nunca el que pierde la guerra.
Los Medios de Comunicación de todo el mundo se han decantado por uno de los dos bandos en conflicto, defendiendo la opinión de sus editores. Es decir, los que mandan de verdad. Nos llenan de lemas, relatos, historias y mentiras para justificar la violencia del que ataca y del que se defiende atacando. Incluso, y es el caso de España, para atacar a ideas políticas y sociales que no luchan ni participan en la guerra. Pero son atacadas y acusadas de permitir el desastre de esta y de cualquier guerra.
En toda guerra, el perjudicado es el pueblo. Siempre es el pueblo. No hay ni buenos ni malos. Solo hay personas que quieren mandar sobre los demás. Pase lo que pase y a cualquier precio. En esta nueva guerra, que se suma a los 62 conflictos armados en los cuales se lucha cada día, hay una parte social muy importante que ensombrece la realidad económica de la guerra. Se lucha para que uno no tenga el poder de la bomba atómica que utilizaría contra otro que la tiene. Se asusta al pueblo para que no critique la guerra, con el discurso tradicional de que si hay guerra, el pueblo pagará las consecuencias. Y como que el malo es el otro, nosotros estamos en el lado correcto de la historia y debemos utilizar la fuerza para frenar el posible ataque del contrario.
El derecho internacional es una mentira. No existe realmente. Es una quimera elaborada por los que mandan para hacernos creer que están por la paz. Y una mierda. En el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el órgano que puede ordenar parar una guerra en cualquier lugar del mundo, están los cinco países que tienen derecho de veto. Es decir, que se hará lo que ellos digan. Y estos son: Los Estados Unidos de América, Rusia, China, Francia y Reino Unido. Todos tienen bombas atómicas. Pero también tienen armas nucleares Israel, Corea del Norte, Pakistán y la India.
Hoy, Día de la Mujer Trabajadora, es más necesario que nunca que estos países, con la fuerza nuclear necesaria para acabar con toda la humanidad, sean gobernados por mujeres. La mujer es el equilibrio, la creadora de la vida, la única que puede garantizar la supervivencia de la especie. Es la que cuida, la que ama, la que sufre por todos nosotros. Y tal vez por eso, por defender sus derechos y libertades, pueda comprender, que no apoyar, la parte positiva de la guerra. Si consigue liberar a la mujer iraní y a la de Afganistán de su cárcel llamada burka y de su esclavitud.
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