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Incertidumbre infantil

sábado 29 de junio de 2019, 03:00h

La situación pantanosa que vivimos proviene de que nadie sabe cuál es su verdadera posición en el tablero político. En el campo de la opinión general la cosa está clara. Hay dos bandos. Como siempre. Como en todas las democracias consolidadas. Dos opciones. Unos y otros. Pero aquí unos quieren parecer otros y otros parecer unos. Cuando en unas elecciones regionales, en Andalucía, los unos decidieron desplazar a los otros, que llevaban treinta años mandando, la opinión respiró tranquila pensando que se había producido un cambio natural. Pero, según se ven hoy las cosas, solo fue un golpe de suerte.

Ahora parece que los que están con los unos preferirían estar con los otros y viceversa. En Ciudadanos hay quienes preferirían estar con los socialistas y en los socialistas quienes preferirían estar con los Ciudadanos. Los socialistas parecen llamar a las puertas de la derecha con el cuento de pedir abstenciones para no depender de sus socios preferentes ¿Pero cómo no van a depender de aquellos a quienes cortejaron para hacer triunfar una moción de censura? ¿Cómo no quieren depender de quienes ayudan a los suyos para presidir Navarra, Aragón o tantos municipios? ¿Cómo no van a depender de esas gentes de Unidas Podemos, tan izquierdistas y sindicalistas como ellos mismos? Para buscar las facilidades y el beneplácito de las derechas no debían haber designado socios preferentes por adelantado.

Pablo Iglesias, el más preferente de los socios, pero no aceptable como colega, está empeñado en formar Gobierno de coalición con Sánchez. Un ministro de los míos por cada dos de los tuyos. ¿No se da cuenta que ni cuatro, ni tres, ni dos, ni uno? No es cuestión de número sino de calidad. Sánchez quiere ser un político atlantista, respetable, paseando por el mundo la imagen de una nación económica y culturalmente desarrollada y para eso hay que prescindir de compañeros impresentables. Que no pida carteras. Que pida enchufes preferentes.

Los de VOX aún no han entendido cuál es el poder presidencial de un alcalde en España. No se avienen a colaborar sino que quieren parcelas municipales por derecho propio. Sus propios feudos intocables. Que si a mí Salamanca que si a ti Chamberí. Que si a mí policía que si a ti bomberos. No entienden eso de preferir a un alcalde con el viento a favor a una bruja con el viento en contra. No respetan el derecho de un alcalde a modelar su equipo de gestión. Vienen del piso vecino y parece como si llegasen de Marte.

A los separatistas Sánchez piensa conformarlos con la peligrosa receta de siempre. Que no rompan la legalidad vigente a cambio de que se les deje cultivar a su gusto la ilegalidad latente. Otegui, inhabilitado por la justicia hasta 2021, es un buen ejemplo: no ocupa cargos públicos pero tiene derecho a publicidad en la televisión pública en horas de máxima audiencia.

Vamos a por un trimestre de Gobierno en funciones y Josep Borrell va a defraudar a los electores que han votado una lista que él encabezaba como candidato preferente para el Parlamento Europeo ¿Por qué? Cómo va a prescindir Sánchez de un ministro de Asuntos Exteriores durante un tiempo indefinido ¿Es que no sabía antes de proponerlo como estrella de la candidatura socialista que sus propios mediocres resultados iban a promover una investidura incierta a plazo indefinido? Quizá no fue imprevisión sino sabiduría ¿Es Borrel quizá el futuro candidato socialista en unas nuevas elecciones? ¿Un candidato al que podrían abstenerse las derechas facilitantes para que el Gobierno no se entregue a la cofradía del indulto? Borrel aún no se ha comprometido con socios preferentes. Cuando se produzca, si se produce, una investidura fallida –idus de julio- comenzarán a correr los dos meses sin resultado y se convocarán automáticamente elecciones ¿Seguirá entonces el socialismo empecinado en el candidato Sánchez con los peores resultados de la historia de su partido?

Estamos llegando al límite de una situación incierta en la que ya nadie admite cheques en blanco. Nadie cree promesas idealistas ni tan siquiera papeles firmados y sellados. Las abstenciones son permisos para hacer lo que quiera quien llegue al poder sin cargas previas. Los asientos oficiales son una forma de instalar dentro de los gobiernos la misma fluidez resbaladiza de los Parlamentos. Pero, sin asientos ocupados, siempre llega primero a todas partes el que viaja en el Falcon. Cualquier combinación de la ansiada estabilidad patriótica exige una confianza que Sánchez no despierta ni a un lado ni a otro.

Esto se está convirtiendo en una de esas comedias de enredo de puertas que se abren y se cierran. En el Congreso y en el Senado han puesto de porteros a especialistas de abrir y cerrar. Sánchez ha ido enseñando sus cartas a todos antes de tiempo. Otras elecciones en vez de constituir un problema se pueden convertir en el sueño de una noche de verano. Si en otoño se ponen las urnas, las cosas van a estar más claras para los unos y para los otros. Mejorarán las opciones más sólidas y enflaquecerán las triquiñuelas de novatos. Es mejor que engorde algo el bipartidismo y se acabe este juego estúpido de infantilismo político. Ese empieza a ser el objeto de deseo de los más sabios entre los unos y los otros. Que arreglen el desorden los mayores.

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