Jennifer Nicholson, nació en lo que ella define como una pequeña isla, rodeada por el Océano Atlántico y que recibe el nombre de Isla del Príncipe Eduardo. Desde muy joven se sintió absorbida por la naturaleza y por los ecosistemas marítimos. Es navegante y apneísta y eso le facilita aplicar sus encuentros con la fauna marina en una tela o un papel. Nadar entre tiburones, ballenas jorobadas en Filipinas, mantarrayas que se deslizan a su alrededor y luego plasmarlo con sus acuarelas para que el ser humano reaccione y no descuidemos la misión de proteger lo que queda del paraíso.
Era una tarde calurosa de julio cuando nos abría la puerta del estudio que tiene en la barriada del Jonquet. Tan pronto nos vio, nos invitó a entrar, la temperatura exterior era de 36 grados, en el interior se agradecía el aire acondicionado. Nos presentó a sus dos niñas.
Qué alegría que estéis aquí, en mi estudio. Me siento feliz – Nos decía. ¿Queréis beber algo fresquito?
Me acompañaba mi hija Carla que es periodista y que se sintió atraída por las piezas que le mostré de Jennifer y por su historia aventurera.
Jennifer es una mujer atenta, humilde, detallista, lo percibes cuando pasas un rato conversando con ella. Siempre descalza, a punto para meterse en el agua. Además de su oficio y sus pasiones, le complace escuchar las viejas historias que le cuentan las pocas vecinas originales que quedan en el Jonquet. Desde su taller, cerca del antiguo molino de viento “Molí d’en Garleta” la panorámica sobre el paseo Marítimo de Palma es un privilegio.

Con la cantidad de ubicaciones que conoce en el mundo ¿Por qué ha decidido instalarse en Mallorca?
Esta isla reúne todo lo que amo: el Mediterráneo, una extraordinaria comunidad creativa y el acceso a un increíble entorno marino. Se ha convertido tanto en mi hogar como en mi mayor inspiración artística. No he encontrado en el mundo un sitio para vivir en el que destaquen tantos condicionantes favorables como en Mallorca.
¿Qué puede contarnos del lugar que la vio nacer?
Pasaba la mitad del tiempo en la Isla Príncipe Eduardo y la otra mitad en Vancouver. Crecí junto al mar en la costa este de Canadá, oliendo y contemplando la inmensidad del Océano Atlántico. Esa vivencia es parte de lo que soy, mucho antes de que todo eso lo recogieran mis pinceles.
En la Isla del Príncipe Eduardo habitan cerca de 182.000 personas. Es una provincia marítima al este de Canadá, en el golfo de San Lorenzo, célebre por sus langostas, por sus playas de arena rojiza, por sus tierras de cultivo fecundo, es el mayor productor de patatas de Canadá. Charlottetown es su capital en la que destacan los edificios victorianos, el Confederation Centre of the Arts y el Point Prim Lighthouse que es el faro más antiguo de la provincia.
¿Cómo transcurrió el tiempo de su infancia?
La pasé casi por completo al aire libre. Mis amigos y yo construíamos fuertes en el bosque, escalábamos rocas, explorábamos playas y pasábamos incontables horas en el agua. Había una verdadera sensación de libertad. La naturaleza no solo era un lugar que visitábamos, era el hogar entero. Esas experiencias me enseñaron curiosidad, resiliencia y respeto por la naturaleza.
¿Tuvo preferencia por algún juguete?
El océano, los bosques y mi imaginación me mantuvieron entretenida mucho más que cualquier cosa o juguete que pudiera haber tenido.
Y esa época que llega después de la infancia, en la que se producen cambios físicos, cognitivos, hormonales, en la que el cerebro y la piel a veces parece que van cada uno por su lado ¿Cómo la vivió?
Cuando era adolescente me fascinó la aventura. Quería entender el mundo más allá de donde crecí. Siempre me atrajo viajar, al mar y a las experiencias que me empujaron fuera de mi zona de confort. Mirando hacia atrás, creo que la curiosidad ha guiado cada decisión importante que he tomado.
¿Cómo surge su interés por pintar?
Desde pequeña me gustó crear, y la pintura se convirtió en algo más intenso a medida que avanzaban los días. Se transformó en una forma de descifrar las emociones y experiencias que con palabras no podía expresar. Cuando pinto, no estoy simplemente reproduciendo una escena submarina, estoy tratando de recrear la sensación de estar allí.
¿Cuál ha sido su formación profesional?
La vida ha sido mi mejor maestro. Pasé más de veinticinco años trabajando profesionalmente en la industria de la vela, me convertí en instructora de buceo y fotógrafa submarino, y viajé mucho. Cada sitio, cada cultura y cada inmersión ha contribuido a mi educación como artista.
¿Por qué se interesa por trabajar en cuestiones relacionadas con el mar?
No recuerdo un momento en el que no estuviera interesada por el mar. Crecer rodeada por el Atlántico lo convirtió en parte de mi identidad. Más tarde, navegar y bucear me permitieron experimentar el océano de una manera más íntima, y me enamoré completamente del mundo submarino.
¿Qué siente cuando está allí, en medio de esa infinitud oceánica?
Paz completa. El mar tiene una forma notable de poner la vida en perspectiva. Afuera, el ruido desaparece y te vuelves muy consciente de lo pequeño que eres en comparación con la naturaleza. Cada vez que regreso, vuelvo sintiéndome más tranquila, más agradecida y más conectada.

¿Cómo influye el mar en su pintura?
El océano es el corazón de mi trabajo. Cada pintura comienza con un encuentro que he experimentado. La mayoría de mis imágenes de referencia provienen de mis fotografías y vídeos submarinos. En vez de documentar la vida marina, trato de traducir la emoción de esos momentos: la luz, el silencio, el movimiento y la sensación de compartir con otro ser vivo, en su hábitat.
¿Qué ocurre en su estudio cuando pinta? Descríbanos esos instantes.
El estudio se convierte en un terreno tranquilo. Normalmente trabajo sola, a menudo escucho música, y pierdo completamente la noción del tiempo. La pintura es casi meditativa para mí. Estoy mentalmente de vuelta bajo el agua, reviviendo esos momentos. Las horas pueden pasar sin que me dé cuenta.
¿Quiénes forman parte de la lista de sus artistas predilectos?
Me inspiran los artistas que evocan emoción en lugar de simplemente la perfección técnica. Admiro a pintores como Joaquín Sorolla por su extraordinaria comprensión de la luz, y a Gerhard Richter por su capacidad para moverse entre el realismo y la abstracción. Fuera de la pintura, la naturaleza misma sigue siendo mi mayor fuente de inspiración.
En este caso ¿Cómo definimos su profesión?
Soy una artista contemporánea, fotógrafa submarina y ex marinera profesional. Mi trabajo se centra en la relación entre las personas y el medio marino, utilizando el arte como una forma de inspirar una mayor apreciación y protección de nuestros océanos.
¿Ha experimentado alguna situación peligrosa mientras buceaba?
El océano siempre merece respeto. Estar en medio de fuertes corrientes oceánicas y mareas, clima cambiante y encuentros que te recuerdan lo poderosa que es la naturaleza. Hay que estar bien entrenada y atenta, cuando la ballena va acompañada de su bebé y hay un tiburón tigre hambriento merodeando a tu alrededor. Tú estás ahí observando, viendo como la madre ballena hace frente a los depredadores.
¿Cuáles son los pasatiempos de Jennifer?
Apnea, buceo, vela, senderismo, viajar y pasar tiempo en la naturaleza. También me seduce aprender. Tengo infinita curiosidad por la biología marina, la conservación y las diferentes culturas.
¿Qué significa para usted, viajar?
Viajar es una de las mejores formas de educación. Enseña empatía, humildad y perspectiva. Cada país que he visitado me ha cambiado de alguna manera, y la mayoría de mis pinturas nacen de esas experiencias.
Le pido que nos relate alguno de sus mejores momentos
Es difícil elegir solo uno. Nadar junto a las ballenas ha sido profundamente conmovedor, pero es igualmente significativo ver a alguien parado frente a una de mis pinturas y sentir una conexión emocional con el océano. Saber que el arte puede inspirar a la gente a tener conciencia es increíblemente gratificante.
Y ahora, descríbanos alguna situación complicada...
He vivido momentos que me han probado. Hace unos veinte años tuve una grave lesión de espalda haciendo kitesurf en Australia que me llevó a estar en una silla de ruedas. Después de largas sesiones me recuperé.
Las situaciones límite me han enseñado resistencia y gratitud. Las experiencias difíciles se convierten en fuente de nuestra compasión y creatividad.
¿Cómo transcurre su vida diaria?
No hay dos días exactamente iguales. Algunos estoy pintando durante diez horas seguidas. Otros los dedico a bucear, filmar bajo el agua, planificar exposiciones, conocer a coleccionistas o colaborar con organizaciones de conservación. Es una vida ocupada, pero profundamente agradecida.
¿Cómo se siente rodeada de kilómetros de inmensidad, de millones de toneladas de agua en continua actividad, de enormes animales marinos?
La gente a menudo espera miedo, lo que yo siento es asombro. Animales como las ballenas grises de Méjico, la ballena azul, los delfines, las orcas, las tortugas, y los tiburones ballena poseen una calma y presencia extraordinarias. Ser aceptado en su mundo, incluso brevemente, es un inmenso privilegio.
La Vaquita marina, el mamífero que habita en el Golfo de California y que es la especie más amenazada del planeta, el Rorcual común, el Tiburón ballena el pez más grande a punto de desaparecer, la Tortuga carey que sufre por la incontrolada caza furtiva…
¿Qué siente cuando se habla tanto de especies en peligro de extinción?
Me llena de tristeza, pero a la vez de determinación. Todavía tenemos la oportunidad de proteger lo que queda, si suficientes personas se preocupan. Espero que mis pinturas animen a las personas a sentirse emocionalmente conectadas con la vida marina, es más probable que nos concienciemos de proteger aquello que amamos.
¿Qué evento internacional le dejó una impresión duradera?
Lo que más me ha afectado es presenciar el rápido declive de los ecosistemas marinos durante mi vida. Ver que los arrecifes de coral se deterioran y la biodiversidad marina desaparece, hace que la conservación se sienta como un asunto de trascendencia personal.
Muchas de las especies de corales en los arrecifes que hacen de estructuras físicas padecen un grave peligro de extinción. La temperatura ha aumentado considerablemente, el calentamiento global es una de las mayores causas, pero hay otras que también amenazan el ecosistema. La proliferación de plásticos y la contaminación, el turismo irresponsable, la sobrepesca, las redes abandonadas, harán que los corales no puedan seguir alimentando y refugiando a una gran parte de las especies marinas. No podrán proteger las costas, ni continuar proporcionando sustancias químicas y compuestos para medicinas usadas en numerosos tratamientos contra enfermedades.

¿Qué áreas de las que ha explorado destacaría como de las más bellas del mundo?
La Polinesia francesa, Tahití, Moorea… es un espacio asombroso. La gente es feliz en diez metros de vivienda, no necesitan más. Eso sí, siempre tiene que estar limpio, es imprescindible. Su trato es tan generoso que enseguida te sientes como uno más de la familia.
¿Qué país le falta por explorar?
He tenido la suerte de viajar por Europa, América del Norte, Méjico, El Caribe, el sudeste asiático, Australia y un sinfín de destinos marinos remotos. Cada océano me ha enseñado algo diferente, aunque todos me recuerdan que la naturaleza nos conecta más allá de las fronteras.
¿Qué detesta en el ser humano?
Nuestra tendencia a olvidar que somos parte de la naturaleza, no separarnos de ella. A veces priorizamos la comodidad a corto plazo sobre la responsabilidad a largo plazo. Al mismo tiempo, he sido testigo de una extraordinaria amabilidad y generosidad, lo que me da esperanza.
¿Qué temas de actualidad provocan su atención?
Conservación marina, biodiversidad, turismo sostenible, educación ambiental y el papel que el arte puede desempeñar en la creación de un cambio social significativo.
Observo sus telas que huelen a sal y percibo un abrumador silencio, como si me aislase en una zona del Punto Nemo, sin referencias visuales, lejos de la tierra, de las señales acústicas. Un viento hipnótico me invade y me envuelve una sensación de liberación que nunca antes experimenté. Desconecto de cuanto me rodea, he perdido el temor, la fragilidad, a mi cerebro lo invaden estímulos desconocidos, entro en un estado de calma total. Ballenas, delfines, tortugas, tiburones. Por unos instantes me he imbuido en esas reacciones físicas que Jennifer describe en sus pinturas.
¿Alguna vez se ha conmovido frente a una obra de arte?
Muchas veces. Las mejores obras de arte te hacen sentir algo incluso antes de que empieces a analizarlas. Ese es el tipo de conexión que espero crear con mi propio trabajo.
¿Qué proyectos suyos se vislumbran en el horizonte?
Sigo desarrollando nuevas colecciones inspiradas en mis expediciones submarinas, en colaboración con organizaciones de conservación marina. Estoy en un proyecto con Baja Expeditions con una campaña a nivel internacional que dará visibilidad a la difícil situación de la Ballena gris del Pacífico Occidental. Esperamos contribuir a los esfuerzos por su protección. También estoy preparando futuras exposiciones en Mallorca y en Madrid que reúnan arte, narración y conciencia ambiental, con la esperanza de alentar a más personas a reconectarse y proteger nuestros océanos.
Aquí decidimos para la entrevista de nuestra sección artística, aunque en esta ocasión a través del arte se canaliza una protesta, una llamada de atención. No olvidemos que también pertenecemos a la naturaleza.

Texto: Xisco Barceló
Fotografías de entrevista: Carla Barceló
Otras fotografías: archivo Jennifer
Agradecimiento a Marina Rico


