Me sorprende que una de las acusaciones contra el inhabilitado presidente de la Federación Española de Fútbol, Angel Villar, sea la de favorecer a los clubs y territoriales que le mantenían en el cargo de través de sus votos. ¿Acaso no es lo que hacen a diario los partidos políticos respecto a y en las autonomías que gobiernan?. ¿Acaso no colocan en sus puestos de máxima confianza a familiares, amigos o recomendados?. ¿Esto es delito?.
Distinto es que el verdadero fondo de la cuestión pase por la relación con Santa Mónica Sports o la contratación de partidos internacionales de forma digamos irregular. Ahí no me meto sobre todo por falta de información y conocimiento, pero por lo demás la condena mediática se parece más a un linchamiento fácil propio de columnistas vengativos y teledirigidos desde otros despachos en los que deberían vigilar por sus vigas en lugar de investigar pajas en ojos ajenos.
Ya decía Bilardo aquello de “al enemigo, ni agua”. La caballerosidad hace tiempo que duerme el sueño de los justos al lado de la generosidad. Ni una cosa ni la otra son virtudes al uso. Más bien impera el “a los míos con razón o sin ella” y si eso se castiga con prisión me temo que las cárceles estarían más saturadas de lo que parecen estar. Se habla, escribe y juzga con excesiva ligereza de no pocos asuntos, porque impera la imagen transmitida, lo políticamente correcto y cualquiera se atreve a tirar la primera piedra sin examinar su propia culpa.
Caprichitos, pocos; pero santos, menos.





