Mallorca recibe más turistas que nunca, pero algunos sectores del tejido turístico local apenas lo notan. Mientras las cifras globales de llegadas y gasto baten registros históricos, el turismo cultural y de actividades patrimoniales sufre una caída sostenida. Según datos de la Asociación Balear de Actividades Turísticas (ABACTUR), durante el primer semestre de 2025, los espacios gestionados por sus empresas asociadas —cuevas, fincas, parques temáticos, rutas guiadas y excursiones— han experimentado un descenso de entre el 12 por ciento y el 15 por ciento en el número de visitantes respecto al mismo periodo del año anterior.
La caída resulta llamativa si se compara con el contexto general. España recibió entre enero y mayo más de 35 millones de turistas internacionales, un 5,5 por ciento más que en 2024, y el gasto turístico acumulado ascendió a 46.586 millones de euros, según datos oficiales del INE. Solo en mayo llegaron a España 9,4 millones de viajeros, siendo Baleares el principal destino, con el 21,2 por ciento del total. Sin embargo, ese flujo masivo no se traduce en una mayor actividad para las empresas culturales del archipiélago.
El diagnóstico de ABACTUR apunta a una transformación de fondo en los hábitos de consumo del turista. “No es que vengan menos turistas, es que vienen con otras prioridades”, señalan desde la asociación. Las actividades que requieren planificación, desplazamientos o una inversión económica adicional —como excursiones organizadas, visitas patrimoniales o entradas a espacios temáticos— quedan cada vez más fuera del centro de la experiencia turística.
DESCENSO DEL GASTO EN PAQUETES DE VIAJE
Uno de los factores que explican esta tendencia es la caída en la contratación de paquetes turísticos. Según el INE, el gasto en paquetes ha descendido un 4 por ciento respecto al año pasado, mientras que el gasto no incluido en paquetes ha crecido un 7,5 por ciento. Esto indica que el turista medio organiza su viaje de forma más autónoma, reservando vuelos y alojamiento por su cuenta y reduciendo la contratación de servicios adicionales.
A esto se suma el encarecimiento generalizado del viaje. El alza en los precios del transporte aéreo, la hotelería y la restauración ha comprimido el presupuesto disponible para actividades complementarias. “Si todo es más caro, las primeras partidas que se recortan son las no imprescindibles”, apuntan desde ABACTUR. Y ahí es donde entran las experiencias culturales, que pasan a un segundo plano ante el gasto en alojamiento, restauración o transporte.
LA ESTANCIA EXPRÉS Y EL EFECTO DEL CALOR
Otro elemento clave es la duración más corta de los viajes. Las estancias medias se han reducido notablemente, especialmente entre el turismo nacional y europeo, que opta por escapadas de entre tres y cinco días. “Con menos días, el visitante prioriza lo inmediato: playa, piscina, tapeo… y deja fuera las actividades que exigen más tiempo o desplazamientos”, explican fuentes del sector.
El calor extremo también ha jugado en contra. Junio fue uno de los más calurosos de las últimas décadas, y la previsión meteorológica para julio y agosto es igualmente sofocante. Las empresas que operan en el exterior —como rutas naturales, fincas visitables o yacimientos arqueológicos— han visto cómo incluso en fines de semana o festivos la afluencia ha sido menor de la esperada. “A 36 grados, nadie quiere hacer una visita guiada en el campo a las tres de la tarde”, resumen desde ABACTUR.
UN MODELO DESIGUAL
El problema no es puntual ni coyuntural, sino estructural. “Cada vez hay más turistas, pero su comportamiento cambia”, insisten desde la asociación. La consecuencia es que el modelo turístico se está polarizando: mientras las grandes cifras benefician a aerolíneas, hoteleras y restauradores, las pequeñas empresas culturales —muchas de ellas locales y familiares— se enfrentan a una demanda más volátil y frágil.
Desde ABACTUR reclaman una mayor implicación institucional. Consideran que el turismo cultural debe tener un papel más protagonista en las estrategias de promoción de las islas, y que plataformas como VisitBalears.com deberían contar con más recursos y visibilidad. También piden mejor coordinación entre administraciones y sector privado para integrar estas actividades en la comercialización hotelera y los canales digitales.
“El turista independiente no es enemigo de la cultura, pero necesita que se la presenten de forma atractiva y accesible”, argumentan desde la patronal. Por eso, consideran que el sector necesita una revolución digital para adaptarse a las nuevas formas de consumo: venta online, reservas instantáneas, comunicación directa y contenido audiovisual que muestre el valor de cada propuesta.
También abogan por introducir medidas de corrección frente a la escalada de precios en el destino. “No puede ser que la entrada a una cueva cueste 16 euros y una pizza en el paseo marítimo, 26. Si no equilibramos el valor percibido por el visitante, siempre perderemos”, denuncian.
MÁS CULTURA, MÁS VALOR
Las consecuencias de esta desconexión entre el éxito global del turismo y la salud del sector cultural son múltiples. Por un lado, se reduce la recaudación de muchas empresas, que se ven obligadas a limitar horarios, congelar contrataciones o reducir su inversión en mantenimiento. Por otro, se pierde una oportunidad de diversificación y sostenibilidad, ya que estas actividades ayudan a distribuir la carga turística fuera de los núcleos saturados, combaten la estacionalidad y generan empleo local.
ABACTUR recuerda que muchas de sus empresas son las únicas que operan fuera de los meses punta, y que su desaparición dejaría a las islas con una oferta más monótona, más centrada en el sol y playa y menos capaz de ofrecer alternativas culturales o de interior.
“No se trata solo de salvar un modelo empresarial”, concluyen desde la entidad. “Se trata de que Baleares no pierda su alma. Porque sin cultura, sin historia, sin patrimonio accesible, el destino pierde autenticidad. Y eso, a largo plazo, es mucho más caro que una entrada no vendida”.