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La carrera por la vacuna

sábado 05 de septiembre de 2020, 11:58h

Estamos ante un momento de gran expectación ante la posibilidad de que, en unos meses, la vacunación contra el SARS-COV-2, sea una realidad.

Visto el comportamiento y la evolución de la pandemia y comprobada la conducta de algunas personas, en unas semanas, hemos constatado que el coronavirus ha sido capaz de revertir los esfuerzos del confinamiento de todo un país. La COVID ha borrado la estacionalidad que acompaña a los virus respiratorios y fulminado todos los récords de contagiosidad.

Solo la inmunización pasiva puede acabar con este mal sueño. Solo la vacunación puede finalizar con la paralización pandémica del sistema educativo y productivo, con la saturación del sistema sanitario, los masivos ingresos en los hospitales y con los fallecimientos por el COVID-19.

No en vano las vacunas, a pesar de su corta historia, solo 125 años nos separan de la primera vacunación de la historia realizada por médico inglés Edward Jenner han revertido la desigual lucha entre el hombre y las epidemias.

En el contexto en el que nos movemos, se visualiza, como nunca, que el objetivo sanitario de la vacuna compite y es superado por el comercial y político.

Se han activado ingentes medios y se han realizado grandes esfuerzos de investigación que convergen, por distintos caminos, en encontrar la vacuna mágica. Los países más poblados, ricos e influyentes del mundo han vinculado su futuro y muy especialmente el futuro de sus dirigentes al control de la epidemia. Se han implicado en encontrarla ya, poniendo patas arriba los tradicionales procedimientos y plazos de obtención.

La rapidez con que se están desarrollando las vacunas es impresionante. En seis meses, en un proceso que suele durar una década, desde que se secuenció el genoma del SARS-CoV-2 ya se habían iniciado centenares de iniciativasy más de una docena habían comenzado el ensayo clínico fase 1.

Las vacunas han salvado millones de vidas y erradicado enfermedades infecciones de la faz de la tierra. En nombre de las vacunas, orillando los ordenamientos legales y éticos se han cometido algunas barbaridades de gran calado.

Estamos en una encrucijada. El potencial científico e industrial, por el imparable impulso político va a poner en circulación, en meses, por lo menos, una vacuna creada en Rusia, otra en China, una tercera en Estados Unidos, una cuarta franco-británica, una quinta alemana, desarrolladas por distintas empresas biotecnológicas.

Todas ellas tienen orígenes distintos, tecnología diferente, sustratos desiguales y resultados desconocidos. Algunas se inclinan por utilizar las versiones sintéticas del virus; otros optan por virus atenuados. La explosión de las ciencias “ómicas” han facilitado y simplificado el desarrollo. El conocimiento previo de las proteínas que sobresalen de la cápside vírica (espiga, proteínas S, de Spike,) fundamentales para la patogenicidad y las plataformas tecnológicas han aportado un gran valor competitivo.

Competirán en el mercado en precio, en prestigio, en seguridad, en efectividad; hasta en territorios e ideología.

Nunca en la historia de las vacunas se había iniciado su producción y su utilización sin haber finalizado los distintos pasos del método científico.

Nunca se ha previsto su uso antes de superar la fase III del ensayo clínico, la que la evalúa de forma completa implicando una cantidad importante de voluntarios, en un estudio multicéntrico adecuadamente controlado para acreditar la seguridad y la eficacia. Los ensayos clínicos fase III deben seleccionar la dosis más adecuada, y establecer una relación beneficio riesgo, adecuarla a la suficiente respuesta entre la población más susceptible, más anciana y con enfermedades crónicas y asegurar la ausencia de efectos secundarios graves.

En este caso se están solapando las fases. Los estudios de comparación entre distintas vacunas, para elegir la más eficaz y la más segura entre las financiables, ni hablemos. La carrera por las vacunas se ha convertido en un pulso entre potencias. La impaciencia y la presión han orientado la investigación hacia una alocada carrera, en la que el tiempo dará y quitará razones. Crucemos los dedos para que esta premura no retarde los reales beneficios. Buen finde.

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