Hay que reconocer que Podemos ayer hizo una demostración de fuerza en Madrid. El acto organizado por la formación de Pablo Iglesias en la Puerta del Sol fue multitudinario, desarrollado en un ambiente festivo y eso no está al alcance de cualquiera. Podemos tiene un discurso que conecta con buena parte de la ciudadanía crítica con los recortes, con las estrecheces sufridas en una larguísima crisis, con los parados, con los desahuciados y con los pensionistas. Sin embargo, es obvio que eso es lo fácil porque luego hay que plantear propuestas alternativas, realistas y factibles. Justamente ahí radica el talón de Aquiles de Podemos.
En el ámbito autonómico, Podem está inmersa en un proceso de primarias. Los candidatos (Antoni Bennàssar, Alberto Jarabo, Lola Fernández y Tomás Fernández) y sus respectivos equipos llevan a cabo actos públicos y debates en medios de comunicación al objeto de contrastar sus propuestas. Y de igual modo que sucede a nivel nacional, se trata de buenos oradores que conectan con la indignación de parte de la ciudadanía que aún no comprueba en carne propia ni en su entorno cercano el final de la crisis. Pero adolecen de iguales defectos que sus compañeros de Madrid. No logran pasar de la mera divagación política y aterrizar en medidas concretas sobre las que articular su programa. La falta de concreción es palmaria y habrá que empezar a pensar que forma parte de su estrategia política. Cada uno de los candidatos pone el acento en aquello que considera prioritario. Unos tienen un argumentario más elaborado, otros menos, pero no logran transmitir una concreta batería de medidas que conforme su propuesta electoral
Parece claro que los de Pablo Iglesias, Errejón y Monedero tienen su objeto claramente fijado en las elecciones generales. Las autonómicas y municipales del próximo mes de mayo nada tienen que ver y parece que las propuestas de Podem en este ámbito no son concretadas porque realmente no hay nada con qué articular un proyecto diferenciado de los partidos tradicionales.



