Resulta escandaloso que España sea uno de los países de Europa donde los usuarios pagan la electricidad más cara de toda. Escandaloso e injustificado. Nuevamente a final de año vuelve a subir el precio de la electricidad, casi un 5%, algo menos que el gas que se dispara más de un 6%. Y es que cuando no es la sequía, es porque llueve mucho; y cuando no es la falta de viento, es que ha habido demasiadas ventoleras. Y así siempre.
Aunque el Gobierno se ha apresurado a anunciar que vuelve a congelar los peajes de la electricidad y el gas, que es la parte de la factura que determina el Ejecutivo, lo cierto es que de poco sirve cuando la subasta encarece de forma abusiva el precio de la energía y además, una buena parte de lo que se paga son impuestos.
Este lastre para las economías domésticas y también para las empresas y autónomos, afecta gravemente a la competitividad de la economía española, que deben hacer frente a costes que las empresas del resto de la Unión Europea no soportan. De modo que es imperioso revisar el método de cálculo del precio final de la energía porque lo que no puede tolerarse es que siempre ganen los mismos: las grandes empresas energéticas.
El Gobierno central presidido por Mariano Rajoy y siendo ministro del ramo José Manuel Soria, aseguró que el recibo de la luz no subiría excesivamente con el actual modelo de cálculo de la tarifa. Es evidente que ese compromiso no se ha cumplido y que ha de ser revisado, porque ya hay demasiada gente que no puede permitirse el lujo de consumir electricidad al precio que se cobra y que, además, las empresas se ven gravemente perjudicadas en su productividad y capacidad para competir.





