La primavera la sangre altera, dice un viejo refrán. Hoy, el mundo está alterado ante la posibilidad de que el conflicto regional en el estrecho de Hormuz se extienda a todo el mundo. La guerra no declarada se puede volver una guerra mundial. Por un lado, los intereses de tres potencias: EE. UU., Israel y los países árabes de tradición sunita. Por el otro, Irán y los países árabes de tradición chiita. Si lo analizan desde esta teoría, estamos ante una posible guerra que se ha ido generando por la diferencia sobre derechos humanos: el cristianismo y el islamismo, basado en leyes humanas, y el islam radical de los Hermanos Musulmanes, basado en la ley coránica. Sea como fuere, la guerra nos afectará a todos los humanos. De una manera y de otra. Los costes económicos y los costes sociales. La gente es la que, pase lo que pase, perderá la guerra. Perderá su nivel de calidad de vida y su estatus social. Los poderosos, son los que ganarán la guerra y se ganarán los beneficios de la guerra. Es decir, el poder y el dinero. El hijo de Trump, el primero. Y los hijos y los Hermanos del ayatolá de turno, los siguientes.
Von der Leyen lo advertía ayer mismo: hay que prepararse para la guerra. No se descarta que algún país de la Unión pueda ser atacado. Y es que la guerra, la violencia en su máxima expresión, es una actitud humana. Sí, de lo peor del ser humano, pero tan enraizada en el hombre y en la mujer como el sol que sale cada día. Y toda violencia solo produce violencia. Y en toda guerra todos pierden. Y la que más pierde es la propia humanidad. Este conflicto no tiene solución a corto plazo. Solo si al final alguno de los dos se vuelve loco y tira el primer misil nuclear de largo alcance. La respuesta del otro será lanzar uno más potente y así hasta que se haga realidad la predicción de una vidente ciega conocida como Baba Vanga, originaria de Bulgaria, que falleció en 1996. Baba Vanga predijo que en 2026, este año, en Oriente empezaría una guerra que duraría siete meses. Nunca he creído en videntes, pero como las meigas, “haberlas, haylas”. Si los economistas, los militares, los sociólogos, los religiosos y los fabricantes de armas coinciden en advertir que viene una guerra, es que viene una guerra. No importarán ni las causas ni los culpables. Solo importarán las consecuencias directas que pagaremos todos los ciudadanos.
Y es que mucha, muchísima gente está que arde en deseos de pelea. Las frustraciones personales solo pueden ser reprimidas con la violencia. Lo dicen los psicólogos. En todas las naciones libres, se nota la cantidad de odio que llena los medios de comunicación y los debates políticos; en los países totalitarios y comunistas, no se nota porque si alguien dice lo que piensa o se muestra contrario al poder establecido, es eliminado social y/o físicamente. Violencia y odio. Odio hacia el que no piensa como tú y hay que eliminarlo de la sociedad. No son bromas; hace menos de 100 años que el mundo entero se desangró en dos guerras por odio. Y en España, en una guerra civil por odio del comunismo al rico, al liberal y al cristiano. Y de aquellos polvos, aún vienen y retornan aquellos lodos. Es que no es que venga una guerra, es que siempre hemos estado en guerra contra el que no es, no piensa o no comulga con mis principios. Y ya lo dijo Gandhi: si nos basamos en el ojo por ojo, el mundo quedará ciego.





