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La importancia de cada voto, el prodigio de cada vida

sábado 19 de diciembre de 2015, 04:00h

Son diversos los motivos por los que muchas personas no ejercen su derecho al voto. Con frecuencia oímos cosas como estas: “todos los políticos son iguales”, “la política es una porquería”, “mi voto no servirá para nada”… Las respuestas a las dos primeras objeciones me parece tan elementales que no voy a dedicar demasiado tiempo en reflexionar sobre ellas. Es evidente el mahatma Gandhi que lideró el Congreso Nacional Indio, el partido nacionalista que devolvió a la India su independencia y su dignidad, no era igual que el alemán Adolf Hitler que arrasó el mundo. Del mismo modo, no creo que sea muy coherente criticar continuamente los sueldos de los políticos, por ejemplo, denigrando así a “la política” (tal y como interesa a ciertos poderes económicos), mientras se “olvida” el creciente abismo entre las remuneraciones de los altos ejecutivos y el salario del trabajador medio (sin hablar de las grandes evasiones de impuestos y otras muchas prácticas fraudulentas llevadas a cabo por las multinacionales).

Me limitaré a reflexionar sobre la sensación de insignificancia e impotencia que suele invadirnos a todos ante la magnitud de los problemas contra los que nos enfrentamos y ante la magnitud del poder (económico, político, militar, mediático…) que ha acumulado una reducida elite de nuestro mundo. Intentaré argumentar que tal sensación es el resultado de nuestra particular e incorrecta percepción de la realidad, percepción inducida y fomentada también desde esa poderosa elite; es el resultado de un cúmulo de proyecciones propias sobre la realidad, una realidad que nuestra mirada distorsiona, subjetivamente, de modo notable; es el resultado de una percepción en la que nos vemos como “separados” (por decirlo de algún modo) de una realidad que está “ahí afuera” y que nos es ajena.

Quienes son capaces de percibir que todo está interrelacionado y es interdependiente no plantean estas cuestiones en términos fundamentalmente de “importancia” o “eficacia”, sino que integran estos conceptos en una visión mucho más amplia de la realidad. Los integran en la práctica, en el día a día, en un modo particular de “caminar” por esta vida. En ese modo particular de ser y actuar, lo realmente importante es hacer lo que corresponde, con integridad y dignidad, aunque lo que hacemos no “sirva” para nada e incluso nos cause, frecuentemente, bastantes problemas. Algo tan aparentemente teórico como lo que acabo de exponer, tiene unas decisivas consecuencias prácticas. Así, y solo a título de ejemplo, aquello que solemos llamar el voto útil revela su verdadera naturaleza. Quienes hacen avanzar la historia son personas que, como explicaba en mi anterior artículo citando a Albert Einstein, siempre se han quedado solos en un momento dado. Al final, lo que acaba siendo importante no es el tener uno o cien diputados en Madrid sino el estar abierto y en armonía con todo lo que, imparablemente, está aconteciendo en nuestro mundo.

En junio de 2011 en un artículo al que titulé “Los errores que nos están conduciendo hacia el desastre”, enumeré los que considero que son nuestros cinco errores principales:

“1º El desinterés por acceder a una información veraz sobre las causas y la gravedad de la situación. […]. 2º El espejismo de que las ‘lejanas’ y cada vez más numerosas guerras no nos afectan directamente. […]. 3º La sensación de impotencia frente esta situación. Para esta élite [que gobierna el mundo] la gran masa es ignorante, torpe y fácilmente manipulable. Y lo somos realmente si no nos informamos, si no superamos nuestra sensación de impotencia y si no empezamos ya a actuar en conciencia y por dignidad, más allá de las supuestas ineficacia o utilidad de nuestras acciones. 4º La ilusión de que es posible una política sin dignidad. La pura sumisión a ‘los mercados’ no merece ser llamada política. Quienes, tras la publicación de miles de cables de WikiLeaks, aún no se hayan enterado del grado de sumisión de los más altos responsables de la política española a estos ambiciosos y belicosos lobbies que están llevando a nuestro mundo al borde del abismo, ya no pueden alegar ‘yo no lo sabía’. Pero a pocos de nuestros electores se les ocurre el condicionar su voto a la no colaboración de nuestros propios políticos nacionales con esos lobbies anglosajones depredadores y criminales. Ellos piensan globalmente, la gran masa social aún no. 5º La fantasía de que es posible la dignidad sin la política. […] Las campañas de descrédito de la política (no de los políticos indignos sino de la política en sí misma) sólo hacen el juego a esos mismos clubes cuyo objetivo final no es otro que el de conseguir que los estados (y por tanto la voluntad de los pueblos) queden totalmente supeditados a ‘los mercados’, es decir, a las directrices económicas cada vez más opresivas que nos imponen ellos.”

En mis anteriores artículos en mallorcadiario.com he tratado ya bastantes cuestiones relacionadas con los dos primeros puntos de estos cinco que acabo de enumerar. Ahora estoy reflexionando en torno a los tres últimos. Me refiero en los tres casos a sensaciones demasiado subjetivas y distorsionadas de la realidad, a verdaderas ilusiones ópticas o espejismos que se convierten en un grave obstáculo para aquella transformación de nuestro mundo que todos anhelamos. En realidad, no somos en sentido estricto unos individuos separados de una realidad externa de la que podemos “pasar” o a la que, si somos personas solidarias, tengamos que transformar. Más bien, tan solo formamos parte de una sorprendente Vida que avanza inexorablemente en un prodigioso proceso evolutivo. Y eso significa que hay que actuar como si todo dependiese de nosotros pero, a la vez, hay que vivir con la certeza de que todo sigue su curso desde el Big bang hacia la Conciencia.

La historia de la ciencia en general y de la Física en particular es un continuo proceso de integración o unificación de conocimientos que son muy diferentes entre sí e incluso, con frecuencia, aparentemente opuestos. Quizá la más famosa unificación fue la que llevó a cabo Albert Einstein en su teoría de la relatividad: integró el espacio y el tiempo y a ambos con la gravedad, que desde entonces no será ya una misteriosa fuerza de atracción sino el resultado de la curvatura que produce la masa sobre el “tejido” espacio-temporal. Este genio, considerado la más importante personalidad del siglo XX, siempre supo reconocer otro tipo de integraciones realizadas por aquel a quien consideraba el verdadero sabio de su época, mahatma Gandhi. Son suyas estas palabras con las que resumo el contenido de este artículo: “Todo lo que hagas en la vida será insignificante, pero es muy importante que lo hagas porque nadie más lo hará”.

Y, con un contenido más explícitamente espiritual, también afirmó: “Creo en la unidad esencial de la persona humana con todo lo que vive. Por consiguiente, si una sola persona da un paso adelante en la vida, toda la humanidad se beneficia. Hemos de cumplir nuestro deber y dejar en manos de Dios toda otra cosa. La plegaria ha salvado mi vida”. Nunca estamos solos, nada ni nadie es insignificante. Sólo quienes traicionan la propia dignidad y la de su pueblo se salen del caudaloso rio de la Vida y se quedan solos (por muchos aduladores que los rodeen), solo esos se separan de la raíz y se convierten en insignificantes (por poderosos que puedan parecer). Lo paradójico es que, muchas veces, cometen semejante traición en nombre, precisamente, de su pueblo. Como antes hicieron los colaboracionistas franceses del régimen de Vichy y como hacen ahora todos aquellos que colaboran con el actual imperialismo que está derramando tanta sangre inocente. A pesar de todo, sigo anhelando, un año más, Bon Nadal para todos los cristianos, paz para todos los pueblos y consuelo para todas las personas afligidas.

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