La inteligencia emocional nos permite considerar nuestras opiniones como temporalmente correctas, mientras mantenemos una mente abierta a nuevas ideas. Todos tenemos que lidiar con los llamados “gigantes y cabezudos del alma”: la envidia, la rivalidad, los celos y el miedo.
Algunas pseudo líderes con baja autoestima y atrapados por su complejo de inferioridad proyectan en los demás su propia minusvalía psíquica invocando al manido complot “si no están conmigo es que están contra mi”. Exigen una adhesión inquebrantable y por eso se rodean de liliputienses emocionales, sumisos sin criterio ni capacidad critica.
Son personas con inseguridad crónica y sus relaciones interpersonales están impregnadas de desconfianza, sospecha, suspicacia y paranoia. No se relajan, su miedo constitucional les hace estar siempre en alerta. Dejan cadáveres por allí por donde transitan. Son analfabetos emocionales carentes del mínimo prurito empático. Manejan muy mal la envidia que causa estragos sobre el vínculo y ataca destructivamente la red interaccional. Su efecto determinante es la ruptura de vínculos. Destruyen el grupo.
La persona con inteligencia emocional es capaz de tomar decisiones adecuadas ya que en el proceso de toma de decisiones integra lo racional y lo emocional y se da cuenta de los factores emocionales presentes para que cada decisión sea apropiada y prudente. Y sobre todo es empática: se mete con facilidad en la piel del otro, capta sus emociones aunque no las exprese en palabras sino a través de la comunicación gestual.
En el PP balear tienen para las elecciones generales un caballo ganador (por cierto su hijo fue un gran jinete) y la mayoría lo sabe. Algunos, los menos, lo saben pero no lo tragan. Si la es-tupidez (no ver lo obvio) y las emociones tóxicas de algunos prevalecen sobre la racionalidad y la prudencia de la mayoría, el PP sufrirá un nuevo descalabro y no habrá integrado el aprendizaje derivado de sus últimos errores colectivos. Es decir no habrán hecho la tarea de analizar reflexivamente su debacle autonómica.
Ahora más que nunca, si tienen inteligencia emocional colectiva elegirán a la persona que tiene mayores dosis de liderazgo. Lo tienen a guevo. Ahora mas que nunca deben de exigirse elegir al líder mas adecuado al contexto actual. Como dijo el sabio Einstein “no podemos resolver nuestros problemas con los mismos modelos de pensamiento con los que los creamos”. El liderazgo supone talento, inteligencia emocional, habilidades sociales, empatía, condición de apertura, capacidad de integración, de comunicación y de conducción grupal.
Un buen líder multiplica y suma y por supuesto no resta ni divide. El PP necesita que algunos de sus integrantes se comporten como padres y abuelos evolucionados que sean simples asesores de la nueva hornada y de un nuevo proyecto. No necesita liderazgos primitivos. Se debe de instaurar un nuevo orden grupal donde no haya como en las guerras vencedores ni vencidos. Precisan convertir su potencionalidad destructiva en una potencialidad creativa. Los aspectos parciales deben de integrase en un nuevo orden mas evolucionado. Algo han avanzado porque aun que sigan teniendo conflictos internos han eliminado las disputas publicas poco ejemplarizantes. Parece que el mundo de las ideas prevalece sobre el mundo de las tripas y de sus diarreas.
Hoy en el PP balear tienen grandes inteligencias individuales que les puede llevar a un resultado colectivo satisfactorio. Como dice el prestigioso gruponalista vasco, Jose Maria Ayerra, “cuanta mayor heterogeneidad hay en un grupo, al servicio de un objetivo común, mayor potencialidad de desarrollo de este”. La palabra clave es tener unas metas comunes y comprometerse con ellas. Todos.
Si el PP no tiene “miopía del futuro” elegirá bien, tanto su líder como el equipo que le acompañara. Aquí no caben atajos. Según Westen hay tres elementos influyentes en el voto de los ciudadanos: los “sentimientos” hacia los ciudadanos, hacia el partido y hacia las ideas que estos representan. De ahí el éxito de Rivera. No hay que olvidar que la emoción es central para la toma de decisiones en muchas circunstancias.
Como dice el neurocientífico Manes “las encuestas sobre la aprobación (o desaprobación) a determinado político representan una radiografía de los síntomas, las consecuencias de un proceso personal y social donde las emociones constituyen un elemento que va mas allá de un sencillo ritual de campaña. Hay jóvenes políticos que parecen viejos, ya que llevan toda su vida en la política. No emocionan, es más de lo mismo.
Y nunca hay que olvidar la ley de oro de la estupidez humana, según Cipolla “una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para si o incluso obteniendo un perjuicio”. Hagan sus debates internos, sigan lavando los trapos sucios en casa y no se comporten, otra vez de forma estúpida. Es decir tengan inteligencia emocional colectiva. El líder lo tienen y ustedes lo saben. En la vida no hay respuestas hay opciones y las victorias pírricas solo llevan a estar en la oposición.



