Empieza la campaña electoral y con ella la magia de los políticos. Miren esto: me cuentan que un empresario de un pueblo recibió la llamada de Unió Mallorquina para visitarlo. Ueeep, ¿y qué les digo? El empresario, que quería quedar como Dios manda, llamó a varios amigos y más o menos se hizo la idea de que tenía que tener a mano un listado de preocupaciones: que si lo que se vende, que el tema del urbanismo, de la mano de obra, los impuestos, etcétera. No sé si no llegó a ensayar ante el espejo y todo. Un listado que daba para media hora. Pues bien: llega el día y allí aparece nuestro amigo Josep Melià y Munar (Miquel, el que antes estaba en el PP). Nuestro hombre los ve venir porque, antes que los dos dirigentes, venían varias televisiones con todo su despliegue y parafernalia. Llegan a la puerta de su empresa y entonces las teles les hacen una entrevista a los dos políticos, con la fachada de la empresa de fondo. Un allegado a nuestro empresario escucha a ver qué dicen, no sea cosa que el guión preparado haya que cambiarlo de urgencia. Pero no, les interesa averiguar las preocupaciones de la industria, que si el comercio, que si la sociedad balear tiene que tener alguien que los defienda, etcétera. Ustedes verán lo que pasó: acabada la entrevista con las televisiones, el empresario ve, atónito, que los políticos se marchan; que no entran en su empresa, que ni se asoman, que nadie le va a preguntar nada, que su discurso puede ir a la papelera antes de ser recitado. ¿Pero es verdad que le dijo a la televisión que iban a entrevistarse conmigo? Y tanto, como que esa noche sale en algún telediario, diciendo que UM estaba interesada en el empresariado. Hasta hoy. Y suponemos que hasta el día de las elecciones. ¿A qué es maravilloso?



