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La senda de la vulnerabilidad

jueves 22 de julio de 2021, 08:59h

Que duda cabe que la senda es la vida que construimos. Todos los que podemos gracias a Dios, este amanecer, estamos vivos. Que mejor argumento que estar y mostrarse agradecido. En estos momentos, mi biografía, esta jalonada por padres mayores, ancianos, con enfermedades cerebrales degenerativas, que les roban cachos cada vez mas importantes de su autobiografía pero que todavía les permite re-conocerme. Que agradecido estoy cuando sus miradas vuelven a estar fértiles y sus recuerdos del pasado que repiten una y otra vez para no perderlos y que todavía no destruidos por al tsunami devastador que convierte en lapidas sus neuronas, me devuelve a mi infancia, en la cual yo también era vulnerable, indefenso, asustadizo y precisaba de sus cuidados amorosos, generosos y cálidos para seguir creciendo. Es una bendición para mí, compartir cada vez más tiempo, con ellos. Cada día rezo por ellos y esto me reconforta.

Me duele verlos así pero el amor incondicional que siento por ellos me rescata una y otra vez. Les estoy agradecido por que su legado, además del ADN, que me trasmitieron, es mostrarme lo que somos los seres humanos, con nuestras compañeras de viaje inseparables: la vulnerabilidad, la indefensión, la dependencia, el deterioro y la muerte. Conectar con nuestra vulnerabilidad intrínseca y mostrarla es un signo de madurez y de autocuidado compasivo. Que bien, a mis casi 64 años, estas dosis regaladas de re-humanización, antídotos contra el infantilismo y la omnipotencia, que me acompañan, todavía. Es la pócima perfecta para seguir des-idealizandome y recordándome que nunca he meado colonia y que mi mierda sigue oliendo.

Todo es temporal. Todos morimos. La vida es finita. Por eso, como somos el tiempo que nos queda por vivir, y no sabemos nuestra fecha de caducidad, les doy, lo más valioso que tengo, mi tiempo, intentando devolverles, todo el tiempo y el cuidado que me han dado. El cuidado trasciende la muerte, de la que tanto hablamos y que siempre nos sorprende el día, la forma y la hora que sucede. La vida se repite una y otra vez hasta que aprendemos las lecciones que debemos y algo está claro: el amor salva nuestras vidas.

Lo peor de la muerte es que te amargue la vida y nunca hay que enterrar vivo a nadie. Corren tiempos complejos y difíciles. Uno de los poemas de Rudyard Kipling “Sí”, dice en la primera línea: "Si puedes mantener la cabeza cuando todos los de alrededor pierden la suya ...". Es un poema de afrontar y superar la adversidad y los tiempos revueltos y llenos de incertidumbres. Y para acabar un poema, muy relevador, de Fritz Perls, la “Oración Gestalt", escrita en 1969.

"Fe".

Conviene leerlo y muchas veces.

“Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo.

Yo no estoy en este mundo para llenar tus expectativas,

Tú no estás en este mundo para llenar mis expectativas.

Tú eres tú y yo soy yo,

Y si por casualidad nos encontramos, es hermoso”

Ya saben en derrota transitoria pero nunca en doma. Buen verano. Opte por fabricarse un gran síndrome posvacacional.

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