Las mallorquinas de la Flotilla llegan a casa sanas y salvas

Este lunes, la Global Sumud Flotilla ha cerrado su capítulo mallorquín con la llegada a Palma de las últimas integrantes de la expedición: Lucía Muñoz, Reyes Rigo y Alejandra Martínez. Se trata, sin duda, de un motivo de alivio: tres mujeres que emprendieron un viaje complejo, arriesgado y bienintencionado, han regresado sanas y salvas, y eso siempre merece reconocimiento. La seguridad y la integridad de quienes se embarcan en estas aventuras debe ser lo primero.

Sin embargo, más allá de la pericia logística y la cobertura mediática, es inevitable preguntarse por el verdadero impacto de esta operación. La llamada Flotilla se presentó como un gesto solidario hacia la población gazatí, pero la realidad es que su aportación práctica ha sido esencialmente inexistente.

La peripecia ha generado titulares, fotos y debates en redes sociales, pero no ha traducido ese ruido en mejoras tangibles para quienes dicen querer ayudar. La distancia entre la intención declarada y el resultado real resulta innegable.

En este sentido, la llegada de las mallorquinas permite una lectura doble: por un lado, la emoción de un retorno seguro; por otro, la constatación de que el activismo puede transformarse en espectáculo cuando se prioriza la visibilidad sobre la eficacia.

La flotilla ha cumplido su cometido en términos mediáticos, pero no en términos humanitarios. La solidaridad no se mide en fotos frente a un puerto ni en titulares de prensa; se mide en alimentos que llegan, en medicinas que se distribuyen, en programas que mejoran la vida de los más vulnerables.

Celebrar el regreso sano y salvo de Muñoz, Rigo y Martínez no debe confundirse con celebrar un logro humanitario que, objetivamente, no se ha producido

Por tanto, el reconocimiento que corresponde es, precisamente, el que se limita a la seguridad de las participantes. Celebrar el regreso sano y salvo de Muñoz, Rigo y Martínez no debe confundirse con celebrar un logro humanitario que, objetivamente, no se ha producido.

En este sentido, las buenas intenciones necesitan acompañarse de resultados concretos. De lo contrario, se corre el riesgo de que la solidaridad se convierta en un relato de autopromoción, y que quienes realmente necesitan ayuda continúen esperando.

Todo ello, unido a la firma este lunes en Egipto del plan de paz de Donald Trump para Gaza, convierte en absurda e inútil la huelga general por Palestina convocada por los sindicatos mayoritarios UGT y Comisiones Obreras, junto a otras organizaciones sindicales minoritarias.

Dada la irresponsabilidad de las entidades convocantes, incapaces de admitir su actuación desmedida y a destiempo, sólo resta confiar en que la incidencia de la huelga en los servicios públicos sea mínima y se respeten y cumplan los servicios mínimos aprobados el pasado viernes en Consell de Govern.

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