La eficacia política impulsa una revolución juvenil en el campo balear

En un contexto donde el turismo y la vivienda acaparan titulares, Baleares demuestra que el campo también tiene futuro. Jóvenes que apuestan por la tierra y una respuesta sanitaria eficaz frente a la lengua azul marcan el rumbo de una nueva etapa rural.

A veces basta con ubicar a la persona adecuada en el puesto adecuado. Alguien que conozca el ámbito en el que debe desenvolverse, que haya vivido de primera mano las necesidades de quienes ahora representa. Porque no nos equivoquemos, la política debe estar al servicio de las personas, y no al revés. Durante años, pareció más bien lo contrario.

El mundo agrícola y ganadero ha vivido décadas de éxodo, relegado a un cajón y con escaso protagonismo pese a sus enormes reivindicaciones y necesidades. Pocas veces se había puesto negro sobre blanco la realidad de miles de agricultores y ganaderos que cada día trabajan y labran nuestras bien amadas islas.

La llegada del conseller Joan Simonet ha supuesto un soplo de aire fresco para el campo balear. Una bocanada de aire que ha reflotado las posibilidades de supervivencia del sector y ha logrado atraer a un público que parecía más vinculado al mundo tecnológico o turístico. “Cerca de 110 jóvenes al año apuestan por el campo”, recordó Simonet. Es la media más alta de toda España. Harían bien algunos responsables del Estado en mirar hacia las islas para analizar qué se está haciendo aquí de forma diferente para seguir atrayendo talento joven.

Hacer las cosas con coherencia y bien podría ser la frase que define a esta conselleria. Más allá de anuncios pomposos o proyectos grandilocuentes, Simonet parece apostar por la sencillez y la eficacia.

La conselleria supo ver el problema con la lengua azul e impuso una vacunación obligatoria que solo se aplica en Baleares

Cierto es que muchas explotaciones del campo balear siguen produciendo con pérdidas y que la rentabilidad continúa siendo una asignatura pendiente. Pero el conseller tiene clara la hoja de ruta: actualizar las explotaciones y ofrecer herramientas para mejorar, crecer y mantenerse como un sector más dentro del mercado empresarial balear. Y parece que los jóvenes lo están percibiendo así, porque nadie se sube a un barco que hace agua.

El gran trabajo de Simonet se ha visto también en la contundente respuesta ante la lengua azul. El conseller no se escondió en su entrevista con este medio e hizo autocrítica: “El año pasado no pudimos dar la respuesta que queríamos porque no había vacunas”. Ahora bien, desde entonces la conselleria ha recuperado el terreno perdido. Ha impuesto la vacunación obligatoria y, con la nueva variante, se ha anticipado y cortado el problema de raíz. No hay repuntes: los brotes se han identificado, tratado y controlado.

Eficacia y conocimiento del medio. No hay más. La conselleria supo ver el problema e impuso una vacunación obligatoria que solo se aplica en Baleares. Sí, señoras y señores: Baleares es la única comunidad española que obliga a vacunar frente a uno de los virus más peligrosos que ha golpeado a la ganadería española.

Pocos peros pueden ponerse ahora mismo a la Conselleria de Agricultura, Pesca y Medio Natural. Tal vez el gran reto pendiente sea garantizar que las explotaciones ganaderas de Mallorca continúen su labor pese al desmantelamiento de AGAMA. Si logran superar ese escollo, el balance será difícil de discutir y fácil de ensalzar.

Está claro que trabajo pendiente no le falta al conseller. Pero su actitud encarna justo lo que cualquier ciudadano espera de sus representantes. Hacer la vida diaria más sencilla, no más complicada. Si ese compromiso se mantiene, Baleares no solo será un destino turístico, sino también una tierra que cultiva futuro.

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