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Lunes melancólicos

jueves 05 de marzo de 2020, 09:30h

Alguien dijo que la melancolía es un regalo temible y añadió que ¿que ha de ser sino el telescopio de la verdad? Mis lunes son días propicios para la bajada de biorritmos al sótano, mi serotonina hace huelga y mis ritmos circadianos tienen más grietas que la capa de ozono. Allá donde voy mi presentismo es peor y más estéril que mi ausencia. Probablemente sea genético y no tenga nada que ver con el estrés meteorológico, la crisis de los 62, el sistema decimal métrico, el efecto invernadero o el maldito Coronavirus. No mejoran ni en mi tierra turolense y como todavía no ha aparecido en el DSM VI (la Biblia apócrifa de los psiquiatras americanos) no me puedo etiquetar de enfermo y tomarme la píldora del lunes. Ya no soy ignorante ni niego mis lunes semi apocalípticos. Cultivo todo lo presunto, Me siento en paz cósmica no dejo que ni un átomo de felicidad la nuble. Aprovecho para cuestionarme activamente el presente y ensanchar mi cosmovisión poro todo con humildad y sin un átomo de autoexigencia. No existe coartada más perfecta que el lunes melancólico. Construir un buen lunes depende de cómo te lo montas el fin de semana, si lo has disfrutado es normal que tengas un lunes vidrioso y nostálgico, con la visa cerebral en ámbar. Para muchas personas toda la semana son lunes melancólicos y eso obliga a una obligada introspección o a hacérselo mirar por un especialista. Recientemente he descubierto que mi música límbica solo mejora oyendo al Mesías de G.F. HÄndel, lo que abre nuevas alternativas en el campo de la musicoterapia.

También voy a explorar el ayuno ayurvedico y el intermitente, así como la lectura de los salmos tras renunciar por ineficaces a la gemoterapia, homeopatía, flores de Bach, cocido madrileño, a la excelente lechona mallorquina, al magnifico cardenal de Lloseta y a la excelsa ensaimada de piñones, que dejo para el resto de los días de la semana. Leer me bloquea y me deprime. Ni siquiera los enfermos bipolares en fase maniaca soportan los lunes. Y he desarrollado una autentica fobia a salir a cenar, (bueno esto debe de ser el precio de tener 62 años, porque me suele pasar el resto de la semana). El salir a cenar fuera los lunes es el mejor test de una buena amistad. Y amigos hay muy, muy pocos. Si quiere conservarlos no se le ocurra invitarlos el lunes. Si le invitan a usted, cuestiónese la calidad del presunto amigo. Lunes y cenorra fuera de casa me hunden en la miseria y bajan mi glutamato al sótano. Sus daños colaterales duran hasta el próximo lunes. Es una megadosis que masacra mi intestino que deja de ser mi segundo cerebro. En fin, el lunes es el día idóneo para practicar la autocompasión y el mindfulness. Viva los lunes que nos rehumanizan y que demuestran la imperfección de nuestras vidas. Afortunadamente solo dura 24 horas y me permite ir tirando toda la semana. No deseche ningún lunes de su vida. Que no le jodan sus lunes, son suyos y de nadie más. Viva mi icono transitorio de melancolía. Que bien entiendo el martes tras el lunes. Al fin y al cabo, los lunes son el pasaje imprescindible entre el domingo y los martes y así vamos hilando semana tras semana.

Solo los jueves puedo escribir sobre mis lunes.

Ya saben que no son responsables de la cara que tienen, pero sí de la jetorra que sacan a pasear los lunes.

Y recuerden que aun, aquí y ahora estamos en derrota transitoria pero nunca en doma.

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