Ayer, cuando me iba a poner a escribir este artículo, vi que el senador Sampol (el mismo que nos ha anunciado su retirada de la política decenas de veces) presentó en el Senado una serie de propuestas para ahorrar dinero. Cuando lo vi, confieso que me emocioné. Me dije: “este es mi Pere, aquí está. Los va a sorprender porque propondrá unos recortes ejemplares”. Pero no. Justamente cuando escribía las propuestas, tuvo un problema de memoria y se le olvidaron muchos gastos que yo le recordaré porque estos sí que serían millones de euros y sí que los verían mis ojos. Ustedes verán: Pere propuso suprimir las diputaciones pero, pillín como nadie, no dijo que también ahí ponía a los consells. No, eso no. Los consells, que son la misma cosa que las diputaciones, tienen un nombre diferente y no quedarían incluidos en su lista. Las diputaciones son una propuesta fantástica para Pere: no le afecta a nadie conocido y queda bien. Más: propone luchar contra los paraísos fiscales, que pillan por allá por el Caribe, pero no propone que el Parlament deje de pagar 40 sueldos a otros tantos empleados de partidos políticos (también el suyo), cuya enorme mayoría no tiene despacho en el propio edificio del Parlament y, por ende, ni marcan tarjeta, ni se sabe dónde están (ellos, porque su cuenta corriente sí se conoce). Pere propone acabar con los privilegios de los títulos nobiliarios (que también deben pillar por el Caribe) pero no dice una palabra de la larga lista de asesores y enchufados que su partido tiene en las diversas áreas en las que gobierna y que permite engrasar la maquinaria electoral. Ay! Mi gozo en un pozo. Ahorros, sí, pero de los que no nos afectan. Uy, de esos todos tenemos muchos.



