Un entrenador de fútbol de cuyo nombre no quiero acordarme se lamentaba en cierta ocasión de haber firmado a una de las estrellas de su plantilla un contrato de cinco años. Aquel jugador bajó su rendimiento de manera tan notoria que fue traspasado antes de agotar dicho plazo.
Los actuales dirigentes del Mallorca han demostrado sobradamente su incapacidad para gestionar un club de fútbol profesional y, por muchos matices que se den, la Segunda B no es precisamente amateur. Cuatro temporadas a Abdón Prats, a Lago Junior y a Raillo, tres a Marc Pedraza, etc, etc no solamente representa una importante hipoteca para el club, sino un argumento disuasorio para cualquier futuro comprador. ¿Lo sabe Sarver?.
El perfil de los fichajes, así como su edad, no justifica la medida, sino que más bien la desaconseja. Adivinar qué se esconde detrás de una medida precipitada e incoherente invoca un misterio de idénticas proporciones al que se esconde detrás del mismísimo desembarco de los millonarios de Arizona.
El actual ya ya farragoso caso Neymar pone de manifiesto una vez más que el futbolista siempre tiene la sartén por el mango, se va cuando quiere ante la indefensión total de los clubs. Razón de más para no pillarse los dedos con compromisos a largo plazo que únicamente se cumplen si el contratado no rinde lo esperado. En caso contrario, se va o te lo quitan y ni siquiera al precio justo.
Molango y Recio o Recio y Molango; tanto monta, monta tanto.





