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Joan Sureda o vivir la aventura en el interior de un lienzo
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Joan Sureda o vivir la aventura en el interior de un lienzo

Habíamos tomado café y Francisca me comentó que ya estaba preparada y yo asentí una vez que repasé unas anotaciones en mi cuaderno. Salimos de Palma para cubrir unos cincuenta kilómetros. Nos dirigimos a la finca Es Mal Pas situada a las afueras de la localidad de Santa Margarita, lo que llamamos; “fora Vila”. Otro día de esos en los que el sol comanda en el cielo y las previsiones meteorológicas apuntan a que va a ser así toda la jornada. Llegamos a nuestro punto de destino y el protagonista de esta entrevista, nos esperaba en manga corta a la orilla del camino para indicarnos la entrada…

¡Bienvenidos! Espero que os sintáis cómodos. Os he preparado una coca de trempó con anchoas, pan y sobrasada casera y una copa de vino para merendar. – ¡Vaya! Buena manera de comenzar. Qué bonito este lugar – le contesté.

Sí, esta casa es muy agradable. Cerca del pueblo y al mismo tiempo tranquila, con su terrenito, sus pozos árabes, así nunca falta agua para regar naranjos, limoneros, manzanos, acelgas, alcachofas, etc.

Joan Sureda Torres, nace el 12 de diciembre de 1961 en la localidad mallorquina de Santa Margarita, el mismo año en el que Yuri Gagarin se convertía en el primer ser humano en viajar al espacio exterior, The Beatles actuaban por primera vez en el Cavern Club de Liverpool, Sierra Leona y Kuwait se independizaban del imperio británico, el ejercito de la Alemania socialista, levantaba el Muro de Berlín cerrando el sector occidental con vallas y alambre de espino, España retiraba sus últimas tropas de Marruecos, se publicaba la primera página de; 13 Rue del Percebe, Adolf Eichmann era declarado culpable por muertes contra la humanidad, nacían; Nadia Comàneci, Barack Obama, Carl Lewis, Enya, George Clooney y, fallecían; Gary Cooper, Chico Marx y Ernest Hemingway, entre otros, se estrenaban; West side story, Desayuno con diamantes , Viridiana de Buñuel, Los juicios de Núremberg, Lolita de Stanley Kubrick basada en la novela de Nabokov.

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Hijo de Macià, de profesión albañil, natural de Manacor y de Bárbara dedicada a las labores del hogar, natural de Santa Margarita. El matrimonio solo tuvo un hijo, Joan.

¿Qué imágenes de la infancia habitan en su memoria?

La alegría en casa, en la calle, la diversión con mis amigos, volvería a repetirlo todo. Una de las cosas que añoro es la de poder dejar la llave en la puerta. Recuerdo los viajes en tren para ir a Palma, o con mis compañeros haciendo autostop con solo nueve o diez años. Era costumbre desplazarse así si el trayecto era largo, para movernos en el pueblo, usábamos la bicicleta. Nos conocíamos todas las fincas palmo a palmo, en una robábamos albaricoques, en otra cerezas, o almendras. Aún perdura la amistad y de vez en cuando nos reunimos para una cena y rememoramos aquellas inocentes aventuras.

¿De niño ya se interesaba por la pintura?

No recuerdo a qué edad, pero era muy joven cuando ya me pasaba tiempo pintando, pero sobre todo me entretenía con las manualidades y era muy mañoso. Me construía motos con “caramutxa”.

La “caramutxa” es una hierba de aspecto leñoso que se utiliza como cañizo para secar los higos, es muy manipulable para darle formas.

¿Qué tal se le daba estudiar?

Solo me gustaba dibujar y las manualidades, fui un rebelde que aprendí a escaquearme y a veces a superar asignaturas copiando a mis compañeros.

Siendo adolescente prepara la primera exposición…

Fue a los dieciséis años y vendí todo lo que estaba colgado. Presenté un trabajo figurativo y al tiempo surrealista, pero al poco abandoné Bellas Artes, me aburría, y estudié de delineante por un año y medio en prácticas con un arquitecto, aprendiendo a usar y manipular el papel vegetal, a dominar el roting, la escuadra, el medidor, etc.

¿Y cómo continúa esta historia?

Pues con veinte meses en la mili, donde me lo pasé de fábula. Fuimos varios quintos de mi pueblo a la misma compañía y juntos alquilamos un piso en el paseo marítimo de Palma. Al igual que con la infancia, también repetiría aquellas vivencias únicas.

Por aquella época, la persona que ahora es mi mujer ya era mi novia (Margarita) y no tardamos en casarnos y del matrimonio, llegó nuestro hijo, Joan.

Se inició una etapa diferente en mi vida, trabajando como representante comercial, distribuíamos productos para hostelería, para restauración y supermercados, durante catorce años, y de alguna forma aparqué la afición por la pintura. Luego trabajé en telefónica como responsable de Baleares de las cabinas telefónicas, durante veinte años. No tenía tiempo para nada, me llegué a agobiar, el trabajo era muy intenso. En ese tiempo hice pruebas para fabricar una cerveza artesana, licores propios, etc.

¿Y la pintura?

Ciertamente fue mi mujer quien me rescató. Ella que me conoce a la perfección, veía el agobio que me producían mis tareas profesionales, un exceso de estrés con el que ya no podía continuar y pensó que regresar a la pintura me calmaría y así fue. Me regaló un maravilloso maletín de pintura, yo siempre había pintado en blanco y negro y en tinta china, pero ahora iba a recrearme. Recuerdo que me dijo; toma, relájate y encuéntrate a ti mismo. Eso cambió mi vida. Dejé Telefónica y entré a formar parte del equipo comercial de Proa automóviles, donde me siento feliz. La responsabilidad no es la misma y tengo tiempo para el arte.

Otra vez se mete en el estudio y retoma sus pinceles.

Recuperé mi pasión interior, comencé pintando paisajes, marinas y aquello que hacemos los aficionados, aunque mi intención era dar otro paso, otra vuelta de tuerca. Ir hacía el horizonte. De hecho en los primeros meses acumulé numerosas telas, necesitaba ejercitar las manos y la mente y no paraba. Regalé muchas de esas pinturas y de las antiguas que tenía guardadas y di un giro, me puse a realizar obra nueva, con otros conceptos, con nuevos formatos, tamaños más grandes. Aparqué el óleo y el acrílico irrumpió en todo. Sin darme cuenta estaba encontrando la fórmula para personificar mi obra.

Veo en sus telas que hay una serie de elementos que le acompañan

Trabajo colecciones, frutas de todo tipo a las que doy una dimensión gigante, instrumentos musicales, el mar y sigo haciendo uso de la figuración y del surrealismo, y he evolucionado en la fusión, en introducir conceptos en forma de mensajes, metáforas. Fragmentos de edificios emblemáticos en un paisaje fantasioso.

¿Qué escogería de sus exposiciones?

Una colección titulada; “Harmonia de Blaus”, pinturas y audiciones, que llevamos a cabo mi hijo Joan y yo. Él es músico de conservatorio y toca el piano. Quién asistía a la muestra se encontraba a una persona que hacía sonar los Preludios de Debussy para piano, al tiempo que iba narrando el significando de unos lienzos y su vinculación con la música. Las fantasías, las leyendas de una catedral bajo el agua, el sonido del viento, el tañer de las campanas, alguna partitura que volaba en su superficie.

Y entre tantas muestras en un lugar y en otro, también cabe destacar la acogida de la exposición en Bolzano, Italia.

A veces la medida no es la justa, ni tan siquiera la que nos revela la filosofía de la experiencia. A veces nos colocamos frente a nuestra rutina y creemos que dominamos la situación, pero un simple despiste en la orientación, nos lleva a tener un tropiezo, a tomar una senda equivocada. A veces acertamos con la decisión, captamos una señal de infrasonido y encontramos la salida de un laberinto que no sabíamos que nos retenía. Esas determinaciones nos dan un respiro. Y eso se desprende de las lecturas fascinantemente alegres de Joan Sureda. Parece que continuamente encauza la luz en la oscuridad, como una explosión de colores, naranjas, azules, rojos, verdes, que resurgen de la penumbra.

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Algunos apuntes que iban quedando en una hoja suelta…

En la actualidad considero que mi pintura ya no es tan espesa, soy más minimalista.

Primero hago bocetos en papel, luego los paso a tela.

Normalmente trabajo hasta altas horas de la madrugada.

Pinto en un sótano.

Hay obras de las no me gustaría desprenderme nunca.

Mi hijo vive como profesional de la música y reside en Menorca y me encantaría repetir un día, la experiencia a dúo, música y pintura.

En sus colecciones aparecen ejercicios para carteles, erotismo, naturaleza, retratos, molinos, estructuras arquitectónicas y referencias a su pueblo, con dedicatorias a la fiesta de La beata.

Si rebuscamos entre sus aficiones, ¿con qué nos encontraremos?

Antes viajaba, visité muchos países, la antigua Checoslovaquia, el Pirineo, toda Andalucía y prácticamente toda España, ahora ya no lo hago, pero era una buena afición. Me sigo dedicando a realizar trabajos manuales, artesanales, a las meriendas con los amigos y a la más mínima, a meterme en mi llaüt y mar adentro, a pescar donde la calma es incomparable.

¿A qué artistas nombraría como influyentes o admirados?

Dalí, desde la primera vez que vi sus quesos derretidos, Joan Riera Ferrari por sus imponentes y particulares paisajes rocosos y una extensa lista.

¿Cómo es en su día a día?

Me levanto pronto para ir a trabajar y atiendo a los clientes que asisten a mi departamento. Me siento satisfecho con mi tarea profesional.

Soy una persona tranquila y familiar, adoro a mi nieta Marina, me apetece estar con la familia, en lo profesional, ser comercial me ayuda a mejorar los aspectos sicológicos. No tengo manías, no tengo alergias, no soy friolero… - Me mira y sonríe, sabe que yo sí.

¿Qué ocurre cuándo esta solo en su estudio?

Pongo una tela en horizontal, cojo el pincel o la espátula, los pigmentos y me evado, el tiempo no existe, la respiración cambia, me siento sosegado.

Lo vi caminando entre las hierbas y tuve la impresión de que su cuerpo formaba parte de la naturaleza. Percibí la mueca socarrona de uno de los naranjos cuando se acercó para tocar sus frutos. Al tiempo estaba describiendo un trazo con un pincel imaginario, una tela que sin saber de donde acababa de aparecer, una granada y un caproig gigantes, un instrumento musical o los vitrales de la Catedral de Palma, de fondo la alegría del “Otoño” de Vivaldi y sobre la mesa un vino tinto con el que brindamos por aquel generoso día.

No me considero un buen chef pero os voy a invitar a comer algo típico que deseo os guste.

Nos preparó un arroz brut caldoso, con tordos. Aquello emitía un aroma a tiempos lejanos, elaborado en barro, a fuego lento y servido en platos de barro, acompañado de rabanitos y un buen vino, mientras la chimenea iba consumiendo un tronco tras otro. Luego llegó el turno del postre, con la clásica coca dulce, con sobrasada y calabaza confitada. Café y amazona, con la temperatura ideal de aquella sala y la deliciosa gastronomía ¿Qué más se puede pedir?

Francisca y yo le agradecimos su atención y él, hizo lo propio con nosotros, convidándonos para una próxima.

Me fui con la sensación de haber conocido una parte oculta de la trayectoria de un artista que dice que todavía le queda mucho terreno por explorar.

Para más información: www.joansureda.com

Texto: Xisco Barceló

Fotografías: Francisca R Sampol

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