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Nando Esteva o la composición vertebral de la fotografía
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Nando Esteva o la composición vertebral de la fotografía

Nando Esteva o la composición vertebral de la fotografía
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Siendo un jovencito, comenzó a trabajar en la fotografía publicitaria. Con el transcurso del tiempo se especializó principalmente en el sector gastronómico, en la arquitectura, en la hostelería y en la fotografía artística, obteniendo prestigiosos premios y afamados reconocimientos. Nace el 3 de abril de 1979, el año en el que en España se celebran las primeras elecciones legislativas ocurridas tras promulgar la Constitución. En Sóller fotografiaban el avistamiento de un ovni. Margaret Thatcher, a la que apodarían Dama de Hierro era elegida para ocupar el cargo de Primera Ministra del Reino Unido. El cántabro Severiano Ballesteros conquistaba el torneo de Grand Slam más deseado por todos los golfistas; el Open Británico. Heywood “Woody” Allen estrenaba la que es considerada su obra más ilustre: Manhattan. --- Nando Esteva Medina es el segundo hijo de Rafael Esteva Parets, natural de Palma, delineante de profesión que colaboró con numerosos arquitectos y posteriormente con el Ayuntamiento de Palma y de “Charo”, Rosario Medina Jerez, nativa de Cádiz ocupada en labores familiares, padres también de Rafael.

¿Cómo era de niño?

Mi infancia transcurría en Palma en invierno, colegio, deberes, como cualquier otro escolar y las vacaciones de verano en el Port d’Andratx donde aprendí a nadar.

Recuerdo que los niños pasábamos muchas horas en las calles sin asfaltar y que me gustaba jugar con las piedras y que todavía había ovejas en algunos espacios de la ciudad.

A los ocho años sufrió la separación de sus padres.

Aquella situación le afectó de tal forma que por las noches se sentía inseguro en casa, se sentaba en su cama y no alcanzaba a entender lo que había ocurrido.

Con mi edad ese suceso me resulto algo traumático, de un día para otro mi vida había cambiado. Residía de lunes a viernes con mi madre y los fines de semana los pasaba con mi padre. Una de las cosas que podía compartir con él eran mis partidos de fútbol a los que me acompañaba y además nos agradaba hablar de las jugadas, yo siempre he sido futbolero. Al principio la relación entre mis padres fue algo tensa, pero no tardaron en solucionar sus desavenencias.

Para mí, mi padre fue un referente, me inculcó el valor de ser noble, me decía; recuerda que para recoger hay que haber sembrado antes. Era una persona muy positiva. Le dediqué mi exposición “rostros” a modo de homenaje.

Mi madre ha significado mi equilibrio, la he notado siempre a mi lado, dándome todo su cariño.

En la adolescencia estaba empeñado en encontrar a alguien perfecto en el amor y se mostraba muy exigente para mantener una relación, pensaba que así no le podría pasar lo mismo que a sus padres. Pronto apareció un trabajo que sirvió como vía de escape.

Desde los dieciséis hasta los veinte años trabajé para un fotógrafo hawaiano, para el que mi padre a veces hacía de modelo. Mi padre le llamó y nos marchamos a Hawái a reunirnos con él. Me contrató como ayudante y al principio me tocó barrer, mantener a punto los aparatos, echar la basura. Yo me fijaba en todos los detalles cuando íbamos a algún encargo, principalmente de arquitectura. Aprendí a revelar en el cuarto oscuro, los carretes que nos traíamos de los viajes, aprendí a manejar el zoom, los flashes, los trípodes y me independicé de la casa familiar. Tenía dinero para pagarme un alquiler y para hacer muchas cosas, pero me había convertido en un fanático de la fotografía y a veces mis amigos me invitaban a salir y en mitad de la fiesta ponía la excusa de que tenía que levantarme muy pronto. Me iba al laboratorio y corregía fotos y experimentaba. Era mi encierro particular. Me fijaba en la publicidad que hacíamos para las empresas mallorquinas, Eurocarnavales, Camper, mis primeros revelados, hacía de iluminador, viajábamos continuamente por el mundo, me sentía reconfortado.

Había avanzado mucho en aquella profesión, familiarizándose con la terminología; el enfoque, la exposición, la apertura del diafragma, la temperatura de color, el histograma, la sensibilidad del ISO, el balance de blancos, el zoom, la velocidad de obturación. Cada vez se sentía más confiado. Pero una contrariedad le hizo tomar una decisión determinante.

¿Qué ocurrió?

Nos había surgido una tarea en Grecia y justo coincidió con que mi padre estaba a punto de pasar por el quirófano. Yo en ese momento consideré que debía estar a su lado y cuando lo consulté al fotógrafo, este estaba en total desacuerdo echándome en cara que yo no era médico y que no podría hacer nada para ayudar a mi padre. Me amenazó con despedirme. Su actitud me decepcionó y le hice saber que no continuaría.

De la noche a la mañana me quedé sin nada, pero nunca me arrepentí de de abandonar a aquel tipo.

Visité una por una todas las agencias de publicidad, me apunté a un curso de mecanografía, porque lo cierto es que hubo un tiempo en el que yo quería ser periodista.

Una empresa de Palma me hizo un encargo, pero para llevarlo a cabo necesitaba de un material especial. Pedí dinero prestado porque no disponía de un millón de pesetas que costaba la cámara de fotos Hasselblad. Fui a Barcelona a comprarla y al regresar me encontré con la sorpresa de que esa empresa había dado el trabajo a otro.

En un breve espacio de tiempo pierde a dos de sus personas más queridas. Fallece su padre con solo 56 años a causa de un cáncer de pulmón y Ainhoa Carrillo, su mejor amiga que unos meses atrás había dado a luz a una hija.

Yo acababa de cumplir 22 años y se me hizo muy cuesta arriba superar la pérdida de mi padre y la de Ainhoa, aunque de ella pude despedirme con una compungida y profunda conversación.

Esas dos personas están siempre en mi corazón.

Entablé relación y conservo el contacto y la amistad con el médico que les atendió, el prestigioso oncólogo Christian Rolfo,

Christian Rolfo, es profesor en la División de Hematología-Oncología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland y Director de Oncología Médica Torácica y Ensayos Clínicos Tempranos en el Centro Integral de Cáncer Marlene y Stewart Greenebaum de la Universidad de Maryland (UMGCCC).

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Por sus trabajos publicitarios, personales y artísticos tanto en fotografía como en vídeo ha recibido más de 100 galardones a lo largo de su joven, pero sólida carrera. Premios Lux, Hasselblad Master Awards, Prix de Photographie de Paris Px3, Florencia-Shanghái, One Eyeland, Ipa, entre tantos otros.

¿Qué significa para usted recibir estas distinciones?

No me olvidaré nunca de la primera, ni de la segunda, recibida por mi colección “Rostros” para la que fotografié en mi estudio, caras de mucha gente y la dediqué a la enfermedad del cáncer y a la figura de mi padre.

Todos los premios los recibo con agrado, satisfacción y orgullo porque es la manera de que tu labor sea divulgada y reconocida.

La más reciente condecoración en Barcelona a finales de Noviembre en la XXVIII ceremonia de entrega de los premios Lux de Fotografía Profesional 2020, donde se le distingue con el máximo galardón, el Lux de Oro por su trabajo; “Lejanía”. Una colección que elaboró con hojas de su jardín y que con su creatividad interpretó fotografías antiguas de geishas, recordando un trascendental viaje a Kioto, Japón.

Y se hizo también con el Lux de Plata por su obra; “Tiempo”, en la categoría de Bodegón. Una advertencia para valorar el tiempo presente y el futuro, haciendo buen uso del mismo.

Debido al Covid 19, esta edición de Lux tuvo unas connotaciones especiales, aunque de manera virtual pude dirigirme al público y al jurado que estaba compuesto por prestigiosos profesionales y con todo el respeto a otros compañeros por los trabajos presentados. Pude agradecer el apoyo incondicional a toda mi familia, a mi mujer en el día a día y decirles a mis hijos que los sueños se consiguen con esfuerzo. Lo dediqué a mucha gente que me anima y aplaudí la labor de AFPE – Asociación de Fotógrafos Profesionales de España.

El estado de alarma le pillo de sorpresa, así que con una bombilla pintada de rojo y convirtiendo pasta fresca, harina y huevos en papel fotográfico, ideó un estudio provisional en un rinconcito de casa.

Precisamente estos últimos trabajos; Lejanía y Tiempo se forjaron en ese rudimentario laboratorio. En el confinamiento ejecuté cuatro proyectos, cuando habitualmente no pasas de tres al año. Pensando en que ante las dificultades no queda otra que agudizar el ingenio nació también una colección que dediqué a mis hijos y que titulé Pasatiempos, resuelta con tableros de juegos de mesa y elementos gastronómicos como piezas. Sopas de letras, damas, tres en raya, etc.

En definitiva, ha sido un tiempo aprovechado y productivo.

¿Cuáles son los métodos que utiliza para realizar un trabajo publicitario?

Recibo un encargo, generalmente de agencia y mi mujer y yo atendemos la solicitud. Es fundamental analizar y conocer la idea, el producto, para luego tomar una decisión.

Tras preparar el proyecto lo disponemos todo, a veces en localizaciones, otras veces en mi estudio. Habitualmente yo preparo todo el material. Incluso un encargo complejo, como pudiera ser el fondo del mar, me invento el decorado y aplico las texturas a los elementos seleccionados.

Trabajo con agencias de primera línea internacional, McAnn, BDDO, Craf, Proximity, entre otras.

Una visita a su web, nos descubre esta portada:

Creatividad, Originalidad, Transgresión.

Nos hemos especializado en publicidad, para arquitectura, diseño, arte, hostelería y gastronomía. Actuamos como asesores a empresas que pretenden campañas publicitarias de marca o de producto y trabajamos con el objetivo de aplicar ideas originales y transgresoras.

Se ha singularizado en la fotografía gastronómica, demostrando cuanto nos queda por descubrir a través de la capacidad de creación. Ha producido videos, sesiones de fotografía colaborando con relevantes chefs, en un tiempo en el que estos nos muestran también que la suya pude contemplarse como una labor artística. ¿Cómo valora esta etapa?

La trayectoria de Nando Esteva no se entendería sin proyectos culinarios. La fotografía gastronómica me permite compartir los conocimientos con grandes profesionales, al tiempo que mi creatividad y mi imaginación vuelan y se enriquecen.

Desde que en 1826 el ingeniero francés Nicéphore Niépce tomara la primera instantánea que se conserva, hasta el día de hoy, la fotografía ha jugado un papel transcendental con su servicio a la documentación de la memoria.

Las revoluciones sociales y culturales han motivado importantes cambios a lo largo de la historia y autores de diferentes épocas han dejado constancia con sus testimonios fotográficos.

No obstante y al igual que la ciencia y la tecnología la fotografía ha evolucionado y gracias a criterios exigentes, algunos profesionales en esta materia han asumido el papel que les corresponde. Han manejado su labor creativa con emoción y sensibilidad hasta convertirla en arte.

Este es el caso de Nando Esteva.

¿Qué es imprescindible en el contenido de una fotografía artística?

Sencillamente; el sentimiento y la pasión.

En su piel atesora un comienzo, un primer premio, un nombre, un país: China, dónde todo empezó. De ahí surgió otra de sus más recientes colecciones; “Origen”, que vincula ese inicio en China con Italia.

En su memoria, recuerdos de 25 años de profesión y la ilusión de poder celebrarlo algún día con toda la gente que le quiere y le aprecia.

En su corazón, la familia…

Mi mujer es una pieza clave en el funcionamiento de todos mis proyectos. Ella recibe propuestas y las filtra para que yo pueda ejecutarlas sin malgastar energía, al tiempo en que somos pareja y eso, a veces no combina bien. Gracias a Dios, este no es mi caso.

El concepto de familia para nosotros es primordial, como padre vivo una experiencia maravillosa. Mis hijos son lo mejor que me ha pasado. Si hay algo en lo que les insistimos, es en que sean buenas personas.

Es un ser poliédrico, abierto, visionario, flexible, multiplicador.

Ha conquistado universos a base de disciplina. Ha conseguido que el impacto de una imagen cotidiana trascienda más allá de los sentidos.

Ha desarrollado estrategias inauditas de las que se percibe su estilo por la composición personal e intransferible, ha evolucionado en su espíritu y en su mente al tiempo en que intervenía sobre la quietud y el silencio de una instantánea, ha lanzado un boomerang consciente de que puede regresarlo a su antojo, ha traspasado la frontera de las técnicas tradicionales y ha apostado por investigar y por escudriñar en razonamientos insondables.

Aún le queda terreno por escrutar y seguro que continuará en ese afán de crear sus propias esencias, de aflojar nudos arcaicos, de convertir lo surrealista en proximidad, de alternar la simplicidad de una fruta o de una hortaliza con la cadencia de un movimiento de ajedrez, de componer una escena remota y aderezarla con sustancias vegetales aromáticas.

Nando Esteva, deseo que tus dioses nos sigan acompañando.

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