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Pep Llambias o la palabra que vale más que las imágenes
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Pep Llambias o la palabra que vale más que las imágenes

Reconozco que me apetecía reencontrarme con Pep. Por suerte antes de acabar el año pudimos coincidir en una comida en casa de nuestro amigo común Pep Ferragut, propietario del Restaurante Ca’n Toni Moreno de’s Port de’s Canonge, con motivo de la entrevista para este periódico del también artista, Rafa Forteza. Anteriormente hubo un lapsus de tiempo en el que solo tenía noticias suyas a través de publicaciones. Siempre he admirado su carácter amable, la sencillez y la claridad filosófica de su puesta en escena.

Esta semana Francisca y yo nos dirigimos a su domicilio en Alaró, donde tiene el estudio taller.

Llamamos y la puerta automática se deslizó sobre el raíl... Pasad, os estaba esperando. El calor del hogar me hizo olvidar el frio calado en el cuerpo en el exterior, a pesar de ser un día soleado.

¡Qué buena temperatura tienes aquí!

Me paso tantas horas en este templo que no queda otra. De lo contrario, la humedad acabaría conmigo. En la planta baja tengo el taller estudio y en la planta superior, mi casa. Al fondo hay otra sala. Esto era una antigua fábrica de zapatos, como tantas que hubo y no hace tantos años en Alaró, este pueblo donde nací.

José María Llambias Rosselló, nace el 3 de noviembre de 1954, ese mismo día se estrenaba la película Godzilla en Japón y fallecía en Niza el pintor Henri Matisse, el mismo año en el que Elvis Presley grababa su primer disco, en Huelva nevaba por primera vez en su historia, se estrenaba la película; “Hay un camino a la derecha” con Paco Rabal y Julia Martínez, Bogotá era nombrada como capital de Colombia, fallecía la pintora mejicana Frida Kahlo, en la República Dominicana se registraba la temperatura más alta en su historia; 43 grados, Ernest Hemingway recibiría el Nobel de Literatura, en Haití, François Duvallier y en China, Mao Zedong se autonombraban presidentes de su país, nacían Ofrah Winfrey, John Travolta, Mario Albert Kempes, Michael Moore, Antonio Resines, Denzel Washington, Annie Lennox, James Cameron, Picasso presentaba su colección de 15 pinturas; “Mujeres de Argel”, y se mostraba también la obra; “El marxismo dará salud a los enfermos” de Frida Kahlo, triunfaba en el cine la película de Hitchcock, “La ventana indiscreta” con James Stewart como protagonista.

¿Con que recuerdo podríamos pasear por su infancia?

Debía de tener ocho o nueve años. Una hermana de mi madre vivía en Bunyola y me encantaba ir, porque allí se reunía lo mejor de cada casa. Las tertulias y fiestas que organizaba, me llamaban la atención. Para mí, era una aventura que cambiaba la rutina del día a día. Me sentía feliz rodeado de aquellos personajes variopintos (mi tía era un poco hippie), sus charlas, sus chistes, sus bromas. A veces a escondidas me sentaba en la centralita y escuchaba las conversaciones de la gente del pueblo y cuando mi tía se daba cuenta, me retiraba de la silla… - ¡Eso no se hace! - me advertía. Yo me enteraba de algún secreto inconfesable y mi tía lo sabía. Era muy divertido.

Pep es hijo de Jaume, de profesión administrativo y natural de Alaró y de María, ama de casa, nacida en Bunyola. Tuvieron tres hijos, por este orden; Andreu, Pep y Jaume.

Y usted ¿tiene hijos?

Tengo dos; Jaume que es Diseñador de Moda y que ha colaborado en proyectos importantes a nivel internacional y Fernanda que es actriz y que se está abriendo camino en el mundo de la interpretación, tras haberse preparado concienzudamente.

Durante su infancia descubrió que padecía asma y mantiene que eso y otras enfermedades por las que pasó cambiaron su carácter, influyeron en su personalidad.

Sin duda, ser asmático me creó más de un problema. Hay un momento en el que te fijas en los demás y te hiere la autoestima. Con tres o cuatro años recuerdo estar en una cama de hospital, con escasez de medicamentos. Cada quince días visita al médico, era muy pesado estar de aquella manera, y me desanimaba. No sé qué edad tenía cuando en casa me daban como una especie de papeles (que llamaban “paperets”), los cortaban y su olor a mentol tenía la misión de aliviarte. Aunque aquella pesadumbre era crónica.

Pep piensa que aquella circunstancia le ha condicionado en lo profesional y en lo personal.

Cuando estoy enfermo miro en mi interior, me analizo, me imbuyo en una maraña de preguntas. Me he vuelto hipocondriaco y algo maniático. Es una preocupación excesiva por mi parte, miedo, y a veces convicción de padecer una enfermedad, aunque el médico te diga lo contrario.

Entre los diez y los once años, también sufrí de fiebres reumáticas. Cuando me las diagnosticaron tuve que pasar seis meses en cama y escribía, pintaba, leía dibujaba, hacía manualidades, me traían barro y hacía figuras de belén. Padecía de dolor en el pecho, y en ese tiempo también tuve una hernia de hiato.

Recuerdo que dibujé unas viñetas que reproducían una parodia sobre el tenista Santana en el que sus dientes eran raquetas para golpear la pelota.

Caramba Pep, tengo la impresión de que estoy frente a una persona negativa…

¡No! Precisamente es la palabra que más me gusta. Me gusta decir; ¡No! Pero a lo que íbamos. No soy negativo, porque cada día me levanto con ánimo de tener algo que hacer, algo que superar. No me agrada dormir, es una pérdida de tiempo. Sí que es verdad que arrastro en mi cascarón las heridas de aquellas guerras, y como he dicho aquellas vivencias marcaron mi manera de pensar actual. Pero no soy negativo.

Durante un año fue al Colegio de La Porciúncula y abandonó decepcionado.

En el interior de aquellos muros que rodeaban el colegio, era como un gueto, ocurrían cosas y yo no quería soportarlas. Me escapé en más de una ocasión de aquel horrible internado y me iba con otros amigos hasta la playa para hablar con las turistas. Al regresar había castigos. Al final me expulsaron y debo decir que en casa me apoyaron y respetaron mis opiniones.

Usted como muchos chicos tuvo una adolescencia rodeada por la industria del calzado. Eso les permitía poderse ganar unos dineros y gastarlos en sus caprichos.

Era una época en la que había trabajo para todo el pueblo y había tanto que parecía que nunca se acabaría. Yo no era vago, me gustaba echar una mano a la familia y sentirme útil, y además de vez en cuando le pedías a tu padre que te buscara alguna labor extra y así te ganabas unas perrillas. Recuerdo el olor de la cola, de las pieles, los sonidos de los martillos, las hormas, los patrones. Fue un tiempo delicioso.

¿Cuándo se da cuenta de que quiere dedicarse al arte?

Siempre tuve esa sensación y ese deseo. Sabía que no quería otra profesión. De niño, estando enfermo en mi habitación ya soñaba que un día sería artista. Estudié y saqué el título de perito mercantil, luego hice la mili en aviación y al acabar, mi padre que ocupaba un cargo directivo me colocó en la Seat, con un horario cómodo que me permitía hacer otras cosas. Me monté un taller por mi cuenta en Palma y de vez en cuando iba allí y experimentaba. Cierto día, vendí una obra y me planteé; has vendido una pieza y has ganado más que con el sueldo de todo el mes. Abandoné un trabajo fijo y seguro y te aseguro que nunca me he arrepentido.

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Empecé a pintar pero sin ir a clase, quería aprender por mi cuenta. Y toda la vida he sido así, me gusta probar y hacer ensayos de laboratorio por mí mismo, soy tozudo en eso.

Entre los 23 y 24 años, casado y con un hijo, se coge un año sabático y viaja por Albania, Turquía, la antigua Yugoslavia, Rumania, Italia, para acabar afincándose en Francia. Allí toma contacto con el artista Tomás Horrach y crean una fuerte alianza amistosa. Con las obras debajo del brazo se presentan en galerías de Luxemburgo, de Colonia, de Dusseldorf y viven experiencias que Pep nunca olvidará. En esa época comenzó a introducir textos en sus paisajes.

Un día en Paris yo pintaba paisajes y comencé a ocupar espacio en la tela, con mensajes y poco a poco más espacio de texto, el pensamiento, el haiku, se convirtió en lo más relevante. El destino, el azar y la rebeldía, cada uno juega su papel en instantes tan determinantes.

Para quienes visitan la isla, incluso para residentes, la escultura Palma colocada en Passeig Sagrera, se ha convertido en foto imprescindible ¿Y para usted?

Curiosamente yo no tengo ninguna fotografía con mi escultura y me siento muy orgulloso de ella, aunque esa pieza en el fondo es una más de mis creaciones, no existe un antes y un después. Fue a concurso, ganó y la colocaron en un espacio en el que ha tenido una enorme repercusión.

Hay opiniones para todos los gustos. Hay quien la admira y hay quien la desprecia.

Eso pasa con todo. A mí, que no me gusta hablar de mis obras te diré que todo tiene un misterio. Esa Palma es la palma de la mano, es la palma de palmera y las letras están colocadas en vertical y el color rojo no es casual. Estas lecturas corren por las venas de la pieza, lo demás es opinable.

A medida que uno se va haciendo mayor…

Cada día me levanto con ganas de hacer algo, lo que sea, ir a comprar a una tienda, a ver el fútbol con mi amigo Rafa Forteza, con quien nos vemos casi a diario y mantenemos largos diálogos, nos nutrimos uno al otro. Siempre hay cosas para hacer, algo para aprender, cuanto más mayor, más buscas y más encuentras. Voy a dormir con dudas, preguntas y proyectos. La duda me mantiene vivo.

¿Alguna vez le ha pasado por la cabeza, empezar de cero?

Hay días en los que te sientes hecho mierda y no te sale nada de lo que te pretendes y venga darle vueltas, pero yo no sabría hacer otra cosa. Creo en el destino, y el mío me marcó el rumbo que debía tomar.

La metamorfosis de sus piezas se produce lentamente, un poco cada día o un poco más en cada tela. Una mutación en la que el paisaje rural y la naturaleza, se diluyeron y apareció una literatura misteriosa, enrevesada, que al tiempo convierte su obra en singular. El texto se apropia del protagonismo y esa transformación es la consecuencia a la que alude el artista en su empeño por adentrarse en el laberinto que le propuso el destino.

Ahí estamos, en mitad de la tierra y sin paisaje, cierra los ojos, imagina, como decía la canción de John Lennon, imagina un paraíso, un planeta para transitar por él, sin miedo.

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Paramos para tomar una copa de vino y un aperitivo, pero antes nos mostró un dibujo hecho a lápiz. Mientras Francisca captaba unas fotografías, yo contemplaba aquel gesto de su mano plasmada sobre un papel, como una hoja colgando de los últimos rescoldos del otoño y, tuve tiempo de emocionarme.

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Desembarcar en el muelle en dónde están situadas sus elementos supone encontrarse con un sinfín de metáforas…

Alma, Pájaro, Nube, Hoja, La anatomía del agua, La sien de la piedra, Jugar a lo perdido, Bajo la piel del agua.

Son visiones muy simples. Poemas visuales, a primera vista, elementales. Estoy en mitad del mar con mi llaüt y observo la primera capa, de pronto por debajo pasa un pez. Miro una piedra, imagino un posible organismo y esas percepciones las llevo al estudio y se completa la idea. Creo en lo que hago, confío en mí, Mi arte no es visceral, es pragmático, directo, mis composiciones son palabras o frases a las que adapto materiales industriales, madera, aluminio, luz.

Este llaüt al que aludido, de nombre Moisés, tiene una historia…

A veces me contento con ir hasta el Port de Sóller, pasear y contemplarlo. Una pequeña embarcación de seis metros en donde no falta de nada. Salgo con mis amigos y mientras ellos pescan o nadan, yo voy preparando el aperitivo. Son vivencias irrepetibles en mitad de la inmensidad.

Recuerdo la odisea en el primer viaje. Un amigo me llamó para ofrecerme su “barquito”, si lo quería, me lo regalaba. Acepté, y con la ayuda de una amiga lo reparamos y lo adecentamos durante varias semanas. Lo recogimos en el puerto de El Toro y tras ponerlo en marcha nos dimos cuenta de que solo avanzábamos a siete nudos y que no podía ser más veloz. Lo llevé todo el tiempo a máxima potencia hacia el Port de Sóller. En más de una ocasión dudamos… ¿volvemos atrás? – nos decíamos. Casi quemamos el motor y suerte que a la llegada, un marinero nos ayudó a amarrar. En definitiva, una aventura.

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En 1975 realiza en Alaró su primera exposición individual de pintura, más adelante en el Círculo de Bellas Artes de Palma, a principios de los noventa expone esculturas, extrapolando las señales identificativas de su plástica pictórica y mostrándose fiel en la ejecución de aquella idea. Objetos hechos a mano, a los que comenzó a incorporar neones. En la actualidad el nombre y la obra de Pep Llambias ha viajado a incontables espacios artísticos, galerías, ferias, museos, Arco, Arc Cologne, Art Miami, Venecia, Menorca, Ibiza, Madrid, Suiza, México, Braga, Guimarães, Turín, Valencia, Bilbao, Köln, Segovia, Ciudad Real, Murcia, Berlín, Algeciras, Sevilla, Nueva York, Cerdeña, Málaga, Alicante, Ámsterdam, son algunos de los lugares donde de manera individual o colectiva, ha expuesto.

Me quedo con unos apuntes que a modo de titular van surgiendo espontáneos, durante nuestra conversación:

- Las obras me transportan a tiempos lejanos, es un efecto de la memoria.

- Soy un ser impulsivo. Y otras veces me confieso miedoso con el paso del tiempo.

- Me gusta la duda, me ayuda a mantenerme, no tener las cosas claras, te provoca a investigar, los cambios son necesarios.

- Lo que me parece malo lo quemo.

- Soy una persona intimista, algo ermitaño. A veces me paso semanas sin salir de casa, solo a comprar el pan.

Su mirada es limpia, tanto como su peculiar acento, las gentes de Alaró, de Lloseta, de Binissalem, pueden presumir de poseerlo. Su entorno te abraza, porque en el fondo a Pep le satisface compartir, debatir.

Sus trabajos te hipnotizan, te provocan sed, hay algo de subliminal en los mensajes o tal vez sea la presumible transparencia con la que todos querríamos desenvolvernos, incluso sus sátiras actúan con anestesia. Lees aquella frase y si haces el ejercicio de releer, percibes que un detalle te pasó inadvertido y pruebas de nuevo. Esas oraciones se multiplican, esas frases se convierten en una tesis, esas palabras en una miríada de palabras, en incalculables apreciaciones.

¿Alguna vez desde que comenzó ha dejado de pintar o dibujar?

¡Nunca! Ni un solo día.

Por unos segundos me quedé impertérrito observando aquel fragmento de rama, letras mayúsculas y minúsculas que pretendían no descolgarse de su constante equilibrio, un cuerpo basculando, hilo de hierro, la gravedad, la intensidad, la fuerza, un punto donde sustentarse.

Así cumplíamos con el tiempo establecido para una entrevista más, que engrosará nuestra colección. Pep Llambias es un nombre imprescindible en la lista de los distinguidos y ahora también para nuestros lectores. Francisca y yo nos retirábamos. El día seguía resplandeciente en Alaró.

Texto: Xisco Barceló

Fotografías: Francisca R Sampol

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