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Pep Suari o el peso de la transparencia
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Pep Suari o el peso de la transparencia

Esta semana nos desplazamos hasta el núcleo de Pórtol perteneciente al municipio de Marratxí, donde nuestro protagonista tiene su guarida. Nos recibe con los saludos protocolarios y entramos en un lugar donde hacer un inventario serie arduo y complicado. Varias dependencias abarrotadas de objetos que vamos dejando atrás hasta que en la parte superior nos sentamos en su estudio y damos inicio a las preguntas, mientras mi oído percibe el primer clic de la cámara de Francisca.

¿Qué es para usted Argentona?

Es infancia, rodeados de montaña y a pocos kilómetros del mar, es libertad, es felicidad. Acabar de comer y coger la bici o caminar hacia la playa, ir a buscar setas o hacer las rutas de las fuentes en las montañas, salir de casa y no dar explicaciones hasta la hora de cenar. Robar fresas, higos, uvas a los payeses, pisar uva en tiempo de vendimia, naturaleza, amigos, confianza, familia, tribu. Sigo yendo a mi pueblo habitualmente y recuerdo con nostalgia aquel maravilloso tiempo.

Josep Suari Casabella, quien firma sus obras como Suari y se le conoce como a Pep Suari, nace en la comarca del Maresme, en Argentona el 11 de marzo de 1957, el mismo año en que lo hiciera el artista Miquel Barceló, el mismo en que se formó el grupo Quarrymen que luego se convirtió en The Beatles, el F.C. Barcelona inauguraba el Camp Nou, la Unión Soviética ponía en órbita el primer satélite artificial de la Tierra; el Sputnik, en Chile con UCV Televisión se realizaba la primera retransmisión de televisión del país, el cine mexicano lloraba la pérdida de su actor icono; Pedro Infante, en un accidente de avión.

Su padre Josep, contable y su madre Teresita costurera, tuvieron tres hijos, sus abuelos paternos, Joan y Rosa propietarios del bar del pueblo y los abuelos maternos Josep que era payés y Teresa que regentaba un estanco. Se tiene constancia que desde el año 1.700 toda la familia ha nacido en Argentona.

En Argentona además de la promoción permanente del Museu del Càntir que difunde el mantenimiento de la alfarería más tradicional y la promoción de los nuevos valores, también destaca la Fira de Ceràmica Argillà , la Festa del Càntir y la Fiesta Mayor de Argentona, siempre entre julio y agosto.

¿Qué tal fue como estudiante?

Siempre he dicho que tengo inteligencia emocional. Era un buen estudiante que no poseía buena memoria, pero en matemáticas, en dibujo y en idiomas sacaba diez. Si había que memorizar acontecimientos históricos, me perdía.

Con once años quería estudiar inglés aunque me obligaron a estudiar francés. A medida que fui creciendo era de los mejores en dibujo.

Y así hasta COU con dieciocho años. Hubo un tiempo en que estudiaba de noche ya que de día trabajaba como administrativo en Abanderado.

A la edad de catorce y quince años su vecino Antoni Ayné dibujante del Tebeo, le adiestra y perfecciona el dibujo.

En esos años de adolescencia también, estudia con Pablo Mañé…

Sí, él vivía en Mataró a unos tres kilómetros de casa. Era un señor muy culto, un argentino muy racional y con conocimientos universales del arte, principalmente de pintores americanos de los que no habíamos oído ni hablar y de repente comenzamos a admirar a Rothko, a De Kooning, a Kline. Era como si me untase un elixir de emoción en todo el cuerpo.

Yo trabajaba y tomaba esas clases durante el verano.

A los diecisiete viajo a Italia y a los dieciocho a Rumania y empiezo a darme cuenta de la importancia de visitar otras ciudades, conocer ortos idiomas, costumbres, gentes. Mi percepción se ampliaba, me interesaba por el paisaje mediterráneo, por el retrato, por el arte conceptual, por lo abstracto.

Posteriormente y con otros amigos de Argentona, apostamos por ir a clases de dibujo y pintura a Terrassa con el profesor Martínez Lozano que nos reconoció el esfuerzo de desplazarnos en coche en un trayecto de más de una hora y nos premió impartiendo las clases gratuitamente.

Gracias a él descubrí mi lado más visceral. Era pintar con la sensación de que se revuelve el estómago. Era el tiempo de tener que decidir que estudiar, yo estaba entre la fotografía y la pintura y me decante por pintar, aunque toda la vida he sido aficionado a la fotografía.

Pero usted de alguna forma seguía indeciso…

No me decidía a ir a Barcelona para hacer Bellas Artes porque veía a mis amigos que estudiaban y no sabían pintar. No encontraba la fórmula y hubiera marchado a cualquier lugar del mundo. Un día, mi madre escuchó una entrevista a Joaquín (Xim) Torrents Lladó en la que hablaba de la nueva academia escuela que estaba montando en Mallorca y me vine durante treinta días para conocer; la Escuela Libre del Mediterráneo. Al poco tiempo Xim también montó escuela en Barcelona, pero él atendía personalmente en la de la isla, a Barcelona asistía una vez cada quince días y al fin, me decidí con mi mujer María José que estudiaba magisterio y emprendimos la aventura de instalarnos en Mallorca. Yo tomaba clases y trabajaba como cocinero en el Restaurante Bon Lloc de Marratxí.

Seis años y medio duró esta relación. A los cuatro fui asistente y secretario de Xim Torrents Lladó. En los últimos cuatro me libró una Beca.

Aunque en la cronología vayamos unos años atrás ¿Qué puede contarnos de sus primeras exposiciones?

Mostré un montaje conceptual en una galería de Mataró y posteriormente obras de pintura clásica en Argentona, pero la que podría definir como mi primera exposición de relevancia, fue en el Museo de Mataró con mi amigo Eduard Comabella. Yo tenía veinte años y pertenecía a un grupo de arte conceptual. Con el apoyo de intelectuales de Mataró presentamos doce propuestas con exposiciones en la playa. Era muy llamativo y novedoso. Nos funcionó muy bien.

Con Joaquín Torrents Lladó expuse también en la calle Sol y luego con Dionis Bennàssar en Pollensa.

Torrents, conjuntamente con otros alumnos les ofrece involucrarse en un proyecto algo peculiar…

Durante cinco meses estuvimos trabajando en la obra “24 horas en la vida de una mujer”. Un grupo de alumnos de la academia pintando cada día decorados y maquetas para el Ballet de Montecarlo. Fue una ardua labor que se nos recompensó con la invitación al estreno. Una alumna que residía allí hizo que nos recogieran con un Rolls Royce. Llegar delante de aquel palacio abarrotado de gente, la alfombra roja y encima al abrir la puerta me doy de bruces con Ringo Starr vestido con smoking. Al entrar, nos presentaron a la princesa Carolina de Mónaco.

Dejó la escuela de Torrents y acepta trabajar como encargado de la tienda Tot, comercio dedicado a las Bellas Artes situada en la calle Peletería de Palma, propiedad del artista Miquel Barceló. Por el periodo de tres años desempeña esta labor en horario de mañanas y por las tardes se dedica a su pintura.

En esa etapa expuse en la Galeria Bennàssar de Pollensa, en la Galería Jandro de Palma y en Andratx en la Bárbara Botz. Fue la época de romper con aquel método perfeccionista y liberar las emociones, necesitas usar tu propia luz, tus símbolos. Atrás quedaban muchos años de estudio y de prácticas académicas y ahora debía interiorizar.

¿Cómo surge su relación con Austin - Texas?

Torrents Lladó era amigo de George y Ann Attal, propietarios de galerías en Austín - Texas. Él había expuesto en numerosas ocasiones allí y nos había hecho partícipes a algunos alumnos. Cuando Xim falleció, los galeristas nos ofrecieron continuar con la relación y la posibilidad de exponer allí nos sedujo a Borja Femenías, a Tomás Sastre y a mí. Empecé con retratos de gente conocida como Julia Roberts y de ahí vinieron muchos encargos. La relación se alargó hasta unos doce años.

Austin figura en su curriculum como parada obligada, también Alemania, Tokio, Francia e Inglaterra y sus numerosas exposiciones en localidades de Girona, Madrid, Valencia, Barcelona y Mallorca en toda su extensión.

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Me he rodeado de sus pinturas, las escucho hablar entre ellas de la forma en la que su creador les pasa el pincel por cada centímetro de su cuerpo y advierto que se sienten dichosas y profundamente apreciadas, porque saben que él, no repara en emociones, saben que sus gestos albergan trazos de sinceridad categórica, que a cada gota que les transfiere van implícitas sus células más sensitivas, saben que él es pura energía y que nunca las defraudaría. Saben que se adentra en el centro de la tierra en busca de sus musas y regresa y vuelve y regresa, cuantas veces sea necesario, hasta que aquella pieza está preparada para lucirla. Bella en la visceralidad de sus figuraciones, reluciente y vibrante en la interpretación melódica, mágica en sus desinhibidos rasgos y lo mismo da, la raza abstracta, o la raíz figurativa, o la hoja expresionista, o el matiz impresionista, o el surfear airoso sobre el pop.

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¿Qué ha significado para usted dedicar parte de su vida a la docencia?

Enseñar es una gran satisfacción para mí. Poder trasladar mis conocimientos a gente que se interesa por la creatividad. Me hace feliz, me satisface, me llena y al mismo tiempo te permite notar como otras personas se enriquecen a medida que van adquiriendo más conocimiento.

¿Importa la edad para aprender a pintar?

Para mí en este caso, no. Piensa que he tenido alumnos de seis años hasta más de ochenta años y lo importante no es la edad, es el interés que se demuestra. Viene gente que ya sabe dibujar y hay que corregir, otros que no han dibujado nunca y hay que enseñarles lo elemental, pero insisto en que el secreto está en la actitud, en la predisposición de las personas.

Un homenaje a los sanitarios de l’Hospital de Mar sirve de reconocimiento por parte de Pep Suari a la inconmensurable labor realizada por este colectivo en tiempo de pandemia.

Es una manera de contribuir a los aplausos de toda una población para estos profesionales que se han dejado la piel de día y de noche. Es mucha la gente que se ha sacrificado en bien de la comunidad y yo he escogido a este colectivo al que me siento muy cercano ya que tengo buenos amigos trabajando en el Hospital de Mar.

Suarí, es un hombre que en su gastronomía artística se caracteriza por una incansable investigación. Desde que sus manos infantiles se expresaron con clásicos dibujos a lápiz y pasaron por sus obras, paisajes, sutiles figuras, intuiciones o esos anárquicos pop o sus impulsivos abstractos hasta las pruebas de nuevos sabores, hormas y tonalidades, siempre ha demostrado saberse desenvolver en cualquier laberinto.

Y ahora se adentra en un terreno de bipolaridades…

¿Una doble personalidad?

Tal vez. Porque es tan diferente de lo que he hecho hasta ahora que incluso voy a firmar con un pseudónimo. Es como un alter ego, una admiración hacia el interior, una identificación con un personaje ficticio que yo mismo he creado y en quien me reconozco. A partir de ahora si funciona, será un trabajo paralelo.

En cada despedida de nuestras entrevistas sucede algo similar y al finalizarlas me doy cuenta de que repito cuan cargados de documentación y fotografías, Francisca y yo marchamos de vuelta a Palma. Pero es que es así. Es una satisfacción conocer a artistas como Pep Suari. Visitarles en sus casas o en sus estudios para compartir unas horas de charla y saber de sus experiencias. Confieso que a veces incluso temo a contagiarme con tanta conmoción artística y dudo que esto sea bueno para la salud. Cada uno debe dedicarse a lo que sabe.

Textos. Xisco Barceló

Fotografías. Francisca Sampol


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