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Antonio Calvo Carrión o el legado de un universalista
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Antonio Calvo Carrión o el legado de un universalista

Llevábamos algún tiempo hablando con Concha Calvo para confeccionar una entrevista sobre la vida y obra de su padre, el artista sevillano, Antonio Calvo Carrión y no encontrábamos la fecha oportuna, hasta que hace unas semanas acordamos vernos en la casa de verano de su gran amiga Marian Lamas frente a la playa Es Port, en la Colonia de Sant Jordi, donde ella estaba pasando unos días. Nunca mejor pensado, para allá que nos fuimos con nuestros bártulos, Francisca con su cámara y yo con mis apuntes.

Ahora tengo mi residencia en La Algaba, Sevilla y siempre es un placer poder pasar unos días en Mallorca con mi amiga Marian y disfrutar de los paisajes idílicos de esta zona.

Concha Calvo Calvo nace en Madrid el 25 de febrero de 1954, hija de Antonio Calvo Carrión (1921-1979), artista, y de Maria Dolores Calvo Calvo dedicada a las labores de casa, naturales de La Algaba, un municipio de la comarca de La Vega, situado a siete kilómetros de Sevilla.

Antonio Calvo Carrión, realizó estudios de dibujo en la Escuela Artes y Oficios de Sevilla y posteriormente ingresó en 1940 en la Escuela Superior de Bellas Artes hasta 1945.
Le conceden una beca y en 1946 se traslada a Madrid para colaborar en la pintura de unos frescos como alumno de Vázquez Díaz.

En 1947 regresa a Sevilla y presenta su primera exposición. La Diputación de Sevilla le concede un premio.

En 1952 Es invitado a participar en la Primera Bienal Hispano Americana de Arte en Madrid. Ese mismo año obtiene el primer premio del Certamen de Primavera que patrocinó el Ayuntamiento y el Museo de Arte Moderno de Palma de Mallorca.

Tras varias exposiciones individuales, es seleccionado por la Comisaria Nacional de Bellas Artes para acudir a la Primera Bienal de Alejandría.

¿Cómo fue su infancia junto a su padre?

​Nací en Madrid, al poco tiempo nos trasladamos a La Algaba y de ahí a Mallorca, porque mi padre fue a concursar en un certamen artístico. Eso lo sé por lo que contaban mis padres.
Mis primeros recuerdos me ubican en Caracas donde a mi padre le invitaron a participar en la Bienal Hispano Americana, representando a España con el apoyo del Ministerio de Cultura. Mi padre retrataba a personajes de la alta sociedad como Tacho Somoza o Lola Soriano.
Era el año 1957 y todavía percibo la sensación de una niña de tres años y medio al entrar por primera vez en un barco gigante con enormes claraboyas, mi vestidito, me creía una princesa en el lago de los cisnes cogida de la mano de mi madre que estaba embarazada. Fue una larga travesía hasta llegar a nuestro destino.

A la edad de cuatro años la madre y Concha regresan a La Algaba y su padre se queda en Caracas.

Sí, mi madre quiso que mi hermano Bernardino naciera en su pueblo. Vivíamos en casa de los abuelos. Mi padre nos mandaba dólares y juguetes de Caracas y los vecinos se asombraban de aquellas novedades.

Mis abuelos paternos eran José y Concha y los maternos Sandalio e Isabel.

Hasta cumplir los ocho años no volvió a ver a su padre…

Así es. Hubo un golpe militar en Venezuela y el consecuente derrocamiento del presidente de aquel momento; Marcos Pérez Jiménez. Eso hizo que mi padre se replantease el regreso y así conocer a su hijo.

Él pintaba en casa de la abuela donde disponía de un extenso espacio sobre un suelo de madera. La gente del pueblo venía a verle pintar, era un espectáculo.
Convivía intensas horas con mi padre, como si quisiera recuperar el tiempo perdido sin su compañía, limpiaba los pinceles, me contaba muchas historias, era cariñoso, afectuoso, todo el mundo lo admiraba. Cuando le veía pintar figuras me quedaba boquiabierta.

Calvo Carrión por su trabajo como paisajista y como retratista estaba en uno de los momentos más álgidos de su carrera. Había expuesto en Madrid, en París. Representó a España en la Bienal de Alejandría en 1955 y había conseguido que la sociedad y la crítica le reconocieran su labor. Vivía en Caracas y desde allí organizó también sus exposiciones en Nicaragua, Ecuador, Perú, Colombia, Méjico…
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En 1963 Calvo Carrión visita de nuevo Mallorca y se instala definitivamente.

En aquel tiempo estableció una amistosa relación con Pedro Serra, presidente del Grupo Serra, a quien ya conocía de su anterior estancia en Mallorca. Él, le aconsejó que se quedase a vivir en la isla. Por aquí habían pasado grandes artistas de renombre internacional, como Santiago Rusiñol, Tarrassó, Joan Miró, Anglada Camarasa, Joaquín Mir, Elmyr d’Ory, Tito Cittadini, Thomas Harris y Carrión debía estar en esa lista.

Pere Serra, le ayudó a exponer en la Galería Quint de Teresa Palou. Un espacio relevante en aquellos momentos. Entre tantas visitas, recibió la de un señor danés de nombre Enrique que se ofreció a ser su marchante y el acuerdo fue más que provechoso.

Mi padre se desplazaba a Escandinavia en estancias de tres meses, luego tres en Mallorca y así sucesivamente durante unos años. Retrató a toda la familia real de Dinamarca, al propietario de la compañía Nestle, al piloto campeón en tres ocasiones de Fórmula 1, Jackie Stewart, entre tantos encargos que le realizaron.

Ese mismo año expone en Mallorca, Copenhague y en París y da inicio al Movimiento Universalista que definitivamente publica en 1964, coincidiendo con sus muestras en Oslo, Hamburgo, Roma y Dusseldorf.

En años posteriores numerosas ciudades escandinavas abren sus puertas a Calvo Carrión.

Por aquel entonces mi hermano estudiaba en La Salle y yo en Las Teresitas. Me defendía muy bien en dibujo, en historia y en geografía, no tanto en matemáticas. No obstante fui una buena estudiante en general hasta 1966. Me seguía pasando mucho tiempo viendo como mi padre trabajaba en el estudio, me olvidaba de todo lo demás por estar con él.

Escuchando a aquel locuaz narrador que se había convertido en el centro de mi vida. Conocía la historia de cada museo, de cada artista, de cada cuadro, los detalles, y seguro que lo que no sabía se lo inventaba.

En 1967 le ofrecen dirigir una Galería de Caracas con una sugerente oferta económica y nos lleva a toda la familia. Nos ubicamos en la zona de Los Palos Grandes, era el mes de junio. El presidente Caldera le encargó a mi padre una pintura de Simón Bolivar con sus hermanas, para el Museo Nacional de Caracas. E mes de julio un terremoto de 6,7 en la escala de Ritcher sacudió Caracas y una de las zonas más afectadas fue la nuestra. Aquella misma noche hubo unas 400 replicas. Recuerdo que por la mañana nos fuimos todos a la iglesia y entendí la necesidad de la gente de verse en ese punto de encuentro. Era una manera de consolarte, haciendo piña. Estuvimos unos meses hasta que en Navidad regresamos a la isla.
Continué mis estudios en el Colegio Cide de Palma y a los dieciséis años hice Artes y Oficios.

Me divertía acompañando a mi padre a visitar museos de diferentes ciudades sobre todo París. Me impresionó “El nacimiento de Venus” de Botticelli y yo le decía que ese pintura renacentista, era el mejor cuadro del mundo. Él me miraba y sonreía.

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Nada de lo que nos rodea debe ser descartable por sistema.

Antonio Calvo Carrión fue un pensador, entusiasta defensor del universalismo o de la pintura e ideología universalista con un manifiesto que presentó en 1964 en España y en 1966 en Francia y quienes tuvieron contacto con él, destacaron que este concepto no solo lo aplicaba a la pintura, sino a su manera de entender la vida: “Nuestra pintura ha de versar sobre cuestiones emanadas del afán de universialidad, una manera de ser, una aspiración tan simple como el camino del hombre a la felicidad”.

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Recuperamos el relato de Concha y nos situamos en un tiempo de cambios en su vida…

Me casé a la edad de diecinueve años y pronto tuve a mi primer hijo Marcos, luego otros dos, María y Toni. La relación con mi padre continuó siendo muy estrecha. Le hacían muchos encargos y mi hermano y yo le ayudábamos con la logística.

Haber viajado juntos, pintado, conversado, me emocionaba y me emociono cuando lo pienso. Era un hombre tan sensible, atendiendo opiniones de todo el mundo. Adoraba a su nieto Marcos y asumía su papel de abuelo, consintiéndole todo.

El historial de Calvo Carrión se expandía por Escandinavia, por la Sala Prado del Ateneo de Madrid, por Florencia. Recibe muestras de reconocimiento por parte de los medios de comunicación más experimentados en arte, por el Club Internacional de la Prensa del Instituto de Cultura Hispánica.

Sí, era una época en la que el trabajo de mi padre era reconocido por la sociedad, los críticos, los expertos, galerías y museos de todo el planeta.

En 1978 obtiene la Medalla de oro tras concurrir al Salón Internacional de Artistas Belgas celebrado en la ciudad de Charleroi.
El 7 de abril de 1979 fallece en Palma en accidente de tráfico.

Yo tenía veinticinco años. Era sábado, víspera de Semana Santa cuando recibimos la llamada del Hospital de Son Dureta. Nos dijeron que mi padre había sido víctima de un atropello grave. Nada más llegar, nos comunicaron la terrible noticia. Fue muy duro. Sentí un gran vacío, hoy en día todavía me duele su ausencia.

A su funeral vino tanta gente que me sentí dichosa y orgullosa de mi padre. Ver el interés con la presencia de artistas, políticos, periodistas, amigos. Nunca jamás he visto a tanta gente acudir a un sepelio.

Aquella fatídica tarde noche de abril, Antonio Calvo Carrión había acudido a cenar con unos amigos a un restaurante chino ubicado junto al Auditorium de Palma. A la salida iban hablando con la intención de cruzar el paseo marítimo. Los amigos se pararon porque se acercaba un coche y ninguno se percató de que Antonio continuaba andando y distraído, sin darse cuenta de que los amigos habían parado en la acera. El coche que ocupaba el carril lateral de la calzada se lo llevó por delante.

Tras la muerte de mi padre me dediqué por completo a la familia. Por aquel entonces tenía dos hijos, Marcos y María y decidimos tener un tercero y le pusimos de nombre Antonio en recuerdo del abuelo.

En 1990 el Museu de Mallorca, recoge una retrospectiva. Veintiocho años después de su muerte y tras más de un año de preparación, en julio de 2007 con la participación de la familia, con el apoyo personal del escultor Damià Ramis y la colaboración de Pere Serra, se realiza una exposición memorable en el Museu d’art Modern i Contemporani Es Baluart de Palma de Mallorca.

Unas cincuenta obras fueron las seleccionadas para esta muestra, en recuerdo del artista que hermanó La Algaba con Mallorca. Óleos y gouaches elaborados entre 1963 y 1978. El éxito para la familia fue rotundo, los visitantes pudieron contemplar obras que durante años habían sido atesoradas y ahora estaban expuestas al público.
Pere Serra comentaba; después de unos años pintando cuadros deliciosos, retratos, naturalezas muertas con la sobriedad de los grandes maestros clásicos, había demostrado con la pintura y su filosofía universalista que los genios le habían abierto la puerta.

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En esas fechas, divorciada y con tres hijos mayores, decidí ir a vivir con mi madre y fue cuando tuve tiempo de revisar la documentación, libros, apuntes, anotaciones, fotografías, catálogos. He buscado información, testimonios. He trabajado en recuperar la memoria de mi padre.

En 2008, exposición monográfica en la Fundación Barceló.

En 2017 y con la participación de Concha y sus hijos María y Toni, se presenta la exposición “De Palma a Shanghái” en el Palacio Barón de Binopar de Palma, donde se exhiben piezas de Antonio Calvo Carrión y de los noveles artistas que pretenden continuar con la saga familiar, María y Toni, en la que demuestran su dominio en técnicas pictóricas aplicadas en la actualidad.

En 2018 participan en la exposición colectiva de Artes Audiovisuales de Shanghái.

¿Cómo es la vida de Concha en la actualidad?

Me he jubilado y me instalado en La Algaba, allí tengo mi casa y voy viniendo sistemáticamente a la isla, donde están mis hijos, mis nietos, familiares y amigos. Con la Diputación de Sevilla estamos preparando una retrospectiva de mi padre y pretendemos que de forma itinerante vaya pasando por las Casas de Cultura del Pueblo de Andalucía.

Y además de ocuparse de dimensionar la labor artística de su padre, ahora también se dedica a pintar…

De alguna forma lo he hecho siempre. Adquirí tantos conocimientos estando junto a mi padre, pinté cientos de bocetos, practiqué aunque no me dedicase y ahora sin pretender sobrepasar ninguna meta, dejó volar mi imaginación y pinto por afición. Me libera, me relaja.

Ha sido un día agradable y confortable el que hemos pasado en casa de Marian Lamas que nos ha ofrecido una comida fresca, ideal para estos tiempos de estío, en la que no ha faltado el gazpacho. Después, sentados en el chiringuito de la playa hemos tomado unos cafés, mientras alguien comentaba lo cerca que debíamos estar del paraíso.

Textos: Xisco Barceló
Fotografías: Francisca Sampol

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