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Modernizar la economía sin criminalizar el turismo

viernes 09 de octubre de 2020, 00:00h

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, presentó este miércoles pasado un ambicioso plan de inversiones dirigido a relanzar la economía española transformándola en una economía digital y ecológica. El Plan persigue sumar 2,5 puntos del PIB y crear 800.000 puestos de trabajo en un horizonte de tres años.

Para ello, el Gobierno cuenta básicamente con los recursos financieros aportados por las instituciones europeas; concretamente, la mitad de los 140.000 millones asignados a España para los próximos seis años a fin de hacer frente a la crisis, más fondos estructurales y recursos de la política agraria común. Los proyectos serán revisados y, si procede, aprobados por la Comisión Europea. La operación ha sido bautizada como la "nueva modernización" de la economía nacional que llegará de la mano del actual gobierno, donde no faltan ministros empeñados en restar peso a sectores como el turismo y la construcción en el conjunto de la economía del país.

Es bueno que exista una diversificación de la economía y que se incorporen modelos avanzados y sostenibles, en línea con lo que reclaman las propias instituciones europeas. Pero nunca debería ir en detrimento de sectores que sustentan la base actual de la economía española. Porque no tendría lógica generar empleos en nuevos ámbitos si, por otro lado, se destruyen puestos de trabajo en sectores muy consolidados, de los que, además, España es referente mundial, aunque coyunturalmente atraviesen un momento crítico debido a la crisis.

El plan está, fundamentalmente, sobre la mesa de la ministra de Economía, aunque su transversalidad da entrada a muchos otros departamentos. El riesgo sería que la hoja de ruta quedase marcada por los ministros que despectivamente hablan de España como "un país de camareros" o que descalifican sectores punteros como el turismo describiéndolos como "un sector de escaso valor añadido".

El plan de modernización debe avanzar sabiendo que turismo y hostelería, por ejemplo, también pueden formar parte -en buena parte, ya lo son- de una economía digital y ecológica, sin ser criminalizados ni despreciados por aquellos que anhelan un tipo de sociedad muy diferente.


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