Las niñas de hoy ya no quieren ser princesas. Ahora sueñan con poseer la nariz y el enorme pecho de las protagonistas de Pasión de Gavilanes. Hartas de sus cuerpos aniñados, se convierten en mujeres de plástico de la mano de los cirujanos plásticos. Las adolescentes insatisfechas ya son legión y superan el 15% de los pacientes.
PALMA.- “Si apruebo, quiero un aumento de pecho”. Las niñas de hoy en día no se andan con tonterías. Ni motos, ni viajes a la nieve, ni consolas de videojuegos. Las chicas de 15 años ya piden como regalo de cumpleaños aumentos de pecho, liposucciones y rinoplastias y se olvidan de los complejos de la adolescencia. Las alumnas de los institutos saben muy bien lo que quieren y ya les disputan a sus madres las citas con los cirujanos plásticos. De hecho, el 15 por ciento de los pacientes de operaciones de estética son menores de edad. Los complejos físicos se resuelven ahora en los quirófanos. Fuentes del sector aseguran que los jóvenes de menos de 18 años irrumpen con fuerza en las clínicas de estética, siempre con el consentimiento y la financiación de sus progenitores. La preocupación por el físico es tal, que ya es habitual que madres e hijas vayan juntas de la mano a hacerse unos ‘arreglos’. PACIENTES DE 16 AÑOS La doctora Begoña Martínez, de la Clínica Rotger, conoce muy bien este nuevo mercado. En el mes de octubre ha celebrado el 20 aniversario de su equipo médico. Durante dos décadas han pasado por sus manos y bisturíes más de 6.000 mallorquines. De éstos, aproximadamente un millar de pacientes son menores de edad. Un dato que invita a pensar que la presión sobre el físico de los adolescentes les obliga a tomar medidas drásticas. “Muchas madres traen a sus hijas con el argumento de que si se operan, no caerán en complejos y enfermedades como la anorexia o la bulimia”, afirma Begoña Martínez. La doctora reconoce que hay un cambio en el perfil de los pacientes: “Hace 20 años eran mujeres con uno o dos hijos que veían como su cuerpo cambiaba tras el parto. Ahora son cada vez más jóvenes y se ve a chicas de hasta 16 años”. Pero también hay mujeres cada vez más mayores, de hasta 60 años, que deciden levantar su pecho”. Según Begoña Martínez, “las pacientes adelantan 20 años las intervenciones”. Si antes se esperaban a los 60 años para someterse a un lifting, ahora lo hacen a los 40. Mujeres de 30 años ya se aplican botox. Niños y jóvenes modifican sus orejas y nariz. Si la suerte genética no nos ha sido favorable, el bisturí se encarga de corregirlo. LA ADICCÓN AL BISTURí Los hombres tampoco son ajenos a la preocupación por el físico. Bolsas de ojos, michelines, nariz y rejuvenecimiento facial lideran el ranking de intervenciones estéticas. La edad de los pacientes se adelanta y la cirugía se democratiza. Tal y como ha revelado la doctora Antonia Batle, directora de la delegación en Palma de Corporación Dermoestética, “ya no es cosa de ricos”. “Con la llegada de la financiación a las clínicas, todo el mundo puede acceder a las operaciones de estética”, afirma Batle, que añade que el fenómeno del ‘metrosexual’ ha atraído a más hombres a los centros estéticos. Sin embargo, esta ‘democratización’ de las mejoras estéticas entraña sus riesgos. La doctora Martínez reconoce que ha tenido que frenar a algunos pacientes que se habían enganchado a las operaciones: “Hay personas que piensan que por cambiar su nariz o sus pechos, su vida va a cambiar. Y no es así. A veces, los médicos actuamos más como psicólogos”. La ética de los cirujanos les obliga a reprimir el deseo irrefrenable de mejorar hasta el infinito el cuerpo que nos ha tocado en suerte.




