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No acepto ese argumento

martes 10 de marzo de 2020, 04:00h

El pasado domingo se celebró el día de la mujer en el que se reclamaba la igualdad de hecho de las mujeres con los hombres; de derecho hace mucho que existe en España, concretamente desde 1978 cuando se aprobó la constitución y pasamos a ser un país democrático.

Quizás, por razón de mi profesión y su entorno, vivo una realidad diferente al resto de la sociedad. Nadie se plantea que una mujer abogado no pueda ganar un pleito a un hombre abogado; que una mujer juez tenga un sentido inferior de la justicia a la de un hombre juez, y así podría poner infinidad de ejemplos. Ejemplos que en realidad resultarían absurdos, pero es que la desigualdad, per se, ya es absurda.

No conozco a nadie que, de verdad, pueda justificar una diferencia entre hombres y mujeres. Y lo digo con plena conciencia de que la expresión “de verdad” de dos líneas más arriba sobra y denota machismo, leve. Pero debemos ser conscientes de que tenemos un problema en el uso del lenguaje y no todos somos académicos de la lengua. No todo el mundo tiene la intencionalidad de ofender con el uso del idioma, muy al contrario la mayoría usa el lenguaje como medio de comunicación y no como arma arrojadiza para ofender.

El problema es que, en mi caso, no acepto el debate de la desigualdad por la simple razón de que no ejerzo la desigualdad por muchos motivos, pero esencialmente porque tengo una hija que quiero que goce de todos los derechos en igualdad con los que tiene su hermano, siendo consciente de que son diferentes y que esa diferencia suma, jamás resta ni discrimina.

Lo que desde luego no acepto es que me llamen violador por el mero hecho de ser hombre. No acepto que me llamen asesino por el mero hecho de ser hombre y que me llamen maltratador por el mero hecho de ser hombre. Eso es maltrato de las mujeres hacia los hombres de forma gratuita, desde la exaltación y desde el odio y de esa manera jamás se resolverá el problema de la desigualdad; los radicalismos son un cáncer en la sociedad.

Les aseguro que esas 15 mujeres asesinadas en lo que llevamos de año y las 1048 desde 2003 me duele igual que a las mujeres, pues desde los estrados y con la toga también se lucha por la igualdad y contra la violencia de algunos, demasiados, hombres; allá en 1993 ya ejercí la acusación contra un hombre por haber intentado asesinar a su mujer dándole 13 puñaladas; ella vive y me siento orgulloso del trabajo hecho siendo un joven abogado y tomando conciencia del problema. No olvidaré jamás aquella madre coraje ni ese asunto. Esa lección de la vida me la sé. Por eso no acepto que me llamen asesino.

El hecho de que existan violadores, asesinos o maltratadores, todos ellos hombres no convierte a todos los hombres en lo que pretenden denunciar. Ahí pierden gran parte de la razón que les ampara. Ese debate en esos términos no lo acepto.

Tengo muy claro que desde 1978 la situación de las mujeres en España ha mejorado mucho, pero lo cierto es que aún queda pendiente mucho trabajo por hacer para que un día, de verdad, de hecho y de derecho, hombres y mujeres seamos iguales. Que pasen un buen día.

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