No dejaremos que el pasado avance

“No dejaremos que el pasado avance”, rezaba así el cartel que portaba la Ministra de Igualdad, Ana Redondo, en una de las manifestaciones del pasado 8-M. Creo que sé lo que ha querido decir su autora. Lo enuncio: que no queremos volver a lo de antes, a ese pasado, donde, como me contaba mi madre, no hace tanto, una mujer tenía que pedir permiso para abrir una cuenta corriente. No dejaremos que el pasado avance.

La frase se me quedó en la cabeza pero enseguida viró hasta entrar en una reflexión sobre el pasado, presente, futuro, sobre el tiempo. ¿Cómo evitar que el pasado avance? ¿Qué es el presente sino algo más que ese pasado que se manifiesta en este preciso instante? Hay algo fatal, un aspecto de la realidad irrevocable y es esta: que el pasado se hace, se realiza, que cada momento que nombramos como presente, este fugaz instante, es deudor de un pasado insondable que aparece ante nosotros, presente. Lo contrario sería creer que el mundo carece de explicación, de tiempo, que todo brota aleatoriamente, sucesión de choques de partículas elementales, azar y caos reinando en todos los ámbitos.

Más allá de cualquier mente, más allá de un significado, ajeno a nosotros y a cualquier posibilidad de enunciado. Esto es, desde luego, una filosofía, casi podría decirse que predominante. Me resisto a pensar que es así. No podemos evitar que el pasado avance porque el pasado forma parte de nosotros, nos ha hecho lo que somos ahora. No podemos evitar el paso del tiempo. Somos seres situados en un tiempo y un lugar. Esto me recuerda a las clínicas antienvejecimiento. En inglés suena mejor, suena menos, no sé, contradictorio. Suerte con eso. Suerte con querer vivir para siempre. ¿O quizás sí, y podremos superar este fatal destino mortal que nos hace hombres?

Desde luego, el cartel de la ministra está dando de sí. Como de sí está dando el presente, lo de ahora. En el umbral de la tercera guerra mundial, nuestro presidente del gobierno anuncia una herramienta para cuantificar la huella del odio, su impacto en el discurso público (por llamarlo de alguna manera) expresado en las redes. Gracias, era imprescindible. Ahora ya podemos identificar, sin lugar a dudas, al otro.

No estamos lejos de la creación de un Ministerio de la Verdad. Muy de Orwell, cada vez más vigente, cada vez es más fácil citarlo. El Ministerio de la Verdad custodiará que los discursos expresados en las plataformas se ajusten a los estándares del lenguaje normativo de las redes, para proteger a los usuarios de ideas tóxicas. No está prohibida la disensión, pero se hará dentro de unos parámetros.

Siguiendo por aquí el Ministerio de Defensa se denominará Ministerio de la Paz, pues nuestro ejército para la paz es. Llegará pronto también el Ministerio de la Soledad. Aislados, entre otros motivos, por las redes de antes, dada la disolución de los vínculos comunitarios tradicionales (el pasado aquí no avanza), es necesaria una acción pública valiente para acompañar a las personas. Para ello, la administración pondrá a disposición de aquellos usuarios que lo necesiten un chatbot diseñado parar dar respuesta a la soledad de acuerdo con la situación personal de cada ciudadano. Entrenado con el historial clínico, el chatbot será capaz de ofrecer una respuesta segura, eficiente y, lo más importante, personalizada, a las necesidades de cada persona. Supervisada en último término por humanos, ofrecerá acompañamiento diario, además de sugerir rutinas de movimiento y otros aspectos que puedan favorecer en un concepto más amplio, un bienestar íntegro.

No dejaremos que el pasado avance, antes bien, construiremos un futuro, solo uno, para nosotros.

Suscríbase aquí gratis a nuestro boletín diario. Síganos en X, Facebook, Instagram y TikTok.
Toda la actualidad de Mallorca en mallorcadiario.com.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más Noticias