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No sea [email protected] esta Navidad; mejor, autoconfinese

jueves 24 de diciembre de 2020, 06:00h

Hay mucho mamoneo, con perdón, con esta Navidad, que es especial y que todos tenemos que construirla como diferente. Ese es nuestro reto ineludible. El aquí y el ahora. Es decir, como siempre. Admitámoslo: no hay Navidades clónicas, ni tampoco crónicas, y ojalá pasemos muchas todavía para que podamos seguir agradeciendo el estar vivos.

La actitud ante la Navidad del 2020 no puede ser de quejorrea subida porque no la podremos con-celebrar como nosotros quisiéramos. ¿Dónde está escrito que las cosas deberían de ser como nosotros deseamos? ¿Cómo es posible que todavía sigamos llevando los zapatos de la primera comunión? ¿Que es una Navidad agridulce?, pues qué bien. Solo tenemos que elegir aceptarla, sin quejorrea lacrimógena y patética de pardales frustrados e inmaduros.

Hay que construir un espíritu navideño consumiendo la realidad, a la que como siempre toca adaptarse. Hay que elegir sacrificarse, por nuestro bien y el de los demás, pero no autoinmolarnos colectivamente en la plaza pública de forma estúpida. Hay que elegir el autoconfinamiento por conciencia social, no porque nos lo digan los seudoloideres políticos. No podemos negar conscientemente de forma perversa la pandemia que nos asola y que ha dejado el rastro de mas de 70.000 familias en duelo, y querer construir una Navidad clónica a otras Navidades.

Tenemos que elegir renunciar a reunirnos con seres queridos y allegados, a renunciar a disfrutar de juntarnos con los amigos. Mejor dicho, no tenemos, debemos. Todos. No podemos permitirnos subestimar a esta trágica pandemia. La edad no nos protege ni nos hace mas inmunes a ella. Ayer me contaban la muerte de una mujer muy joven, 26 años, sin patología asociada, sin factores de riesgo conocido, sin patrón radiológico ni respiratorio Covid 19, que, en cuatro días, ha fallecido por un shock séptico.

Con frecuencia olvidamos que solo se mueren los vivos y que nadie escapa vivo de la vida. Por eso deploro y me cabreo ante la panda de gilipollas que hacen fiestas y botellones, riéndose de la muerte y menospreciando su vida y la de sus padres o abuelos o vecinos o amigos. ¿Cómo es posible un comportamiento tan estúpido y egoísta? ¿Con qué sesgos cognitivos y creencias irracionales funcionan?

Hay que elegir una Navidad austera, con límites, respetuosa, más espiritual, con el prójimo más próximo. Es una buena ocasión para recordar a las personas que están solas, que llevan mucho tiempo solas, que han hecho el confinamiento en la más absoluta soledad. Una soledad impuesta y no elegida, que muchas veces se complica con la depresión, en un tándem que quiebra cualquier esperanza y que multiplica la indefensión y la fragilidad humana.

Ellos deberían de ser el foco de atención de nuestra solidaridad personal y colectiva. Construyamos una navidad homeopática. No establezcamos un vinculo navidofobico, solo porque es diferente. ¿O es que no llevamos 8 meses con nuestra vida patas arriba y viviendo una pesadilla que nunca podíamos haber imaginado? ¿O es que no llevamos 8 meses atrapados en la incertidumbre y en una continua adaptación a escenarios vitales donde el sufrimiento, la muerte, el miedo, la manera de vivir, de llorar por nuestros muertos y de relacionarnos, son hábitos nuevos y experiencias novedosas?

Pero también hemos aprendido mucho, y también hemos elegido la empatía compartida, la solidaridad, el agradecimiento, la compasión por los demás y por nosotros mismos, el sacrifico por los demás, el compromiso del deber, y el conjugar el plural en vez del singular. Es verdad que esta Navidad también actuará en muchos de nosotros como una termomix emocional, donde todo se mezclará: experiencias del pasado ( la silla vacía, los duelos donde los ausentes se hace muy presentes, las experiencias infantiles abandonadas o traumáticas, las carencias y el maltrato en la infancia...) y el presente ( rupturas afectivas recientes, conflictos familiares no resueltos, emociones negativas mal gestionadas, persistencia de megadosis de re-sentimiento, situaciones familiares y personales que provocan un gran sufrimiento, el paro, la solo-edad, situaciones de gran vulnerabilidad y dependencia, la ausencia de recursos económicos...).

Es una gran ocasión para repetirnos de forma obsesiva la famosa perla cognitiva nietzscheana: "Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo". He aquí un importante motor de la automotivación para adaptarnos mejor. He ahí la tarea a realizar. El reto de vivir el presente es algo que puede ayudarnos a hacernos más soportable esta Navidad.

Y ya saben: practiquen el confinamiento y no la quejorrea. El mallorquín tiene un mantra mágico: 'Molts d´anys. Feliz Navidad'. Y recuerden: en victoria transitoria, porque nunca hemos estado en doma.

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