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Norte y sur

martes 21 de julio de 2020, 05:00h

Estos días están los países de la Unión Europea intentando llegar a un acuerdo para el programa de reconstrucción de las economías respectivas y de la global de la UE, tras el desastre provocado por la pandemia de covid-19. El daño es profundo y sin un ambicioso programa de ayudas financieras muchos estados miembros se sumirán en una depresión económica de consecuencias muy graves, cuando no catastróficas.

La cuestión es que el programa de ayudas no puede articularse como un rescate con condiciones draconianas, como ocurrió tras la crisis de 2008 y los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal y el semirrescate de España. El daño es ahora mucho más extenso, afecta a todos los países, aunque no por igual, y las economías de los países más afectados, los del sur, sobre todo Italia, España, Portugal y Grecia, que aun no se ha recuperado de la crisis, y especialmente del rescate anterior, no podrán recuperarse si las condiciones de la ayuda son asfixiantes.

La Comisión Europea diseñó un plan que incluía unos quinientos mil millones de euros en forma de subvención a fondo perdido y unos doscientos cincuenta mil en forma de créditos, plan que contaba con la aprobación de Alemania y Francia e incluso con el visto bueno de Christine Lagarde, la nueva presidenta del Banco Central Europeo, convencida como estaba de que una inyección masiva de liquidez es la única solución para una recuperación económica global de todos los miembros de la UE.

El acuerdo se está revelando difícil, sin embargo, debido a la negativa de los llamados 'países del norte' o 'países austeros', que no aceptan la cantidad prevista en forma de subvención, que quieren que sea más en forma de créditos y, en cualquier caso, con condiciones en ambos casos. Se trata, sobre todo, de Holanda, Dinamarca, Suecia, Finlandia y Austria, y están comprometiendo seriamente la posibilidad de llegar a acuerdos satisfactorios para todos, dado que han adoptado una postura intransigente y, en algún caso, sobre todo Holanda, displicente e incluso despreciativa hacia los estados más golpeados por la pandemia, Italia y España, rescatando viejos clichés acerca de la falta de seriedad y el gusto por la juerga y el derroche de los latinos. Además, también solicitan que se les devuelva en forma de cheque a la británica el dinero extra que tengan que aportar al fondo.

Se han desatado estos días explicaciones más o menos folclóricas o rencorosas de algunos analistas carpetovetónicos, que hablan de la 'leyenda negra' y del resentimiento contra la católica España por parte de la protestante Holanda, cuando ninguno de los otros países padecieron las andanzas de los tercios del Duque de Alba, y Austria es un país católico, y tampoco Italia, ni Portugal, ni Grecia están incluidos en la 'leyenda negra'.

La realidad es más sencilla. Se trata de una demostración más de la falta total y absoluta de unidad de la UE. Cada país piensa solo en términos de su propio interés nacional y no está dispuesto a realizar ningún sacrificio para buscar una solución global que beneficie a todos, a no ser que consiga prebendas inmediatas.

Los países del sur, y en particular España, no han hechos las cosas bien, sin duda, y no han sabido enderezar adecuadamente sus economías después de la crisis del 2008, pero también es cierto que hay motivos egoístas en los países del norte, particularmente Holanda, con un impuesto de sociedades muy bajo y especialmente favorable para las grandes multinacionales que resulta muy lesivo para otros miembros de la unión. y que siempre se ha negado a la armonización fiscal, junto a Irlanda, Luxemburgo y algún otro miembro de la unión.

Estos días cumple 95 años Jacques Delors, el último gran presidente de la Comisión Europea y el último vivo de los grandes europeístas, de los que de verdad creían en la idea de la Unión Europea. No sé cuál es su estado de salud, pero estoy seguro de que si mantiene su extraordinaria lucidez mental estará profundamente entristecido, decepcionado y enrabiado al comprobar cómo la descomposición de la unión que tanto contribuyó a crear parece no tener freno, y cómo la actual generación de líderes europeos no merecen en absoluta dicha consideración, ni líderes, ni europeos.

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