Con el título del artículo posiblemente consigamos más accesos al texto de los habituales. Es sabido el efecto llamada de usuarios en internet que ejerce la conjunción de cuatro simples letras ordenadas hábilmente para formar la palabra "sexo", y la efectividad del reclamo se hace extensiva a todos sus derivados. Llegados al punto en que uno ha conseguido atraer la atención del internauta, ya se puede lanzar un tostón que defraude las iniciales expectativas.
El señor obispo de Málaga, Jesús Esteban Catalá Ibáñez, compartió la reflexión "el matrimonio homosexual es como el de un hombre y un perro". Descartando la posible reivindicación del señor Jesús de su derecho a contraer matrimonio con un can, posibilidad no contemplada por el ordenamiento civil ni previsto como sacramento religioso, debemos concluir que el objetivo de la diatriba era denigrar la unión de dos personas del mismo sexo. Podría recurrir a la manida fórmula de que tengo muchos amigos homosexuales a los que aprecio mucho, pero la verdad es que nunca me ha preocupado lo más mínimo ni el sexo ni la sexualidad de mis amigos. Y en cuanto a los homosexuales que conozco, los hay tan gilís que parecen heterosexuales.
En todo caso, lo que nunca he visto ha sido a una persona homosexual pretendiendo imponer sus creencias, o preferencias, al resto de humanos. En cambio, se ve que el celibato tiene unas ansias expansivas, propensando a quién lo practica a dar lecciones, u opiniones, más o menos desafortunadas y en algunos casos gratuitamente ofensivas. Definitivamente, el celibato que se le supone al obispo de Málaga no le ha debido sentar mentalmente nada bien. Tal vez sea por ser cierta la afirmación de un amigo que suele decir "semen retentum, venenus est".



