ParcBit: 18 años para rectificar un error evidente

La decisión del Govern balear de permitir nuevamente la construcción de viviendas en el ParcBit supone, probablemente, una de las rectificaciones urbanísticas más sensatas de los últimos años. Y lo es no solo porque recupera la lógica original con la que fue concebido aquel espacio, sino porque intenta corregir los problemas que precisamente nacieron de la prohibición impulsada durante la etapa de Francesc Antich.

Cuando Richard Rogers proyectó el ParcBit, la idea no era únicamente levantar un polígono tecnológico aislado, sino crear un entorno moderno, integrado y vivo. Un lugar donde coexistieran empresas, investigación, servicios y, lógicamente, también viviendas. En definitiva, un pequeño distrito urbano adaptado a las nuevas economías del conocimiento. Sin embargo, aquella visión quedó mutilada cuando, tras un cambio de Govern, el pretendido Pacte de Progrés decidió vetar el uso residencial.

De forma casi inmediata, todos los que nos movemos por la zona, pudimos comprobar lo pernicioso de esa decisión, al generar unos males que se han ido agravado con el paso del tiempo.

El primero ha sido el aumento del tráfico. Miles de trabajadores se ven obligados cada día a desplazarse desde Palma y otros municipios hasta un recinto donde nadie puede residir. El resultado es una presión constante sobre las carreteras de acceso, más consumo energético y más tiempo perdido en desplazamientos diarios. Paradójicamente, una medida que se presentó en su día bajo parámetros supuestamente racionales y ordenadores ha terminado contribuyendo a un modelo mucho menos eficiente y sostenibles.

El segundo efecto ha sido la creación de un espacio profundamente deshumanizado. El ParcBit posee un entorno privilegiado, abierto y visualmente atractivo, pero funciona como una ciudad fantasma fuera del horario de oficina. Al finalizar la jornada laboral, el lugar queda vacío, desolado. No existe vida urbana. Apenas hay bares, restaurantes, parques infantiles o pequeños comercios que aprovechen el potencial del entorno porque, sencillamente, falta población estable que los haga viables.

Las propias edificaciones reflejan esa carencia. Muchas de ellas responden a una arquitectura sovietizante y fría, sin alma ni interacción con el espacio público. Se han ido construyendo pensando exclusivamente en oficinas, no en personas. Y cuando un lugar se diseña únicamente para trabajar, acaba convirtiéndose en un territorio de paso, no en un espacio vívido.

Precisamente por eso, recuperar el componente residencial sólo puede contribuir a mejorar, aunque sea parcialmente. Hacer del ParcBit algo más parecido a un barrio contemporáneo y menos a un simple parque empresarial periférico de aspecto fabril. Sin duda, la medida noo resolverá todos sus problemas, pero sí puede introducir aquello que nunca debió ser expulsado: la vida cotidiana.

Resulta además llamativo observar cómo esta rectificación, por fin implementada por el Govern de Marga Prohens, conecta con conceptos urbanísticos que hoy gozan de enorme popularidad, especialmente entre sectores que se siguen denominando progresistas. Durante los últimos años se ha hablado insistentemente de las llamadas “ciudades de quince minutos”: modelos urbanos donde vivienda, trabajo, ocio y servicios conviven a distancias cortas para reducir desplazamientos y mejorar la calidad de vida.

Sin embargo, la prohibición residencial del ParcBit caminaba exactamente en dirección contraria. Impedía que las personas pudieran vivir cerca de su lugar de trabajo y condenaba el recinto a depender permanentemente del coche (ahora también del metro para los que viven en el centro) y de los desplazamientos masivos diarios. Es decir, se imposibilitaba en la práctica aquello mismo que después se ha defendido desde múltiples discursos políticos y académicos.

Con demasiada frecuencia las políticas públicas producen efectos muy distintos a los que prometen sobre el papel. Y otras veces como en este caso, simplemente, responden más a inercias ideológicas que a una reflexión real sobre cómo funcionan las sociedades y las personas. El tiempo ha demostrado que separar radicalmente usos residenciales y laborales en el ParcBit fue un completo error.

Por eso, más que una novedad, lo aprobado ahora debería entenderse como lo que realmente es: una rectificación excesivamente tardía, aunque necesaria.

Suscríbase aquí gratis a nuestro boletín diario. Síganos en X, Facebook, Instagram y TikTok.
Toda la actualidad de Mallorca en mallorcadiario.com.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más Noticias