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Pedro Sánchez, ridículo, crispación y desconfianza

sábado 09 de febrero de 2019, 00:00h

El sonoro portazo a la negociación extraparlamentaria con que el gobierno de Pedro Sánchez confiaba mantener el apoyo de los independentistas catalanes a sus presupuestos ha sido el último episodio de una situación que, en pocos días, ha puesto al límite a la sociedad española y al propio Partido Socialista. Una crispación que alcanzó su punto álgido dos días antes de la movilización de la calle, cuatro antes del inicio del juicio contra el secesionismo y cinco antes de la votación de los Presupuestos Generales.

La movilización social en contra de ceder a las exigencias negociadoras de los secesionistas ha llevado la protesta a la calle pero antes ya había provocado las más ácidas críticas dentro del propio PSOE, donde voces como la de Felipe González calificaron de "degradación institucional" los planes de Moncloa. Y tras González, una larga lista de 'barones', temerosos de que las ocurrencias de Sánchez les pudieran pasar factura en las elecciones de mayo. Sólo Miquel Iceta y una entusiasmada Francina Armengol aplaudían la operación.

Sacar la negociación del entorno parlamentario ha llevado a Pedro Sánchez a protagonizar un episodio bochornoso en el que el argumento oficial definitivo ha sido que Moncloa había "descubierto" que los independentistas querían negociar un referéndum de autodeterminación. Convendría dejar de lado sobreactuaciones de este tipo y llevar el diálogo político a su ámbito natural; primero, entre todas las fuerzas que conforman el Parlament de Catalunya y, posteriormente, en el seno de las Cortes Generales. No hacerlo así, es alimentar la desconfianza y poner en riesgo los auténticos cauces de la representación democrática.

El portazo del viernes parece cerrar el camino a cualquier negociación, da por finiquitadas las opciones de sacar adelante los Presupuestos Generales y anuncia un adelanto electoral no más allá de octubre próximo, si no antes coincidiendo con las municipales y autonómicas de mayo.

Aunque también es cierto que los caminos de Sánchez son imprevisibles. Lo que para algunos incondicionales es visto como una inteligente partida de ajedrez del presidente es para muchos un ejemplo más de la constante improvisación del líder del ejecutivo, capaz de afirmar una cosa y su contraria si con ello consigue mantenerse en el puesto.

Es necesario devolver la tranquilidad política al país, convocando cuanto antes unas elecciones generales que conformen una mayoría de gobierno que no se apoye tan sólo en 84 diputados y aliente operaciones como la vivida esta semana que no conducen más que al ridículo y la crispación.


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