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Protestas a la puerta de los hospitales

jueves 07 de febrero de 2019, 22:00h

La imagen de pacientes solidarizándose con los médicos que se concentraban este jueves en las puertas de hospitales y centros de salud indica la frustración que provoca la situación de la sanidad pública en Baleares. La escena se ha producido en alguno de los puntos -por ejemplo, en Palmanova- donde los médicos protestaban sobre su situación laboral y sobre la necesidad de conseguir mejoras del servicio.

Al mediodía, el parón convocado por el sindicato médico Simebal se realizó durante 15 minutos en todos los hospitales de la comunidad y entre el 75 y el 80 por ciento de los centros de salud de las Islas. La mayoría de las peticiones de los facultativos se centraban en demandas de tipo laboral, sobre pluses, horarios o estabilidad de las plantillas. Pero una buena parte de las reclamaciones también se han centrando en la necesidad de mejorar el servicio que se presta a los ciudadanos, especialmente en las consultas de atención primaria para las que piden un aumento del presupuesto del orden del 30 por ciento.

Las noticias sobre las carencias de profesionales en la sanidad balear empiezan a ser excesivamente habituales. Durante los últimos meses, hemos conocido carencias en materia de pediatras, alergólogos -uno para toda la comunidad- y otras especialidades. La situación excede al decálogo que los médicos exigían este jueves a la puerta de los hospitales porque la sangría que sufre el personal en la sanidad pública balear está muy lejos de pararse. No se trata sólo de dignificar la profesión médica, sino de ser capaces de prestar el servicio que una comunidad como la balear merece.

Quienes tienen la responsabilidad de gestionar la sanidad en esta comunidad deberán acometer, tarde o temprano, las actuaciones que aseguren la captación de los profesionales necesarios, estableciendo recursos suficientes para superar el escaso atractivo que supone afrontar los costes propios de la insularidad o el alto coste de vida y los precios de las viviendas. No hacerlo redundará en un servicio altamente deficitario y con una merma importante de la calidad.


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