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Llega a los cines ‘Pequeñas mentiras para estar juntos’ de Guillaume Canet
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Llega a los cines ‘Pequeñas mentiras para estar juntos’ de Guillaume Canet

jueves 07 de noviembre de 2019, 08:00h
Este Viernes llega a las carteleras la película francesa escrita y dirigida por de Guillaume Canet. Es una comedia francesa protagonizada por François Cluzet, Marion Cotillard y Benoît Magimel.

La película nos presenta a Max siete años después de 'Pequeñas mentiras sin importancia', que se va a su casa a la orilla del mar para reponer fuerzas. Su grupo de amigos, a quienes no ha visto desde hace más de tres años, aparece súbitamente para celebrar ¡su aniversario! La sorpresa es absoluta pero la acogida resulta mucho menos apasionada...

Max se ve empujado a aparentar una alegría que suena falsa, y que hará que el grupo se vea en situaciones cuando menos inesperadas. Los niños han crecido, otros han nacido, los padres ya no tienen las mismas prioridades... Las separaciones, los accidentes de la vida... Una vez que todos han decidido afrontar las grandes mentiras, ¿qué va a quedar de la amistad?

ENTREVISTA CON GUILLAUME CANET

¿Cómo surgió la idea de dar continuidad a 'Pequeñas mentiras sin importancia'?
Durante mucho tiempo, esta idea me era absolutamente extraña porque guardaba un recuerdo doloroso de esta experiencia. Pequeñas mentiras sin importancia surgió de circunstancias particulares. Había estado mucho tiempo en el hospital debido a un estafilococo aureus además de septicemia. Estuve a punto de morir, pero ninguno de mis amigos se acercó a visitarme. Ese momento tan violento que viví y esa amarga constatación respecto de la amistad me empujaron a escribir Pequeñas mentiras sin importancia en seis semanas. Y ello explica esa emoción exacerbada que se me ha reprochado. Ciertos personajes de esta película reflejaban en parte el lado malo de mi persona y todo aquello que no me gusta de la naturaleza humana. El rodaje no fue en absoluto placentero. Y encima, el día de estreno se mata en moto uno de mis mejores amigos. A partir de ese momento, se detuvo todo. El éxito obtenido por el film se me antojó del todo anecdótico ante aquella tragedia. Durante años, dejé a un lado Pequeñas mentiras sin importancia. Hasta que una noche, años más tarde, me topé con la película por casualidad en el televisor. Me sorprendí riendo a mandíbula batiente, emocionándome, pasándomelo bien con el reencuentro de mis personajes, pero en aquel momento no tuve la idea de reencontrarlos en una nueva película.

¿Cuándo se produjo el chasquido?
Durante la promoción de Cosas de la edad, en un momento en el que constataba estar llegando a una edad en la que mi entorno y yo mismo ya no reaccionamos del mismo modo que hace diez años. A lo largo de estos años, hemos perdido algún pariente, hemos vuelto a casarnos, o hemos tenido hijos. Nuestras prioridades ya no son las mismas. Tenemos menos tiempo para hacer las cosas y por ello se habla con mayor franqueza. Así que me apetecía sumergir a los personajes de Pequeñas mentiras sin importancia en esas situaciones en que se saldan cuentas. «No porque hayamos sido amigos durante los últimos veinte años tenemos la obligación de seguir siéndolo». Y ver si, una vez dichas cuatro verdades, acabarán juntos o no. He aquí el motivo por el que la cinta comienza con este grupo numeroso y Max (François Cluzet), a quien ellos no han visto desde hace años y con quien deciden reencontrarse el día de su aniversario. Pero no podía ser en peor momento para él ya que atraviesa grandes dificultades tanto en lo profesional como en lo personal, habida cuenta de que se ha separado de Veìronique (Valeìrie Bonneton).

La tonalidad de 'Pequeñas mentiras para estar juntos' resulta aún más sombría que en pequeñas mentiras sin importancia...
La película es más cínica, porque los personajes se dicen las cosas a la cara en lugar de callárselas. Y la situación es efectivamente dura, pues muchos de ellos han perdido la ilusión. Sigo mostrando a personajes imperfectos, encerrados en sus problemas, pero también convencidos de que juntos, aun y con disensiones, acabarán por ser más fuertes y dejarán de sufrir, de que hay luz al final del camino, de esa negrura a que usted ha hecho referencia. Sencillamente, quería evitar adentrarme en lo patético como quizá sí hice en Pequeñas mentiras sin importancia. Porque he cambiado. Quería emoción palpable, pero sutil y tensa, nunca lacrimógena.

Tan sólo invirtió seis semanas en la escritura de 'Pequeñas mentiras sin importancia'. ¿Ha sido más largo el proceso para 'Pequeñas mentiras para estar juntos'?
Sí, porque ahora ha habido varias etapas. De entrada, había comenzado a escribir con Rodolphe Lauga. Me ayudó a alumbrar mi historia, el ping-pong con él me motivó e inspiró... Aportó un tipo de humor que me encanta y que da un tono sabroso a la película. Pero pasado el momento, tuve la necesidad de mirar a mis personajes solo, de reapropiarme del relato. Regresar a lo esencial de aquello que quería narrar. Efectué así un nuevo paso en el guión e hizo que los actores lo leyeran. Y... literalmente ¡me lo tiraron a la cara! No veían el interés de actuar en la secuela si me quedaba allí. Inútil decir que aquello me presionó: bastaba que uno de ellos se desmarcara para que aquella nueva aventura se fuera a pique. Pero visto en perspectiva, sus reacciones han sido muy beneficiosas: me han obligado a ir al final de las situaciones que había escrito. Volví al trabajo y un mes y medio antes del rodaje finalmente los vi entusiasmados... A pesar de todas esas vicisitudes, experimenté verdadero placer en encontrarme con esos personajes.

Entre ellos, nos encontramos con dos nuevos, comenzando por Alain, encarnado por Joseì García...
Bastante al principio de la escritura, decidí que Max iba a estar separado de Veìronique. En Pequeñas mentiras sin importancia, constituían la pareja perfecta y estable, los «parientes» de todos los otros personajes: él los acogía en la casa de ambos, y ella se ocupaba de todo lo demás. En consecuencia, su separación iba a generar lógicamente trastornos en el seno del grupo. Y entonces, creé este personaje de Alain, directo competidor de Max en el ámbito de la restauración. Un auténtico tiburón que querrá quedarse con todo lo suyo: su vino, su casa, su exmujer... Tal como lo veo, encarna el Max de hace nueve años. Combativo, seguro de sí mismo. Una apisonadora. Un tipo nervioso, su alter ego un tanto más joven.

¿Por qué ha elegido a Joseì García?
Primero pensé en Yvan Attal, tras disfrutar con él en Cosas de la edad. Aunque no pudo ser por cuestiones de agenda. Pero resulta que la víspera del día en el que Yvan me lo hizo saber, cené con José, con quien me lo pasé en grande, y entonces pensé que, dada su labia, humor y energía, estaría fenomenal en el papel. El azar hizo bien las cosas.

La segunda incorporación es Sabine, la nueva compañera de Max. ¿Cómo ha construido este personaje?
Quería una mujer muy dulce, muy amable, muy comprensiva con él, muy alejada de la vertiente bastante autoritaria de Veìronique. Una mujer que no ha tenido una vida muy emocionante hasta ahora y que ha tenido que afrontar la enfermedad particularmente. Ha conocido a Max, mayor que ella. Está muy enamorada de él y le tolera muchas cosas.

¿Qué le hizo elegir a Cleìmentine Baert para encarnarla? Aparece junto a usted en l’amour est une fête, de Ceìdric Anger.
No quería a una actriz conocida por el gran público con el objetivo de incrementar la diferencia con respecto al resto del grupo, cuyos rostros son todos identificables. Tenía una idea muy específica en lo referido al aspecto que debía tener. Pero hice algo bastante poco ortodoxo (risas). Tecleé «actrices francesas» en Google, y me dispuse a observar centenares de fotos para dar con la que se correspondiera con la imagen del personaje que tenía en mente. Hice una primera selección, y vi varias películas en las que las actrices en cuestión habían intervenido. Cleìmentine era una integrante de aquella selección. Y de repente me di cuenta de que ya me había parecido absolutamente formidable en la película de Ceìdric. Desde entonces, se hizo evidente proponerle el papel.

¿Ha sido particularmente complicado escribir ciertos personajes en esta continuación?
Ciertamente, para mí el más simple ha sido Antoine (Laurent Lafitte), dado que es éste el menos evolucionado, como por otro lado los otros no dejan de recordárselo (risas). Y contrariamente, sin duda ha sido la historia de Vincent (Benoît Magimel) con su nuevo compañero la que me ha llevado más tiempo. Primero de todo porque, de todos, Vincent resulta el personaje más alejado de mí: nunca me he enamorado, como él, de un amigo. Pero también, y sobre todo, porque no quería caer en ciertas simplezas: verlo enamorarse de nuevo de su mujer por ejemplo. Me he tomado mi tiempo para hallar lo que quería explicar a través de él: la idea de un heterosexual que le ha llevado tiempo comprender y asumir su homosexualidad sin que necesariamente ello se haya traducido en la plenitud que anhela. Un hombre que indudablemente se siente mejor con otro hombre que con una mujer, pero que una noche puede desear otra vez a su exmujer sin que por ello quiera volver con ella.

¿Cómo ha vivido este rodaje en comparación con el de pequeñas mentiras sin importancia?
Estaba con menos nervios. Sobre todo, menos triste, pues el rodaje de Pequeñas mentiras sin importancia me sumió en un malestar duro de sobrellevar diariamente. Recuerdo una noche en la que mi director de fotografía, Christophe Offenstein, me sorprendió solo en el salón en pleno llanto. En cuanto a 'Pequeñas mentiras para estar juntos', he tenido mayor distancia con respecto a la historia que narro, y sobre todo tengo más experiencia en la manera de gestionar las tensiones y los excesos inherentes a una película coral. Me lo tomé con más calma.

Su relación con los actores en el plató debe haber sido diferente en consecuencia.
En 'Pequeñas mentiras sin importancia' se mostraban absolutamente despreocupados, contagiados del pleno estío. En suma, estaban lejos de la disciplina indispensable en la confección de un film coral en el que es preciso un despiece ultrapreciso para permitir que todo el mundo exista. Así que me enojé con ellos varias veces. No ha sido el caso con Pequeñas mentiras para estar juntos. Han pasado nueve años, todos están más maduros y son más profesionales, su concentración se evidencia mucho más intensa.

¿Cómo ha creado la atmósfera visual de la película con su director de fotografía Christophe Offenstein?
Quise rodar fuera de temporada para cambiar de ambiente y de luz por comparación con Pequeñas mentiras sin importancia, que tenía lugar en plenas vacaciones de verano. He ahí el motivo por el que se decidió comenzar el relato un día en que acaba de llover, la terraza de la casa cubierta de ramas rotas... De acuerdo con esta tesitura, hemos forzado regularmente el rasgo sobre la densidad y la oscuridad a lo largo de toda la película, sin que la luz desaparezca totalmente. Ello suministra el color climático en el que los personajes van a evolucionar. Y dado que Christophe y yo conocemos muy bien la región del Cabo Ferret, tenemos referencias comunes de luz según la hora del día. Luego, por lo que se refiere a los encuadres propiamente, suelo privilegiar las focales largas pues me encanta la profundidad de campo, la posibilidad de disponer de personajes borrosos, en escorzo para crear esa proximidad y esa complicidad entre los actores y con los espectadores.

Como en todas sus películas, la música tiene un papel esencial. ¿Cuál es el color que deseaba dar a la de 'Pequeñas mentiras para estar juntos'?
Para mí, las canciones constituyen una fuente de inspiración en el momento de la escritura. Así, antes incluso del rodaje, ya sé cual va a ser la lista de temas del film. Después, en el plató, hago que se escuchen durante las escenas en cuestión. En Pequeñas mentiras para estar juntos reencontramos aquel tono soul que señoreaba en Pequeñas mentiras sin importancia. No es por casualidad que escuchamos, por ejemplo, Nina Simone, cuya versión de MY WAY acompañaba el final del anterior film. Había esa voluntad de situarme en la continuidad del universo musical de la primera parte.

¿Se ha reescrito mucho durante el montaje?
Sí, y nuevamente esta etapa fue todo menos evidente. La película es más corta que 'Pequeñas mentiras sin importancia'. He rodado mucho menos y dejado menos espacio a la improvisación que en el anterior film. Sin embargo, he tenido que cortar muchas escenas que adoraba. La gran dificultad estriba en dar con el buen equilibrio entre las diferentes historias y en asegurarme de que cada personaje vive y existe, con todo y que en ocasiones sea tentador desarrollar unos más que otros.

¿Ya tiene deseos de encontrarse con todos ellos dentro de diez años?
De momento, no, porque no tengo nada más que contar. Pero hace diez años no me imaginaba tampoco reencontrármelos, por lo que no digas jamás nunca jamás. Pues es muy posible que a los cincuenta y cinco años me diga: ¿y por qué no? Aunque todo depende también de la acogida que el público depare a Pequeñas mentiras para estar juntos.

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