Ya hemos dicho que cuando uno se juega cuarenta millones de ingresos por derechos de televisión, expone algo más de lo que el Mallorca puso sobre la mesa en el pasado mercado de invierno. Y debemos insistir en ello porque, aunque no siempre se da una relación proporcional entre el coste de un jugador y su rendimiento, el esfuerzo económico de un club tiene mucho que ver en la confección de su plantilla.
Maheta Molango ha dicho que esta semana presentarán a dos o tres jugadores, cuyos nombres no ha facilitado. De momento y que se sepa ha renovado a Cabrero, se supone que como portero suplente, y han trascendido los nombres de dos defensas centrales: Raíllo, cedido por el Espanyol y Jon Ansotegui, en poder de su carta de libertad. El primero tiene 24 años, fué remitido a Ponferrada el pasado mes de enero, donde jugó dieciséis de los veintiún partidos de la segunda vuelta sin poder evitar el descenso de su equipo ni tampoco que vuelva a entrar en el cupo de futbolistas con los que no va a contar Quique Sánchez Flores. El donostiarra, con 34 tacos a sus espaldas, obtuvo la baja de la Real Sociedad, con la que no disputó un solo minuto en la temporada precedente, y fichó por el Eibar, también en invierno, con el que intervino en sólo ocho partidos. No son, en principio, ni nombres ni hombres para epatar, aunque no cabe perder de vista que al menos uno de ellos pasa por el centro de operaciones habitual: la oficina de Juan Mata, el papá del futbolista del Manchester.
De momento los veinte millones de Robert Sarver no se dejan ver. Haberlos, haylos. Por la manera en que se inviertan podremos deducir hacia dónde apunta el proyecto. Por ahora, un entrenador barato, la renovación de un guardameta modesto y dos incorporaciones de bajo coste. Poca chicha, poca.






