Entonces se exigía transparencia, tanta que las reuniones del consejo de administración del Mallorca se celebraban con algún teléfono móvil abierto “por descuido” sobre la mesa. Luego aparecían toda clase de documentos y se habían filtrado hasta frases íntegras después de que alguno de los presentes tuviera un apretón que le obligaba a ir al cuarto de baño con urgencia.
De los autores de aquella película inimaginable ahora ha llegado “yo no pregunto cuál es el presupuesto de Coca Cola”, que sitúa al club en la lista de quienes, sin saber por qué, ocultan las previsiones de ingresos y gastos a su propia afición. De aquella claridad impuesta a golpe de filtración, hemos pasado a la más absoluta opacidad que, curiosamente, parece que nadie está interesado en investigar.
La curiosa respuesta es de Utz Claassen, cómo no, pero Robert Sarver tampoco ha contestado la pregunta, ni Maheta Molango se ha permitido aclararla. El consejero delegado del Mallorca se limita a utilizar argumentos políticamente correctos, pero no ha profundizado en ninguno de los problemas de fondo que han desembocado en la penosa situación actual. Una parte del mallorquinismo, indiferente y la otra celebrando el aterrizaje del americano o, para ser más exactos y no nos engañemos, de su dinero. ¡Menuda imagen!.
Precisamente por eso, esa segunda mitad interesada de la afición debería ser más exigente a la hora de conocer cómo y en qué plazos se va distribuir su inversión. Por ejemplo los gastos de demolición y futuro del Lluis Sitjar. Uno de tantos asuntos sobre los que se pasa de puntillas y para el que el primer ejecutivo remite directamente a la asesoría jurídica. Obviamente porque ni sabe de qué va, ni le interesa. Pero a los copropietarios sí. Nos quedamos con la sensación de que este hombre, muy activo en las redes sociales, tiene el terreno muy delimitado y su circunscripción termina donde empieza la autoridad del presidente o el nombre de Nadal.







