El aborto es una injusticia contra el no nacido. Así piensan muchos que, incluso cuando hacen un aborto, lo hacen contra su conciencia. Es el caso de la mayoría de los médicos donde el aborto no está permitido. Pero una vez legalizado, muchos de estos mismo piensan al revés, lo que se nota más en las nuevas generaciones de médicos. Para ellos ya el aborto no es una injusticia contra el feto, y creen , al contrario, que el no hacerlo es una injusticia contra la madre.
No lo digo yo, lo dicen Juan Jiménez Vargas y Guillermo López García en ¿A qué se llama aborto?
Lo anunciaba mallorcadiario.com este fin de semana: “El Gobierno planea llevar la Ley Orgánica de Protección de los Derechos del Concebido y de la Mujer Embarazada al Consejo de Ministros el viernes 27 de junio, con el objetivo de que inicie su tramitación parlamentaria en el Congreso durante el mes de julio”.
Con la tristeza de tener entre los primeros recuerdos de infancia a un médico diciendo a unos padres que la vida de su hijo de dos meses había llegado al fin a causa de sus carencias de nacimiento, me cuesta digerir que exista quienes pretendan obligar a una madre a parir un bebé que no tiene esperanzas de vida, obligar a ver como la carne de tu carne muere un poco cada día sin poder hacer nada, ver como, ya por lo que te queda de vida, no pasará ni una jornada sin que te salte el luctuoso recuerdo de aquel hijo por el que tanto se luchó infructuosamente...
Soy incapaz de predecir si, al encontrarme ante la tesitura de gestar un feto con graves malformaciones, optaría por el aborto o por continuar la gestación, lo que sí sé es que me remordería la conciencia de ver que por mi causa miles de padres y madres tienen su vida destrozada sin remedio. Tienen su vida destrozada porque la enfermedad o malformación de su hijo no tiene solución, porque de por vida estarán atados a una cama, porque tienen que luchar por sobrevivir en una sociedad que, a pesar de sus esfuerzos, no está preparada para que la gente con discapacidad viva plenamente. Al menos, se ha anunciado que el Gobierno introducirá en el proyecto de Ley la posibilidad de aborto por malformaciones graves.
Y por lo que se refiere a los embarazos no deseados, hoy en día quedan pocas excusas válidas. Sin embargo, lo que me llama la atención, es que muchas personas que se declaran provida (y por tanto, antiaborto) a la vez también son contrarias al uso del preservativo, una posición que no hace más que revelar un trasfondo sectario.
No he encontrado a ninguna mujer que haya abortado que lo relate con la alegría de quien va al cine a ver una buena película. No me cabe duda que parar una gestación es una de las decisiones más duras para una mujer. Y si alguien se toma un hecho de tal calibre a la ligera, bien hace en interrumpir su embarazo, porque ningún ser merece tener un progenitor así.
El Derecho, sobretodo el Civil, ofrece una gran protección jurídica al feto que va a nacer -el nasciturus- y por ello le confiere una serie de prerrogativas. Me parece genial que, justificándose en la lógica jurídica, se dote al embrión de amparo, lo que no me parece tan de recibo es que se haga en base a argumentos morales integristas y totalitarios.
Corolario: Las que dan su beneplácito a que se utilicen sus niños para la guerra… esas sí que son malas madres.





