Baleares lidera el ranking nacional de disoluciones matrimoniales con una tasa de 207,7 demandas por cada 100.000 habitantes. Es, al mismo tiempo, uno de los territorios donde más se ha frenado el número total de rupturas en las últimas dos décadas. Esta paradoja —ser el territorio con más divorcios por cápita y a la vez haber reducido el número total de rupturas casi a la mitad en veinte años— preside el diagnóstico que llevan los abogados especializados de la SCAF (Societat Catalana d'Advocats de Família) y la AEAFA (Asociación Española de Abogados de Familia) a sus próximas jornadas conjuntas durante esta semana en el Colegio de Abogados de Baleares.
Unas jornadas en las que no se plantea un solo tema como el problema que lleva a numerosas familias a esta situación. La vivienda, la situación económica personal o la demora judicial son algunos de los síntomas que los expertos señalan y a los que tratan de ofrecer luz en la oscuridad legislativa actual.
DIVORCIARSE, UN LUJO QUE NO TODOS PUEDEN PERMITIRSE
"Los precios de las viviendas están absolutamente disparados, tanto en alquiler como en propiedad. Los bancos cada vez son más reacios a conceder préstamos hipotecarios", explica Sara Quetglas, abogada de familia y miembro de la SCAF. "El que se divorcia se empobrece. Y partimos de que un divorcio implica necesariamente dos viviendas."
La consecuencia directa de este inalcanzable acceso a la vivienda es que hay parejas que acuden al despacho, conocen la implicación económica y desisten. "Hay mucha gente que se da cuenta de que no se puede permitir el separarse", admite Quetglas, que describe situaciones hasta hace poco impensables. "Tengo clientes que son médicos y están compartiendo pisos. Tres divorciados comparten un piso porque les sale más a cuenta."
El abogado Carlos Roig, conocido por haber conseguido una de las escasas sentencias de casa nido dictadas en España, pone cifras al escenario balear: "Un alquiler de 800 o 700 euros era lo normal hace unos años. De repente ahora el mismo alquiler cuesta 1.400. Y 1.400 es el barato."
La situación está generando soluciones que los propios abogados califican de "chapuceras" pero inevitables. Permutas, adjudicaciones en pago que tributan cantidades elevadas, acuerdos por los que uno de los cónyuges asume toda la hipoteca sin derecho a reclamar después la diferencia. "Se buscan soluciones que hace diez años eran impensables", dice Quetglas.

LA CASA NIDO: EL SUPREMO DICE NO, PERO LA REALIDAD EMPUJA
En este contexto, la figura de la casa nido —ese modelo de custodia en el que los hijos permanecen en el domicilio familiar y son los progenitores quienes alternan su presencia— resurge como posible salida a la ecuación imposible de dos viviendas con un sueldo de mileurista.
Carlos Roig tiene una posición matizada pero clara: "El Supremo dice que ni hablar del peluquín, porque se obliga a tener tres viviendas." Sin embargo, reconoce que los juzgados van a tener que reflexionar. "La situación de vivienda actual nos empuja inevitablemente a ese futuro. Hasta ahora no había problemas porque a lo mejor la hipoteca era pequeña y yo podía alquilarme algo. Pero así como está el tema, creo que la casa nido es algo en lo que los jueces tendrán que hacer una reflexión."
La sentencia que él mismo consiguió en Ibiza fue posible, en parte, porque la situación habitacional en la isla es extrema: "Te puedes imaginar en Ibiza que la gente vive en tiendas de campaña y en caravanas. La verdad es que el panorama es muy oscuro."
Sara Quetglas, por su parte, señala que ya ve en la práctica versiones temporalizadas de la fórmula: "Puedes establecer una casa nido por tres meses, poner la vivienda a la venta y mientras tanto hacer que la vivienda familiar se atribuya a los menores, entrando y saliendo de forma alterna." Una solución de transición, no definitiva, pero cada vez más frecuente ante la imposibilidad de adquirir dos viviendas simultáneamente.








