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¡Prohibido criticar al Poder Judicial!

viernes 16 de octubre de 2020, 03:00h
“A veces uno sabe de qué lado estar, simplemente viendo quiénes están del otro lado” ( Leonard Cohen ).

A pesar que la crítica al poder, sea este el legislativo, el ejecutivo o el judicial, no solo es buena para la democracia, sino que es imprescindible y vital.

A pesar que la necesaria, indispensable y crucial crítica frente al poder es un elemento vital para cualquier democracia.

A pesar que si son acallados los que no opinan como cualquiera de los poderes públicos, se tambalea todo el sistema de libertades y derechos y crecen los posibles abusos, existe un clima enrarecido contra los que no opinan como el Poder Judicial y lo critican. Y esto que es el único de los tres poderes no elegido por el voto popular.

A pesar que el sondeo del año 2019 de la Unión Europea (UE) realizado entre ciudadanos españoles, que pasó revista a la situación de la Justicia en España reveló que más de la mitad de los españoles (55%) valoraba negativamente la independencia de los jueces y tribunales en España (entre el 37% que la cree "mala" y el 18% que la califica de "muy mala").

A pesar que para el 84% de los propios jueces españoles ascender en su carrera profesional es cuestión de amiguismo.

A pesar que el régimen de ascensos y promociones es motivo frecuente de queja entre jueces de base que aseguran que poner sentencias y hacer el trabajo bien no es suficiente para ascender y mejorar en la carrera; que quien no tiene contactos y se mueve políticamente no tiene acceso a ciertos cargos. Una cifra auténticamente récord en Europa, donde la media de jueces que creen que “ni el mérito ni la capacidad tienen que ver con la promoción profesional” en sus respectivos países se sitúa en torno al 30%. O sea, que en España prácticamente se triplica el dato global europeo.

A pesar que estos preocupantes datos provienen de la última encuesta de la Red Europea de Consejos del Poder Judicial. En este dudoso podio de honor, España está seguida por Serbia (con un 53%) y por Lituania y Eslovaquia (con menos de un 50%). En el extremo contrario, Dinamarca aparece con un envidiable 1%.

A pesar del criterio del magistrado emérito del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín que ha asegurado que “la justicia española se está situando a los niveles de Ruanda o Burundi”.

A pesar de los juzgados que funcionan con una escandalosa falta de puntualidad; en los que se hace uso de resoluciones impresas (ahora mal disimuladas con auxilio de la informática); en los que no se respetan los plazos, aunque se exija de los demás un riguroso respeto de los que les conciernen; en los que la calidad y la cantidad del trabajo está por debajo de lo exigible.

A pesar que hay incumplimientos llamativos, bien conocidos, desde luego, por quienes los padecen (de ahí su valoración negativa); pero también por quienes mantienen algún tipo de relación profesional con los responsables (abogados y procuradores); incumplimientos que, sin embargo y no obstante su trascendencia, se producen sin consecuencias para aquéllos.

A pesar de todo lo cual, de un tiempo a esta parte, el poder judicial, ha encontrado unos defensores a ultranza por parte de los amigos del actual poder judicial, la derechona casposa y la ultraderecha recalcitrante, que en lugar de contraargumentar o defenderse con argumentos, se dedican a atacar a las personas que formulan esa critica utilizando como arma principal el insulto personal tratando de destruir la imagen, la autoridad y la ética de quien critica .

A pesar de todo lo dicho, y más, las críticas al Poder Judicial, órgano político de los jueces y magistrados, y a las resoluciones judiciales son sanas, absolutamente válidas e, incluso, necesarias. Es el ejercicio de la libertad de expresión, básico en un estado de derecho, en una democracia real como es la española.¿Capisci?
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