Ayer tuvo lugar en Palma un horrendo accidente de tráfico. Horrendo porque es de esos accidentes que suceden con enorme frecuencia y que nunca provocan desgracias mayores pero que ayer, por una de esas increíbles coincidencias, causó la muerte de una niña de poca edad. Un horror de suceso, una desgracia en la que todos sufren y que sólo cabe lamentar. Pero en algún medio de comunicación, alguno de los que intervinieron emitieron opiniones que más bien parecían rebuznos. Uno afirmó que había que aplicar la pena de muerte al conductor, como si este tipo de suceso no nos pudiera ocurrir a cualquiera. Yo pienso que ayer vivieron una tragedia los padres de la niña, por supuesto, pero también los dos conductores afectados, incluso el que al parecer tenía algo de alcohol. Imagino que todos están destrozados porque aquello nunca debió acabar como acabó. Ustedes verán: creo que comentarios como el que he señalado, mucho más frecuentes de lo que sería deseable, deberían ser eliminados en el periódico en cuestión, porque me parecen altamente hirientes para quienes están sufriendo. Hay casos en los que la imbecilidad debería estar prohibida.





