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Puertas giratorias, una larga lista sin ética ni estética

miércoles 06 de octubre de 2021, 00:00h

La designación del socialista Antonio Miguel Carmona como nuevo vicepresidente de Iberdrola constituye un nuevo caso de puertas giratorias entre la politica y las grandes corporaciones que ha desatado todo tipo de críticas. El de Carmona es un caso más de los muchos que se producen y al que, sin ir más lejos, se ha sumado esta misma semana el fichaje del ex jefe de gabinete de Presidencia Iván Redondo -quien decidía cuándo y a qué medios filtrar determinadas informaciones-, como nuevo consejero en La Vanguardia.

El caso de Carmona, con una larga trayectoria en el Partido Socialista, ha provocado criticas en los propios partidos que forman la coalición que gobierna el país; más agresivas en el caso de Podemos y más defensivas en el del PSOE, pero ambos conscientes, probablemente, del impacto negativo que tiene este fichaje ante una opinión pública excesivamente sacudida por la crisis y la disparatada subida del precio de la luz.

Sus críticas, sin embargo, suenan excesivamente postizas y poco convincentes. Las puertas giratorias llevan muchos años en marcha y nada hace pensar que vayan a acabar por muy antiestéticas y sospechosas que resulten. Que responsables públicos en el final de su trayectoria política pasen a ejercer puestos en los consejos de compañías eléctricas, constructoras, bancos, empresas de telecomunicaciones o medios de comunicación... es un fenómeno habitual.

Este retiro dorado ha sido empleado, sobre todo, por PSOE y PP, partidos hegemónicos durante más de 30 años. Por las puertas giratorias han pasado presidentes, ministros, secretarios de estado, directores generales y hasta algún jefe del estado mayor. Nombres como Felipe González, José María Aznar, Leopoldo Calvo Sotelo, Luis de guindos, Elena Salgado, Luis Atienza, Angel Acebes, Miguel Boyer, Narcís Serra, Nicolás Redondo, Pablo Solbes, Javier Solana, Abel Matutes, Virgilio Zapatero, Josep Borrell, Rodrigo Rato, Jordi Sevilla... son algunos de los que traspasaron el umbral que les llevó a ocupar puestos en Iberdrola, Enagás, Endesa, Abeonga, FCC, Bankia, Caixa de Barcelona, Santander, Acciona, Red Eléctrica, Gas Natural, Enel, Telefónica... La lista de políticos es inmensa y la de empresas cubre el Ibex casi al completo.

Como fenómeno transversal, las puertas giratorias alcanzan también a otros partidos fuertes en sus territorios como CiU, PNV, Iniciativa o ERC, según las épocas. Todos ellos suman a los anteriores nombres como los de Miquel Roca, Atutxa, Coscubiela, Hortalá, David Madí... Y nada hace prever que, con la aparición de nuevas formaciones políticas, el fenómeno no siga su expansión, por mucho que los códigos éticos de todos marquen sus propias líneas rojas.

Aquí en Baleares, tras su salida de la política y antes del infierno judicial que le llevó a la cárcel, Jaume Matas recaló en Barceló y en Pricewaterhouse. Y hasta el activista Jaume Sastre estuvo a un paso de entrar en el consejo de administración de Sa Nostra, en un movimiento que nadie entendió.

Más allá de la falta de estética, la ética de este tipo de movimientos despierta demasiadas sospechas. Muchos ciudadanos tienen la impresión de que las compañías pagan favores o compran contactos a personas que sin haber pasado por el cargo político nunca -ni por formación ni por conocimientos- habrían sido fichados para tal fin. Y el argumento de que son personajes públicos con una reputación que ayuda a divulgar determinados mensajes tampoco cuela.

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